lunes, julio 15, 2019

1331 - La Redención.

Sir Helder Amos | lunes, julio 15, 2019 |
- Para redimirte, por haberlo dejado escapar -expresó calmadamente el jefe, botando el humo de su tabaco mientras hablaba-, tendrás que matar a su hija.
- Muy bien, jefe, así será.
- Usando esto -añadió, lanzándole una escopeta con la mano que tenía libre.
- Sí, jefe, como usted diga.
- Y tendrás que hacer que parezca un suicidio.
- ¿Qué? ¡Jefe, eso es imposible! ¿Cómo una niña de 3 años puede suicidarse con una escopeta?
- No lo sé, pero estoy seguro de que encontrarás la manera... A no ser que quieras fallarme de nuevo.
- No, no, jefe. Jamás. Lo haré. Lo haré, como usted desee.
- Así me gusta, -aprobó el jefe, inhalando de su tabaco-. Y espero que esto te sirva de lección, porque la próxima vez no seré tan condescendiente, y el más mínimo error podría costarte la vida -añadió, sonriendo macabramente.

Esa noche no pudo dormir, pensando un plan para llevar a cabo su redención, pero después de horas y horas de darle vuelta al asunto, entendió que todo era farsa. No tenía oportunidad de redimirse ante el jefe. Así que en un intento desesperado para redimirse, llamó a la policia y les contó todo lo que sabía.

Amaneció muerto, pero con una peculiar sonrisa en su pálido y frío rostro que no había sonreído en años.
Fin.

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viernes, julio 12, 2019

1330 - El Pasatiempo o la Vocación.

Sir Helder Amos | viernes, julio 12, 2019 |
No necesitaba nanotecnología para escribir microcuentos, porque llevaba la literatura en su sangre. Sin embargo, su filosofía de solo escribir para sí mismo hizo que, a pesar de sus dotes para ser un gran escritor, terminara dando charlas de neurología barata para subsistir aunque no le gustara. 

Fin.

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miércoles, julio 10, 2019

1329 - El Terror de los 30s.

Sir Helder Amos | miércoles, julio 10, 2019 |
Un pánico siniestro se apoderó de ella al verse esa mañana frente al espejo.

“Esa no soy yo” se dijo, al ver su reflejo. Negó con la cabeza, se sacudió y rascándose los ojos, se pellizcó el brazo una y otra vez para despertar de esa horrible pesadilla.


Pero al sentir el dolor en su brazo, descubrió que sí era ella y que eso que veía en su frente era una arruga.

- 😱😱😱 ¡NOOOOOOO! 😱😱😱

Fin.

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viernes, julio 05, 2019

1328 - Las Galletas del Rey.

Sir Helder Amos | viernes, julio 05, 2019 |
Había una vez un Rey déspota y despiadado que trataba muy mal a todos su pueblo y sirvientes, a excepción de su cocinero. Al cuál siempre le daba generosos regalos y alababa las deliciosas comidas que este le preparaba. Por eso, el cocinero no tenía amigos en el palacio, porque todos le tenían envidia por ser el preferido del Rey.

Un día, el Rey leyó en un libro sobre un misterioso y delicioso postre al que le llamaban “Galleta” y le pidió a su cocinero que le preparara algunas.

Sin embargo, en ese reino las galletas no existían y el cocinero no sabía como hacerlas. Y cuando le dijo esto al Rey, sintió mucho miedo de que el monarca lo mandara a decapitar.

Pero como el cocinero era el favorito del Rey, este solo dijo que hiciera su mejor intento y que lo intentara todos los días hasta que hiciera unas deliciosas galletas como aparecían en el libro que había leído.

El cocinero, muy agradecido con el Rey, aprovechó esta oportunidad y, tras rebuscar en los más antiguos libros de la biblioteca real la receta para hacer galletas, finalmente la encontró y empezó sus pruebas pero, a pesar de que había encontrado la receta perfecta, añadió un ingrediente adicional con la esperanza de ayudar a los otros sirvientes. Quienes eran maltratados todos los días por el Rey.

El Rey, a quien le gustaba tener el control de todo en el palacio, le ordenó que le diera a probar todos sus intentos para ser él quien decidiera cual sería la galleta que más le gustará.

El primer día, el Rey no pudo morder las galletas por lo duras que habían quedado.

El segundo, el Rey casí vomitó por su amargo sabor.

El tercero, el Rey no pudo probar las galletas porque se le desasían en las manos cuando las agarraba.

Y de esta manera, el cocinero siguió intentando hacer las galletas del Rey, cambiando las medidas y los ingredientes todos los días para encontrar la fórmula perfecta.

Hasta que un día, después de varias semanas y cientos de galletas perdidas, el Rey probó las galletas y quedó fascinado.

- ¡Están deliciosas! -bramó entusiasmado-. ¡No quiero que nadie más toque mis galletas! ¡Me las voy a comer todas yo solo! -le ordenó a sus sirvientes.

Sin embargo, cuando el Rey se fue a dormir, todos los sirvientes aprovecharon la oportunidad y se colaron en la cocina para llevar a cabo un plan macabro que habían maquinado.

- ¡En verdad están deliciosas! -decían los sirvientes al comer las galletas-. ¡No dejemos ninguna y luego digámosle al Rey que fue el cocinero quien se las comió! Así lo mandará a decapitar y no tendrá más favoritos entre nosotros.

Pero esa noche todos en el palacio, a excepción del cocinero, murieron. Porque desde el primer día, el cocinero había añadido veneno a las galletas para librar al pueblo y a los sirvientes del malvado Rey.

Al día siguiente, cuando el cocinero vio que las galletas habían desaparecido y que todos los sirvientes también habían muerto, ignorante del odio y envidia que ellos sentían por él, se sintió tan culpable por haberlos envenenado que lloró desconsoladamente por aquellos que quería salvar y, para redimirse, se comió la última galleta que consiguió debajo de un estante y se fue a dormir.

Pero esa galleta era una de sus primeros intentos, las cuales no tenían tanto veneno, así que cuando el cocinero despertó, se encontró rodeado de toda la gente del pueblo, quienes lo interrogaron y le pidieron explicaciones de lo que había pasado. Y cuando el cocinero confesó, todos lo vitorearon y decidieron nombrarlo Rey a él por haber sido quien los había librado del antiguo y malvado monarca.

Desde entonces, el cocinero se convirtió en Rey y lideró a su pueblo con justicia, rectitud y humildad.  Porque a pesar de haberse convertido en el Monarca, él preparaba su propia comida y nunca ordenaba a ningún sirviente que hiciera cosas por él. Ni agua les pedía.

Fin.

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lunes, julio 01, 2019

1327 - El Dinosaurio Asesino.

