domingo, mayo 24, 2020

1378 - Él, Manchado

Sir Helder Amos | domingo, mayo 24, 2020 |
A pesar de la gran sonrisa que le dedicaba a todos, ella se sentía muy incómoda en aquella fiesta de blanco, así que repetidamente se acercaba al hombro de su amigo y le susurraba:

- Puedes checarme el trasero, siento que estoy machada. 

Su amigo le echó un ojo y negó ligeramente con la cabeza, al no poder hablar por tener la boca llena. 

Minutos más tarde, ella se acerca de nuevo y le susurra: 

- ¿Me manché?
- Nop -negó de nuevo su amigo, tras mirarle rápidamente el trasero. 
- ¿A qué hora nos vamos? -le preguntó ella, fastidiada-. Por esto no quería acompañarte, vestirme de blanco me pone muy ansiosa cuando estoy menstruando.
- En un ratito nos vamos, -le dijo él-. Gracias por acompañarme, no quería venir solo ni perderme esta fiesta, la comida esta deliciosa.
- ¿Cómo haces para comer y beber tanto? -inquirió, realmente sorprendida-. No has parado de comer