Sir Helder Amos | lunes, julio 01, 2019 |
Cuando salimos del cine, después de ver Parque Jurásico, mi hijo, dando brinquitos de emoción, me dijo:

- ¡Papá, yo quiero un dinosaurio asesino!
- ¿Un dinosaurio asesino? -repetí, consternado por la petición de mi hijo.
- ¡Sí! Un Tiranosaurio Rex, o un Velociraptor -exclamó mi pequeño-. ¡Con muchos dientes y garras afiladas!
- Pero hijo, esos dinosaurios son muy peligrosos, -le dije-. ¿No te gustaría mejor un Estegosaurio o un gigantesco Brontosaurio?
- No papá, esos dinosaurios son aburridos. Yo quiero uno feróz y asesino.
- ¿Y no te preocupa que te haga daño o que nos mate a todos? -le pregunté.
- No, porque lo cuidaría con mucho amor y cariño -sentenció mi pequeño, muy seguro de lo que decía.
- Está muy bien eso que dices hijo, pero a veces el amor y el cariño no son suficientes para donar a un animal salvaje.
- ¡Sí lo son! -protestó mi pequeño-. Y tengo pruebas de eso.
- ¿Ah, sí? ¿Cuáles son tus pruebas? -le pregunté.
- Pues, ¡tú!, ¡Papá! Mi mamá te domó con su amor y cariño -expuso mi hijo-. O ¿crees que yo no sé qué tú, antes de conocer a mamá, eras un asesino a sueldo?
- ¡Shhh! 🤫🤫 ¡Shhh! ¿Cómo lo...? -traté de callarlo, palideciendo y arrodillándome en frente de él para taparle la boca y no siguiera hablando-. ¡No digas esas cosas en voz alta! Y nunca repitas eso en público.
- Lo siento, papá -balbuceó.
- Muy bien -dije, soltándolo y sientiendome un poco aliviado-. Ahora, volviendo a tu dinosaurio asesino, creo que se me ha ocurrido una idea.

Esa misma tarde, mi hijo seleccionó la imagen de un feroz tiranosaurio Rex que me tatué en la espalda y que, además de recordarme mi pasado oscuro y el amor incondicional de mi familia que me cambió la vida, me convirtió en el papá más cool del universo.

Fin.

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jueves, junio 27, 2019

1326 - Las Hadas de la Abuela.

Sir Helder Amos | jueves, junio 27, 2019 |
Había una vez, una niña llamada Ana que le encantaba visitar a su Abuela Ana, porque está siempre le contaba fantásticas historias sobre hadas.

- Las hadas son reales, Ana, recuérdalo, a pesar de que no siempre podamos verlas, a veces podemos sentirlas y, si creemos en ellas, nos ayudan y nos protegen -solía decirle la Abuela Ana a la pequeña.

Pero a Ana, la mamá de la pequeña Ana, no le gustaba que su madre le contara ese tipo de historias a su hija. Porque ella era una mujer muy intelectual y lógica.

- No creas todas las historias que te cuenta tu abuela -le decía a su hija, siempre que regresaban a casa  después de visitar a la Abuela Ana-. Las hadas no existen. Solo son una fantasía.

Sin embargo, a pesar de las advertencias de su madre, la pequeña Ana creía fervientemente en las hadas gracias a las historias que su abuela le contaba y, con el pasar del tiempo, la pequeña Ana se aprendió todas las historias de su abuela.

En una noche cálida y tranquila, la pequeña Ana tuvo un sueño muy peculiar, en el que estaba visitando a la Abuela Ana, escuchando sus historias de hadas, cuando de pronto una pequeña y hermosa hada se coló por la ventana y les dijo:

- Abuela Ana, porque siempre has creído en nosotras, queremos invitarte al país de las hadas, ¿te gustaría venir a nuestro mundo?
- ¡Sí! -respondió la Abuela, muy emocionada.
- ¡Yo también quiero ir! -protestó la pequeña Ana.

Pero el Hada le dijo que ella era muy joven y que para ganarse el derecho a visitar el Pais de las Hadas, tenía que creer en ellas por toda su vida. Así que la invitación era solamente para la Abuela Ana.

Al principio, la Abuela Ana se negó a ir sin su nieta, pero la pequeña Ana terminó de convencerla al pedirle que aceptara la invitación de las hadas, para que cuando regresara le contara todas las historias y aventuras que ella viviría en el Pais de las Hadas.

Así que para complacer a la pequeña, la Abuela Ana aceptó ir al País de las Hadas.

- ¡Muy bien! -celebró el hada-. Por favor, abre la ventana, para que mis amigas vengan por tí y nos vayamos ahora mismo.

La pequeña Ana fue la que abrió la ventana y pegó un grito de emoción y asombró al ver que cientos de hadas entraron por la ventana y entre todas cargaron a la Abuela Ana y se la llevaron volando por la ventana, mientras su nieta la despedía moviendo su mano, encaramada en el alféizar.

La Pequeña Ana despertó muy alegre y con una gran sonrisa al día siguiente de su sueño. Pero cuando bajó a desayunar, se encontró a su mamá llorando.

- ¿Qué te pasa mamá? ¿Por qué lloras?
- ¡Ay! Mi querida Anita, no sé cómo decirte esto, -le dijo su mamá entre sollozos-. Anoche… Anoche perdimos a la Abuela Ana… Falleció.
- ¿Cómo? -preguntó la niña perpleja.
- Lo siento mucho, querida, -le dijo su madre, abrazándola-. Yo sé cuanto amabas tú a la Abuela Ana.
- No, mamá, estás equivocada -exclamó la pequeña-. La Abuela Ana se fue con las Hadas. ¡Yo la ví volar desde su ventana!

Y su madre, devastada por el dolor, no pudo contradecirla y prefirió que la pequeña creyera que su querida Abuela se había ido con las hadas.

Sin embargo, poco tiempo después de la muerte de la Abuela Ana, su madre le prohibió a la pequeña Ana hablar de las hadas y mucho menos creer en ellas. Pero, todas las noches, antes de dormir, la niña recordaba las historias que su abuela le contaba y el sueño que había tenido.

“Si quiero que las hadas me inviten a su país tengo que creer siempre en ellas” se decía la pequeña antes antes de caer profundamente dormida.

Con esta creencia siempre presente en su mente y en su corazón el tiempo pasó y la pequeña Ana se convirtió en una mujer, tuvo una hija a la que llamó Ana, a la cual nunca le gustaba visitar a su abuela. Porque ella no creía en las hadas y siempre la regañaba y peleaba cada vez que le pedía a su mamá que le contara alguna historia sobre las hadas.

El tiempo siguío pasando, y la pequeña, ya mujer, Ana, perdió a su mamá y, años después, recibió la noticia de que su hija Ana la convertiría en Abuela. Y así una nueva Ana llegó a la familia.

Al igual que lo hacía la antigua Abuela Ana, la nueva Abuela Ana le contaba todas las historias que había aprendido de antecesora a su nieta, porque ella nunca había dejado de creer en las hadas.

Una noche, mientras le contaba historias sobre hadas a su nieta, una hada se coló a la habitación y la nueva Abuela Ana la reconoció enseguida, porque era la misma hada que había visto en sus sueños hace mucho tiempo.

- ¿Vienes por mí, verdad? -le preguntó la Abuela Ana al Hada, muy emocionada-. ¿Llegó mi tiempo para visitar el País de las Hadas?
- Sí, -asintió el Hada-. Sí quieres venir, abre la ventana para que mis amigas vengan por tí y partamos ahora mismo.
- ¡Yo también quiero ir! -protestó la nueva pequeña Ana.
- Eres muy joven para visitar el país de las hadas, querida, ¿recuerdas la historia que te conté sobre la primera vez que ví un hada? -le preguntó su abuela.
- Sí.
- Bueno, entonces recuerda lo que tienes que hacer de ahora en adelante si algún día quieres visitar el País de las Hadas.
- Creer en ellas por toda mi vida -respondió la pequeña sonriendo.
- Muy bien, querida, ahora, por favor, abre la ventana.

Al igual que en su sueño hace muchos, muchos años, cientos de hadas entraron volando por la ventana, cargaron a la nueva Abuela Ana y se la llevaron volando por los cielos, mientras su nieta la despedía con su mano encaramada en el alféizar.

El viaje por el cielo fue espléndido, el viento le acariciaba el arrugado rostro y hacía que canas de la Abuela Ana bailaran en el aire. Pero a su parecer, todo pasó muy rápido, porque en un abrir y cerrar de ojos, se encontró en un hermoso jardín lleno de flores y árboles gigantes, con cientos de hadas volando por todas partes.

- ¡Ana! ¡Querida Ana! ¿Eres tú? -escuchó una voz que la llamaba.

Y cuando la nueva Abuela Ana miró a su lado, vio a su abuela corriendo hacia ella.

- ¡Abuela! -gritó y corrió a abrazarla-. ¡No puedo creer que aún sigas viva!
- Aquí, en el país de las hadas, nadie nunca muere -explicó la antigua Abuela Ana, abrazando fuertemente a su nieta.
- ¿Y mi mamá? -preguntó la nueva Abuela Ana, buscando con su mirada por todas partes.
- Lo siento querida, pero bien sabes que mi hija nunca creyó en las hadas.

Soltando una pequeña lágrima, la nueva Abuela Ana, abrazó de nuevo a su abuela. Y luego, con una sonrisa le dijo:

- No importa, cuando sea el momento adecuado conocerás a mi hija y a mi nieta, porque estoy segura que ellas sí vendrán, porque yo les conté todas las historias que tú me enseñaste.
- ¡Eso espero, querida! ¡Me encantaría conocer a mi bisnieta y a mi tataranieta! -exclamó la antigua Abuela Ana y, extiéndele la mano a su nieta le dijo-, pero mientras esperamos, ven, tengo muchos lugares que mostrarte y no te imaginas la cantidad de nuevas historias que tengo por contarte.

Fin.

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lunes, junio 24, 2019

1325 - El Príncipe de la Casa.

Sir Helder Amos | lunes, junio 24, 2019 |
Cuando volví a casa de mis padres durante las vacaciones de verano, me sentía muy nervioso, porque desde que me había ido a estudiar en la universidad, el trato de mis padres hacía mí había cambiado. Antes ellos eran estrictos, fríos y calculadores, pero desde que me fuí, sus mensajes y videollamadas estaban llenos de amor y calidez.

Así que antes de entrar a casa me quedé parado frente a la puerta, nervioso y ansioso por ver cómo me tratarían mis padres al tenerme de regreso por unas semanas.

Afortunadamente, mi gato fue el primero en verme y se acercó a mi para rozar su cuerpo contra mis pierna. Lo que me hizo relajarme y lléname de valor para entrar a casa. Así que abrí la puerta y ambos entramos.

Al escuchar la puerta, mi mamá se asomó desde la cocina que estaba al fondo de la casa y, al verme, se le cayó el plato que estaba sosteniendo y pegó un grito emocionada:

- ¡Ya volvió! ¡Ya volvió! ¡Antonio! ¡El Príncipe ya volvió! -le anunció a mí papá, que se encontraba en el piso de arriba.
- ¡¿Ya volvió el Príncipe?!
- ¡Sí, Antonio, baja, rápido! ¡Ya volvió!

Ante tanta emoción por mi regreso a casa, me sentí un poco incomodo y apenado, mis padres nunca habían sido tan afectivos conmigo, así que me puse rojo como un tomate.

- Pero no te quedes ahí, parado, ven, mi príncipe querido, ven a la cocina para prepararte algo de comer -exclamó mi mamá, así que cargue a mi gato y me fuí a la cocina con él entre mis manos, acariciando su pelaje para mantener mis nervios bajo control.

- Disculpa que no te haya preparado algo más delicioso -se excusó mi mamá, mientras abría unas latas de atún-. Pero no sabíamos cuándo volverías, mi príncipe querido.
- Yo les avise que hoy regresaba -respondí, recordando haberles envíado un mensaje-. Y no te preocupes por la comida, mamá, recuerda que a mi me gusta comer de todo.

Al escuchar mi respuesta, mi mamá se volteó y me dedicó una mirada perpleja y una sonrisa forzada. Mientras tanto, escuchaba los pasos de mi papá bajar las escaleras.

- ¿Dónde está? -gritó-. ¿Dónde está el Príncipe de esta casa?
- ¡Aquí en la cocina! -le respondí, con una gran sonrisa, porque me estaba empezando a agradar tanta atención y cariño por parte de mis padres.

Al entrar a la cocina, mi papá pegó un grito de emoción:

- ¡Aquí está mi Príncipe! ¡Pensé que nunca regresarías! -exclamó, abriendo sus brazos.

Emocionado, me acerqué para abrazarlo pero cuando me doble para soltar al gato, mi papá también se dobló y lo agarró antes de que yo lo pusiera en el piso.

- ¡No te vuelvas a perder así, Príncipe, que nos tenías preocupados! -exclamó mi papá, regañando al gato y alzándolo en el aire.
- Muy, muy preocupados -añadió mi mamá, acercándose a mi papá con un plato lleno de atún-. Ponlo en el piso, Antonio, para que coma algo que debe estar hambriento.
- ¡Claro! ¡Si tiene tres días desaparecido! -dijo mi papá, acariciando al gato y poniéndolo en el piso.

Tras un pequeño maullido, el gato se puso a comer mientras mis padres, tomados de la mano, lo veían com una gran sonrisa en sus rostros.

Y luego, después de un largo rato, cuando el gato casi había terminado su plato de atún, fue que mi padre me miró y notándome por primera vez me dijo:

- ¡Eh! ¡Hijo! ¿Qué tal el viaje?

Fin.

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miércoles, junio 19, 2019

1324 - La Dominatrix.

Sir Helder Amos | miércoles, junio 19, 2019 |
Pretendía enamorarla regalándole rosas, chocolates y peluches. Sin sospechar que detrás de aquel hermoso y angelical rostro, lo que ella deseaba era un par de esposas, un látigo y muchos atuendos de cuero negro.

Fin.

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jueves, junio 06, 2019

1323 - La Mujer Vainilla.

Sir Helder Amos | jueves, junio 06, 2019 |
Por dónde quiera que pasaba, hacía que todos voltearan su mirada gracias al rastro que su caro y delicioso perfume de vainilla dejaba. Pero de nada valía su delicioso aroma, porque todo aquel osado que se atrevía conocer su esencia terminaba con un mal sabor de boca.

Fin.

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jueves, mayo 30, 2019

1322 - La Pesadilla.

Sir Helder Amos | jueves, mayo 30, 2019 |
Se sentó súbitamente en la fría cama, estaba bañado en sudor y su corazón le latía rápidamente. Miró a su alrededor y pasó su mano por el otro lado vacío de la cama. Al comprobar que no había nadie, soltó un suspiro y se llevó las manos a la cara antes de comenzar a llorar desconsoladamente.

Lágrimas de frío, miedo, ansiedad y desesperación bañaron su rostro, mientras su corazón seguía latiendo a millón. De pronto, sintió un roce en su pierna. Y, aterrado, levantó la mirada preguntándose cómo podía ser posible si estaba solo, ¿acaso todo no había sido una pesadilla?.

De nuevo, miró a su alrededor, tiritando, pero confirmó que estaba solo. Sin embargo, sintió otro roce en su pierna y palideció. Segundos después, un golpé en su estómago...

Se sentó súbitamente en la fría cama, estaba bañado en sudor y su corazón latía rápidamente. Miró a su lado y allí estaba, su amor dormía plácidamente con sus piernas montadas sobre las de él mientras lo abrazaba por el estómago.

- ¿Todo bien, querido? -le preguntó, entre abriendo sus azules ojos.
- Sí, amor, solo tuve un mal sueño -le respondió, peinándose con las manos.
- ¿El monstruo de nuevo?
- No, esta vez no fue el monstruo, fue mucho peor, nunca antes había tenido una pesadilla tan horrible.

Fin.

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lunes, mayo 27, 2019

1321 - Los Monos y el Cazador.

Sir Helder Amos | lunes, mayo 27, 2019 |
En una esquina de aquella ciudad tan agitada, tres monos se sentaban,  todas las mañanas, en el alto muro que debía de mantenerlos encerrados a mirar a los citadinos pasar.

Estos monos no eran como sus sabios antepasados 🙉🙈🙊, si no que eran muy tontos e irrespetuosos, así que desde la altura y seguridad que su muro les brindaba, pasaban la mañana burlándose de todos los citadinos que pasaban para divertirse un rato y darle sentido a su vacía y miserable vida.

- ¡Mira esa narizona! ¡Nariz de tucán! -le gritó uno a una mujer que pasaba, para que los otros dos se rieran.
- ¡Mira a esa mujer, que bella con su pelo largo! -le gritó otro, a un hombre de pelo largo, y los otros dos monos se destornillaron de la risa.
-  ¡Ahí viene el mongólico! ¡El mongólico! ¡Cuidado los chispea con su baba! -gritó el tercero, señalando al pobre hombre con discapacidad, para que los otros dos se rieran.

Pero a pesar de sus comentarios impertinentes y su falta de respeto, la gente que pasaba por debajo de los monos era más inteligente que ellos, y solo se limitaban a voltear los ojos 🙄 y seguir su camino ignorándolos, porque sabían que discutir con ellos era solo una pérdida de tiempo.

Sin embargo, en un soleado día de verano, los tres monos vieron a un hombre vestido de manera muy peculiar con unos pantalones cortos color beige, un chaleco y un salacot del mismo color; así que al ser un target perfecto aprovecharon para burlarse de él:

- ¿Y dónde es el safari? -le preguntó uno.
- ¿Se te perdió la selva? -le preguntó otro.
- ¡Este es tan feo que no necesita rifle para cazar! Les apuesto que a lo qué los animales lo ven se mueren del susto -comentó el tercero, lo que generó una carcajada entre los tres monos.

El cazador escuchó los insultos de los monos sin enojarse. Pero cuando estos se callaron, sacó un pequeño revólver de sus bolsillo y ¡Pum 💥!, ¡Pum 💥!, ¡Pum 💥! mató a los tres monos y siguió con su camino.

El cazador no volvió a pasar por aquella esquina por temor a que alguien le reclamara el asesinato de los monos, pero en realidad las personas que la concurrían todos los días nunca notaron la ausencia de estos.

Fin.

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lunes, mayo 13, 2019

1320 - El Pesimista y el Rebelde.

Sir Helder Amos | lunes, mayo 13, 2019 |
- ¿Y por qué no lo intentas?
- ¿Para qué? Si ya sé que todo va a salir mal.
- Eso no lo sabes, ni lo sabrás hasta que lo intentes.
- No, de eso estoy seguro, conmigo se aplica la Ley de Murphy
- ¿Y acaso nunca has escuchado el dicho que dice que las leyes se hicieron para romperse? -le preguntó, quitándose la chaqueta de cuero rojo y lanzándosela en la cara- ¡Pruébatela e inténtalo!

Fin.

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viernes, mayo 10, 2019

1319 - El Mejor Regalo del Día de las Madres.

Sir Helder Amos | viernes, mayo 10, 2019 |

Reto Literario del Día de la Madre 2019

- Recuerdo aquel día de mayo, después de 5 años y 6 meses sin verlo llegó sin flores, pero con una gran sonrisa. Fue el mejor regalo del día de las madres que recibí ese año, me sentí tan feliz como la primera vez que lo sentí dentro de mi barriga. Aunque este año no ha ni llamado -se lamentó, creyendo que tendría que esperar 5 años más para volver a verlo.

 ‪Toc, toc, toc🚪‬

Fin.

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jueves, mayo 09, 2019

1318 - El Deseo del Pequeño Demonio.

Sir Helder Amos | jueves, mayo 09, 2019 |
Cuando el niño vio la estrella fugaz surcar rápidamente el cielo nocturno, cerró los ojos y deseó fervientemente: “Que a nadie se le cumpla su deseo, que a nadie se le cumpla su deseo, que a nadie se le cumpla su deseo”.

Solo un deseo se cumplió esa noche.

Fin.

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viernes, mayo 03, 2019

1317 - Misterios de la Vida.

Sir Helder Amos | viernes, mayo 03, 2019 |

📚 Reto Literario 365Microcuentos.com 📖 
- Te ves feliz -le dijo, al verlo tirado en la grama.
‪- La verdad, lo estoy -admitió, después de pensarlo por un momento-. Un poquito.
- Seguramente estudiar psicología te está ayudando.‬
‪- Mi carrera no tiene nada que ver en esto.‬
‪- ¿Entonces los rumores de que te uniste al Buddhismo son ciertos?‬
‪- Ja, ja, ja, ¡nah!‬ ‪

Sin decir más nada, miró al cielo: el sol, las nubes. Y sonrió.‬

Fin.

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miércoles, mayo 01, 2019

1316 - El Idiota y la Mano de Gorila.

Sir Helder Amos | miércoles, mayo 01, 2019 |
A media noche, en el lugar acordado, dos sombras se encontraron.
- ¿La tienes? -preguntó una áspera voz masculina.
- Sí, señor, me costó mucho conseguirla, pero aquí está -respondió la otra voz masculina y le pasó un paquete misterioso.
- Aquí tienes la suma acordada -dijo la áspera voz, pasándole lo que parecía un fajo de billetes.
- Un placer hacer negocios con usted señor -dijo el otro, y en cuestión de segundos desapareció.

El hombre de la áspera voz no se movió y, en cambio, abrió el paquete que sostenía, sacando de adentro de él la silueta de una mano.

- ¡Qué idiota! -bramó, con una gran carcajada-. ¡Venderme la mano del gorila por tan insignificante suma de dinero! -se regocijó la voz-. ¿Ahora, qué voy a desear...?

Pero el misterioso hombre que miraba esta escena se aburrió y con una sonrisa en los labios se alejó.

- ¿Todo bien, Amo? -le preguntó el gato negro que andaba a su lado.
- Estoy aburrido, la humanidad es tan arrogante que me aburre -respondió el hombre, mientras pasaba por un haz de luz que reveló sus peculiares ojos heterocromáticos, el izquierdo dorado y el derecho azul.
- ¿Por qué lo dice, amo? ¿No quería engañar a un humano con esa mano de gorila?
- Sí, pero, ¿no escuchaste al hombre llamar idiota al otro?
- Sí -respondió el gato-. ¿Y eso que tiene?
- El ladrón que le consiguió la mano de gorila todavía puede salvarse, pero él, en cambio, será mío para siempre tan pronto haga su primer deseo. ¿Quien crees ahora que sea el idiota?

Pero el gato no respondió, solo se limitó a maullar.

Fin.

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miércoles, abril 24, 2019

1315 - El Ascensor al Cielo.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 24, 2019 |
Dos hombres en un bar, sin mucho oficio, estaban discutiendo la idea de construir una escalera al cielo:

- Tendríamos que construir miles y miles de pisos y nos tardaríamos años -se quejó uno.
- Pero conoceríamos a los Dioses y viviríamos entre los ángeles –alegó el otro.
- ¡Pero imagina subir todos esos escalones y pisos!
- No importa, el esfuerzo valdría la pena.

De pronto, un tercer hombre que llevaba tiempo escuchándolos y que ya estaba obstinado, apareció y les dijo:

- Yo tengo una forma más rápida de subir al cielo.
- ¿Cómo? –preguntaron los dos hombre al unísono.
- Tomando el ascensor –respondió con un sonrisa y, sacando su revólver, envió a los dos hombres al cielo en un abrir y cerrar de ojos con tan solo un PUM, PUM.

Fin.

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viernes, abril 19, 2019

1314 - Las Vacaciones Mágicas.

Sir Helder Amos | viernes, abril 19, 2019 |

📚 Reto Literario 📖 
Tan pronto se registró en el hotel, subió a su habitación, dejó su equipaje y bajó corriendo a la playa.

En su camino se sintió transportado a un mundo mágico, porque al ver el mar sintió que el sol acariciaba su piel, que el viento lo abrazaba, que las nubes le sonreían y que las olas le susurraban hermosas palabras al oído.

Fin.

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jueves, abril 18, 2019

1313 - Terror en las Alturas.

Sir Helder Amos | jueves, abril 18, 2019 |
Los gritos de terror y desesperación se podían oír hasta en la tierra por donde sobrevolaba el avión.

Adentro, todos los pasajeros lloraban, gritaban, se jalaban los pelos y hasta se golpeaban contra los asientos y las ventanas. Las azafatas estaban confundidas, no sabían que hacer, ni el capitán del avión tampoco, en ninguno de sus vuelos había pasado algo similar.

- ¡¿Por qué a mí?! -se quejaban unos-. ¡Ya no aguanto más!
- ¡Aléjate, no te me acerques! -gritaban los pocos pasajeros que se habían salvado de la catástrofe.

Con cada minuto que pasaba, la situación se ponía más tensa, varios pasajeros ya habían perdido el conocimiento y yacían tirados en el angosto pasillo de la aeronave. Otros se acurrucaban en sus asientos y trataban de esconder su rostro. Mientras que los más inocentes, trataban de salvarse golpeando salvajemente las puertas de los baños.

Era terrible, nadie quería estar allí. Y al ver que el caos empeoraba con cada minuto, y que el nauseabundo olor que se había extendido por todo el avión había llegado hasta la cabina del capitán, esto no tuvo más alternativa que tomar su radio y solicitar un aterrizaje de emergencia al aeropuerto más cercano.

- Aterrizaje aprobado -le respondió una voz desde la radio-. ¿Cuál es la situación?
- Más de la mitad de los pasajeros padecen de problemas estomacales, al parecer la comida que servimos estaba contaminada -explicó el capitán, tratando de adornar la situación con sus palabras, a pesar de que todo el avión estaba embarrado.

Fin.

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martes, abril 16, 2019

1312 - Tecnología de Punta.

Sir Helder Amos | martes, abril 16, 2019 |
- Hijo, ¿puedes pasarme la linterna? -le preguntó, sacando la mano de debajo de la alacena.
- ¡Aquí está! -respondió el muchacho enseguida, pasándole su teléfono.
- ¡¿Qué es esto?! ¡Te dije la linterna! -gritó el padre, enfurecido-. ¡No tu teléfono!
- Papá, mira, mi teléfono tiene una aplicación de linterna, solo enciéndela y… ¡listo! Ahí tienes.

Entre gruñidos, el hombre usó el teléfono como linterna y se lo devolvió al muchacho, pero un minuto más tarde:

- Hijo, pásame el metro, por favor -pidió, sacando la mano de debajo de la alacena.
- ¡Aquí está! -anunció el joven, pasándole de nuevo su teléfono.
- ¿De nuevo tu teléfono? -bramó el padre-. ¡El metro, necesito el metro!
- Papá, no te pongas así, con la nueva tecnología de punta puedes usar la cámara del teléfono para medir, es muy útil y más fácil de usar que el metro, solo tienes que abrir esta aplicación y… ¡listo! Ahí tienes el metro.

Entre más gruñidos, el hombre usó el teléfono para medir y se lo devolvió a su hijo, pero de nuevo, un minuto más tarde:

- Hijo, pásame... -empezó a decir pero se quedó callado de pronto.
- ¿Qué necesitas papá?
- Tu teléfono, -dijo el hombre, sacando la mano de debajo de la alacena-. Pásame tu teléfono.
- Aquí está, papá, ¡qué bueno que estás aprendido a usarlo! -exclamó el muchacho, pasándole el teléfono con una gran sonrisa.

Pero unos segundos más tardes, la sonrisa del joven se desvaneció cuando escuchó un fuerte PUM, PUM, CLINK, CRACK.

- ¡Papá! ¡¿Qué estás haciendo?! -gritó el muchacho, tan pálido como un fantasma.
- Lo siento, hijo, pero tu tecnología de punta y esa aplicación de martillo que tienes no sirve para nada, se rompió tu teléfono -anunció el hombre, lanzándole el teléfono destrozado desde debajo de la alacena.

Fin.

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viernes, abril 12, 2019

1311 - La Calma Durante la Tormenta.

Sir Helder Amos | viernes, abril 12, 2019 |
La despiadada tormenta se acercaba, con vientos huracanados, granizo, ensordecedores truenos y brillantes relámpagos que caían en la tierra. Se llevaba todo a su paso, hasta los árboles más viejos y fuertes eran arrancados de raíz y los cimientos de las casas temblaban.

De pronto entre todo el caos, se escuchó una voz:
- ¡Entren! ¡Es peligroso! ¡Esta tormenta es apocalíptica!

Pero los novios que estaban sentados fuera del refugio mirando la tormenta, no la escucharon.
- Esta calma... esta calma que siento cuando estoy contigo es indescriptible.
- ¡Lo sé! Nunca me había sentido tan en paz.

Fin.

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jueves, abril 11, 2019

1310 - La Oveja Dálmata.

Sir Helder Amos | jueves, abril 11, 2019 |
Cada vez que hacía una travesura o cometía un error, una mancha negra le salía en su brillante lana blanca. Pero, a pesar de los comentarios que escuchaba del resto del rebaño sobre su pelaje manchado y sobre si era una buena o mala oveja, le enorgullecía tener sus manchas porque cada una de ellas representaba una gran historia que contar, mientras que el resto de las ovejas blancas solo podían limitarse a escuchar.

Fin.

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sábado, abril 06, 2019

1309 - El Psicópata Infeliz.

Sir Helder Amos | sábado, abril 06, 2019 |
- ¡Ya no sé qué hacer para ser feliz! -se quejó el hombre, desde el diván.
- Para ser feliz solo tienes que aprender a escuchar esa vocecita dentro de tí -le dijo el psicólogo, en un tono monótono, sin quitar la mirada de su bloc de notas-. Sé que muchas veces es difícil escucharla, pero cuando aprendas a indentificarla, esa vocecita te dira que hacer, y cuando la obedezcas, descubrirás que eso te hará feliz.
- Yo escuchó esa voz -dijo el hombre, soltando un suspiro-. Pero no puedo hacer lo que me dice...
- ¿Por qué? ¿Por lo que pensará tu familia? ¿La sociedad? -le preguntó el psicólogo, en el mismo tono, sin mirarlo-. Lo único que importa es lo que nosotros pensamos, si hacemos lo que queremos y eso nos da felicidad, no importa lo que digan los demás.
- No, nada de eso -balbuceó el hombre, mirando por todos lados-. No sé si deba decirle esto… pero esa vocecita dentro de mí me dice que lo mate aquí y ahora, que los mate a todos, porque odio la humanidad y quiero destruirla.
- ¡Oh! -exclamó el psicólogo mirando por primera vez a su paciente, sorprendido y asustado-. En ese caso, -añadió nerviosamente-, no escuche esa vocecita molesta, y enfoquemos las consultas en aprender a vivir una vida infeliz. Que no es tan malo después de todo, porque es la forma de vivir predilecta de la humanidad.

Fin.

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miércoles, abril 03, 2019

1308 - El Tsunami de Amor.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 03, 2019 |
- ¿Por qué no me miras a los ojos?
- Disculpa, no puedo, me dan miedo.
- ¿Cómo dices?
- Tus ojos azules me recuerdan al océano. Y me da miedo el océano.
- ¿Por qué? El océano es hermoso, oculta grandes misterios...
- Igual que tus ojos...
- Pero solo por eso no tienes por qué temer al océano ni a mis ojos. Estoy seguro de que ambos seríamos incapaces de hacerte daño.

Pero, al final, la gran ola arrasó, se llevó todo a su paso y no dejó nada.

Fin.

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lunes, marzo 25, 2019

1307 - Fronteras Imaginarias.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 25, 2019 |
Acarició la pantalla de su teléfono con una delicada sonrisa en su rostro y se quedó viéndolo embelesada.

- ¿Alo, alo? ¿Me ves? ¿Me oyes?
- Sí, sí, sí, -respondió, volviendo en sí-. Te veo y te escucho claro -añadió, sintiéndolo cerca a pesar de la distancia.

Fin.

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miércoles, marzo 20, 2019

1306 - La Cita a Ciegas.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 20, 2019 |
Al caer contra el frío y duro piso desperté, intenté gritar pero tenía la boca tapada, además, no podía ver nada, mis ojos estaban vendados. Tampoco podía moverme, mis manos y pies también estaban atados.

- ¡Quédate quieta! -me gritó una voz masculina.

Le hice caso, tenía todas las de perder, así que lo más prudente fue obedecer. Pero a medida que el tiempo pasaba mis sentidos del oído y del osfalto se intensificaron. Por el aroma a tierra pude deducir que me encontraba en un tipo de montaña, y por el sonido de los pasos y las voces que escuchaba, calculé que habían unas 12 o 13 personas caminando a mi alrededor.

Sentía sus pasos cerca, y creo que estaban dibujando algo a mi alrededor, porque escuchaba una especie de tiza deslizarse por las piedras del piso.

De pronto se hizo silencio y, al parecer, por el sonido de sus pasos, todos tomaron sus posiciones alrededor de mí. Luego, escuché un cántico y la voz del hombre que me había gritado empezó a recitar una especie de oración en un lenguaje que nunca había escuchado.

Al finalizar su canto, ahogué otro grito de terror, porque sentí un calor abrazador y una intensa luz roja se coló por lo que tapaba mis ojos. Segundos después, sentí un olor a azufre tan fuerte que casi me ahogaba.

La luz que se colaba por el vendaje de mis ojos se desvaneció y con ella también se fue el calor. Pero lo que escuché después me aterró: un gruñido seguido por el sonido de dos pezuñas caminando alrededor de mí me dejó petrificada.

- ¿Es ella? -preguntó una voz gutural que no parecía de este mundo.

Nadie respondió y mi corazón empezó a latir muy aceleradamente a medida que escuchaba las pezuñas pararse junto a mí. Pero luego mi corazón se detuvo súbitamente, cuando sentí unas cálidas y suaves manos deslizarse por mi pierna.

- ¡TIENE MIEDO! -rugió enfurecida la bestia o lo que sea que fuese.

La escuché dar un par de vueltas a un paso muy rápido alrededor de mi, luego se volvió a parar a mi lado y el intenso olor azufre que emanaba casi me hizo perder el conocimiento.

Ahogué otro grito al sentir como una uña muy gruesa, quizás una garra, se deslizaba por mi mejilla hasta llegar a mi boca y, sin detenerse, cortó el pedazo de tela que me tenía amordazada.

- Puedo cumplirte todo lo que desees -me susurró la espectral voz en mi oído-. ¿Qué deseas?

No pude responder, estaba muy aterrada así que me limité a negar frenéticamente con la cabeza, a pesar de que me golpeaba con el piso cada vez que lo hacía.

- ¡INÚTILES! -rugió la voz y la misteriosa luz roja volvió a colarse por mi vendaje.

Lo qué pasó después me aterró, porque volví a sentir el calor abrazador y, esta vez, escuché a las personas gritar de dolor mientras pedían perdón y clemencia. No sé que les pasó, pero sus gritos desgarradores me pusieron a temblar ahí en el piso.

De pronto, como había comenzado, todo se calmó, el olor a azufre se esfumó y las voces desaparecieron, solo se escuchaba el sonido de la naturaleza. Pero no me atreví a moverme, por temor a que siguieran allí.

Después de unos minutos de silencio, me senté y con los dientes pude liberarme las manos, seguido los ojos y los pies. Al levantarme miré a mi alrededor, mi ofalto no me había mentido, estaba la cima de una montaña, pero a parte de mi no había más nadie en aquel lugar.

Di un par de vueltas por el lugar buscando algún rastro que me explicara que había pasado, pero no conseguí ninguno. No habían marcas en el piso, ni huellas, nada. Al parecer, estaba sola en aquella montaña.

De la nada se escuchó una bocina y pegué un brinco. Al darme la vuelta vi a un taxi acercarse.

- Su Uber está aquí, señorita -gritó el taxista.
- Yo... yo no pedí ningún Uber -balbuceé.
- Su cita lo hizo -explicó el hombre-. Y también le mandó flores -añadió, señalando con la cabeza un ramo de rosas blancas que tenía en el asiento trasero.

Confundida y al no tener más opción para salir de ese lugar me monté en el taxi. Tomé el ramo de rosas y las olí, olían a azufre. Y para mi sorpresa dentro de ellas había una nota que decía: “Lo siento si te asusté, si algún día cambias de opinión me gustaría hacer todos tus deseos realidad”.

Fin.

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lunes, marzo 18, 2019

1305 - El O.V.N.I.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 18, 2019 |
- ¿Qué es eso? -se escuchó un graznido de horror en el gran árbol.
- ¿Qué? ¿Dónde? -preguntaron varias voces, entre trinos y gorjeos.
- Arriba, en el cielo, ¡Miren!

Al alzar la mirada, todos vieron aquel misterioso objeto surcando el cielo.

- ¡Un O.V.N.I! -gorjeó la voz horrorizada.
- ¡Aliens! ¡Nos invaden! -gritaron las otras voces, aterradas, haciendo un gran escándalo.
- ¡SILENCIO! -ululó enojado el viejo búho, saliendo del hueco en el que dormía en el gran árbol-. ¡Cálmense! Eso no es un O.V.N.I. ni mucho menos una invasión alienígena -explicó, rascándose los ojos con sus plumas-. Eso es solo un avión -continuó, girando la cabeza, pero al ver el estado de confusión de todas las demás aves que vivían en el gran árbol añadió-, una invención de los humanos para poder volar como nosotros.
- ¡Ahhh! -exclamaron muchas aves al unísono.
- Ahora, por favor, hagan silencio, que me gustaría poder seguir durmiendo -ululó el viejo búho, metiéndose de nuevo en su hueco.

Fin.

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miércoles, marzo 06, 2019

1304 - El Bebecito de Mamá.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 06, 2019 |
- ¡Eso era de él!, ¿Puedo...? -preguntó la dama vestida de negro, señalando y acercándose al delicado osito de peluche que estaba enredado en el alambre de púas que resguardaba la celda isolada de alta seguridad.
- No, señora, eso forma parte de la evidencia -respondió el oficial con un gruñido.
- ¿Sabe cómo llegó ahí?
- El prisionero lo lanzó desde su celda.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó?
- Después de que el prisionero leyó la sentencia del juez, se volvió loco y empezó llorar, patalear y a auto agredirse. Fue horrible, sus gritos, el sonido de los golpes de su cabeza contra la pared...
- ¿Y por qué no lo detuvieron? ¡Él solo era un niño! -lo interrumpió la mujer, secándose las lágrimas con un pañuelo blanco.
- El prisionero tenía 37 años, señora, no era un niño. ¿Está segura de que es su familiar?
- Sí, soy su madre -respondió la dama, soltando un gemido-. ¿Por qué no lo detuvieron? -repitió-. Si alguien hubiera entrado en su celda se hubiera calmado y no se hubiera...
- El prisionero esperaba la muerte de todas maneras, señora,  así que no se haga muchas ilusiones, ¿o cree que los 307 asesinatos que cometió le serían perdonados?
- No lo sé, quizás, el era un buen niño -balbuceó la dama, mirando el osito de peluche con melancolía.

Fin.

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lunes, marzo 04, 2019

1303 - Abrazos Aleatorios.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 04, 2019 |
Cuando nos conocimos, me sentía triste, así que me sorprendí cuando me abrazó fuertemente y me hizo sentir mejor. Al preguntarle por qué lo había hecho, me dijo que le gustaba dar Abrazos Aleatorios.

Desde entonces, como si supiera, cada vez que me sentía triste llegaba con un Abrazo Aleatorio que me robaba mi tristeza. Y a pesar de que cada vez que lo hacía le preguntaba por qué lo había hecho, siempre me respondía lo mismo, que era porque le gustaba dar abrazos aleatorios, pero yo nunca le creí, porque para mí cada uno de sus abrazos fueron oportunos.

Fin.

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jueves, febrero 28, 2019

1302 - La Pesadilla del Escritor.

Sir Helder Amos | jueves, febrero 28, 2019 |
- ¡No se me ocurre nada! -gritó, arrugando la hoja de papel en blanco y lanzándola a la papelera-. ¡Me rindo!

Sin embargo, un par de minutos más tarde, metió la mano en la papelera y sacó la hoja en blanco. Luego, hizo lo que pudo para estirarla y se quedó mirándola fijamente. Tamborileando el escritorio con el lápiz que tenía en la mano, estaba determinado a cumplir su sueño, pero después de un largo rato...

- ¡No se me ocurre nada! -gritó, arrugando la hoja de papel en blanco y lanzándola a la papelera-. ¡Me rindo!

Sin embargo, un par de minutos más tarde...

Fin.

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lunes, febrero 25, 2019

1301 - La Lección del Charlatan.

Sir Helder Amos | lunes, febrero 25, 2019 |
Mientras veía como cubrían con tierra el ataúd de su mejor amigo, pensó que esa era todo y, en su tristeza por haberlo perdido, empezó a hablar sobre él sin medir sus palabras, así que en el pequeño discurso que dio reveló sin querer todo los secretos del difunto.

Luego, cuando cayó en cuenta de lo que había dicho, se sintió culpable y lo único que pudo tranquilizarlo era que ambos habían prometido guardar sus secretos hasta la muerte, así que se dijo que, como su mejor amigo ya estaba muerto, había cumplido su palabra.

Sin embargo, esa noche, mientras dormía plácidamente, un ruido muy fuerte lo despertó a las 3 de la mañana. La puerta se había abierto de un plomazo. Asustado, se sentó en la cama y, sintiendo un escalofrío, la sabana con la que estaba arropado salió volando por la ventana como si le hubieran dado un jalón, justo como solía despertarlo su amigo cuando estaba en vida.

- ¡Aaaaaah! -gritó, palideciendo-. ¡Lo siento! -se disculpó, llorando de miedo y de culpa, convencido de que su amigo había vuelto para vengarse por haber roto su promesa-. ¡De verdad! ¡Fue un accidente! ¡Recuerda que mi mayor problema siempre ha sido hablar de más!

De pronto, la puerta se cerró fuertemente haciendo un gran estruendo y reinó la calma de la noche nuevamente.

Desde entonces, comprendió que era hasta su muerte que tenía que guardar los secretos de sus amigos y no la de ellos.

Fin.

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viernes, febrero 22, 2019

1300 - La Prueba de Fe.

Sir Helder Amos | viernes, febrero 22, 2019 |
Desde que el Padre de la iglesia vio por primera vez a aquel hermoso jovencito escuchando la palabra de Dios, fijó toda su atención en él, porque sintió que sería muy especial, en parte porque parecía un ángel con sus brillante ojos azules y cabello ondulado dorado.

De tal forma, un par de semanas más tarde, cuando el jovencito expresó sus deseos de volverse monaguillo de la iglesia, el Padre lo aceptó inmediatamente.

El jovencito hacía su trabajo de monaguillo de forma impecable, además estudiaba la biblia y cada vez que podía se inmiscuía en los asuntos de la iglesia para ayudar al Padre. Así que un domingo, después de misa, no fue una sorpresa cuando el jovencito se acercó al Padre y le dijo:

- Padre, me gustaría poder ayudarlo aún más, ¿hay alguna forma en la que pueda hacerlo?
- Hay una -respondió el Padre, pensativamente-. Pero no estoy seguro si estás listo para eso, porque es una gran prueba de fe.
- ¡Sí lo estoy, Padre! ¡Pruébeme!
- ¿Estás seguro?
- ¡Sí, Padre! ¿De qué se trata?
- No puedo decírtelo, -dijo, mirando el reloj-. Pero si quieres hacerlo, prepárate que se hará tarde.
- ¿Qué? ¿Ahora?
- Sí, ahora -respondió el Padre-. Si te animas, te veo en cinco minutos en la parte trasera de la iglesia.

El jovencito, ni siquiera dudó y, emocionado, se cambió su traje de monaguillo rápidamente para irse a encontrar con el Padre.

En la parte trasera, el Padre lo esperaba montado en su camioneta.

- ¿Iremos a algún lado? -preguntó el Jovencito.
- Sí, ¿estás preparado?
- Sí, -respondió el jovencito, montándose en la camioneta-, ¿esto forma parte de la prueba de fe?
- Sí, lo que me recuerda, -dijo el Padre-, esto tiene que queda en secreto, nadie puede saberlo, ¿entendido?
- Está bien... -balbuceó el jovencito, sintiéndose un poco extraño por toda la confidencialidad del Padre-. ¿A dónde vamos?
-  Ya lo verás.

Inmediatamente se pusieron en marcha, y tras varios minutos de viaje,  el jovencito empezó a ponerse más y más nervioso, porque notó que se estaban dirigiendo a la parte más peligrosa y fea de la ciudad, además, el Padre se mantuvo en silencio durante todo el trayecto, aprovechando cada luz roja que de los semáforos para mirarle y sonreírle.

- ¿Estás seguro de esto? -le preguntó el Padre, cuando finalmente estacionó la camioneta en una calle desierta abarrotada de montones de basura.
- Ya no estoy tan seguro -respondió, el Jovencito, tragando en seco.
- No tengas miedo, estás conmigo -trató de calmarlo el Padre, agarrándole la mano y apretándosela fuertemente.

Los dos se bajaron de la camioneta y, al ver lo nervioso que estaba el jovencito, el Padre le ofreció su mano, la cual este tomó inocentemente y caminaron por la calle abandonada.

- ¿De qué trata la prueba? -preguntó el jovencito, aterrado, mirando a toda su partes.
- Ya lo verás -respondió el Padre-. Pero antes tienes que volver a prometerme en nombre de Dios que no le dirás a nadie y que será un secreto entre tú y yo, porque si la gente se entera, podríamos tener problemas.
- ¿A dónde vamos? -preguntó el Jovencito que se había puesto muy pálido.
- Allí -respondió el Padre, señalando con su dedo el sucio y desaliñado edificio que estaba al final de la calle, el cual tenía un aviso medio caído que indicaba que era un Motel.

Al ver esto, el Jovencito, intentó soltarse de la mano del padre, pero este no lo dejó, al contrario, le apretó fuertemente la mano y lo jaló para detenerlo con su cuerpo y abrazarlo.

- No tengas miedo, todo va a estar bien -le susurró al oído.

Pero el Jovencito, aterrado, usó toda su fuerza y, zafándose del abrazo del Padre, huyó corriendo por la calle.

Segundos después, un hombre vestido de mujer salió del motel y viendo al jovencito desaparecer a la distancia se acercó al Padre y le dijo:

- Otro que huye, ¿eh?
- Sí, -respondió, decepcionado-. Ya no sé qué hacer para traer voluntarios a esta zona, Jesús no discriminaba a nadie, él era amigo de todos: pobres, prostitutas, pecadores, ¡de todos!
- ¡Vamos, Padre! No se culpé a usted, es la sociedad -dijo la mujer, dándole una palmaditas en el hombro-. ¿Vamos a dentro? -le preguntó, al ver que el Padre estaba sumido en su gran decepción- Todas estamos esperando la palabra de Dios y el sermón de esta semana.

Fin.

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miércoles, febrero 20, 2019

1299 - La Princesa Gato.

Sir Helder Amos | miércoles, febrero 20, 2019 |
Había una vez una Princesa que creía ser un lindo gatito, porque cada vez que decía “Miau” sus sirvientes corrían para darle su comida favorita, o cuando quería que la acariciaban hacía “purr, purr” y todos le daban cariño, también todos aprendieron que cuando la Princesa mostraba sus uñas, era que estaba enojada y que era mejor dejarla tranquila.

De esta forma, la Princesa vivió creyendo que era un gato por mucho tiempo, hasta que un día una nuevo miembro de la Familia Real se apoderó del castillo. El primogénito tan esperado y deseado que el Rey no había podido tener al fin había llegado al castillo, y tan pronto entró por la puerta le quitó su lugar a la Princesa, quien al ver que toda la atención de los sirvientes giraba en torno al nuevo bebé, descubrió que en realidad nunca había sido una princesa, si no un simple, hermoso y querido gatito.

Fin.

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jueves, febrero 14, 2019

1298 - El Rincón de los Desesperados.

Sir Helder Amos | jueves, febrero 14, 2019 |
En el fondo de aquel bar de mala muerte, había un rincón en el que siempre se podía encontrar a una parejita besándose y abrazándose apasionadamente. Ese rincón fue bautizado por la gente que concurría seguidamente el bar como: El Rincón de los Enamorados. Así que cada vez que iba a aquel bar, soñaba con encontrar a alguien con quien pasar un rato aquel rincón del amor.

Con su sueño en mente, buscó y buscó, hasta que finalmente encontró el amor. Y pensando en lo romántico que sería pasar una noche en el Rincón de los Enamorados, planeó su tercera cita en aquel lugar.

Esa noche fue larga, y pareja tras pareja pasaron por el Rincón de los Enamorados, así que no fue hasta bien tarde que pudo pasar un rato con su amor en aquel rincón tan especial.

Sin embargo, tan pronto se acercó al rincón descubrió que este tenia un peculiar hedor a cloro y que cuyas paredes estaban llenas de salpicones blancuzcos y manchas de pinta labios por todas partes. Así que al ver esto sintió náuseas y se alejó del rincón sin cumplir su sueño. Porque aquel rincón no era romántico ni mucho de los enamorados.

Fin.

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lunes, febrero 11, 2019

1297 - Temporada de Caza.

Sir Helder Amos | lunes, febrero 11, 2019 |
El 14 de Febrero se acercaba y ella no tenía ninguna presa que le dijera lo hermosa que era ni cuanto la amaba, así que desesperada tendió una trampa y preparó lo que parecía una suculenta galleta de chocolate que dejó sobre el alféizar de la ventana.

- ¡Puaj! -se quejó Cupido, quien no pudo resistirse al aroma de la galleta cuando pasó volando cerca- ¡Está galleta está salada!
- ¡Te tengo! -gritó la cazadora, lanzándose sobre el consternado ángel y, tras forcejear con él por un momento, logró arrancarle de la mano su arco y su flecha-. ¡Ya no dependeré de tí para encontrar al amor! -celebró, con una gran sonrisa, porque su plan había salido a la perfección.
- ¡No! ¡Espera!, ¡Espera! -trató de detenerla Cupido, mientras ella se alejaba corriendo, dando brincos de alegria-. ¡Ese no es!

La mujer, que había planeado ese día a la perfección, corrió al parque donde estaba el hombre que le gustaba y utilizando el arco y flecha de Cupido, apuntó y le disparó al corazón del hombre para enamorarlo. Pero si rostro palideció cuando, milisegundos después de haber disparado, sintió unas cálidas gotas chispear su rostro.

- ¡Noooo! -gritó la mujer, confundida y horrorizada, al ver como la flecha había atravesado el pecho del hombre y  se había clavado en un árbol cercano, con el corazón, que aún palpitaba lanzando chorros de sangre por todos lados, atascado en su punta.
- ¡¿Qué has hecho, mujer?! -la regañó Cupido, al llegar volando a donde ella estaba.
- ¿Por qué...? -balbuceó, dejándose caer de rodillas al piso-. ¿Por qué no funcionó?
- Porque yo solo estoy de caza -respondió Cupido, quitándole su arco y su flecha de un jalón a la devastada y desesperada dama.

Fin.

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miércoles, febrero 06, 2019

1296 - Violencia de Género.

Sir Helder Amos | miércoles, febrero 06, 2019 |
Cuando entró en la estación policial, todos se la quedaron viendo y varios oficiales empezaron a murmurar y señalarla. Ella sabía que hablaban de ella y, estaba convencida, de que todos se burlaban de su ojo morado, pero ella ni un segundo bajó la cabeza para tratar de esconderlo.

- Buenas, vengo a poner una denuncia de violencia de género -dijo al llegar a la recepción, manteniendo su tono y postura altiva-. Mi marido me agredió físicamente.
- Por favor llene esta forma -respondió el oficial tras el mostrador.

La mujer sacó su pluma rosada, llenó la forma y se la devolvió al oficial. Este, le echó un ojo para verificar que todo estuviera bien.

- ¿Es este su nombre?
- Sí -respondió, dignamente, la mujer.
- Espere un segundo.

El oficial desapareció por la puerta que estaba detrás de él y, un par de minutos más tarde, reapareció con dos oficiales más que se pararon junto a la mujer y la apresaron al instante.

- ¡Está, usted, detenida! -anunció uno de los oficiales que la apreasaban.
- ¿Por qué? -gritó la mujer- ¡Esto es una injusticia! ¿Qué pasa?
- ¡Usted se encuentra detenida por violencia de género! -sentenció el otro oficial.
- ¿A qué se refiere? ¡Yo soy la que fue violentada! -vociferó la mujer.

En eso, por la misma puerta que habían aparecido los oficiales, salió su esposo, con la cara ensangrentada y llena de rasguños.

- ¡Tú! -gritó la mujer, tratando del soltarse de los oficiales.

Pero el hombre no dijo nada y, sacando una pequeña tablet del bolsillo, le mostró el video de la cámara de seguridad de su casa, en el que se veía como ella revisaba el teléfono de su marido y, luego, llena de ira, iba a atacarlo y a golpearlo.

Ella no pudo decir nada más y dejó caer todo su peso en los oficiales que la apresaban. Mientras que su esposo, no pudo evitar sonreír, a pesar de que se le notaba en la mirada que le dedicaba a su esposa una profunda decepción.

Fin.

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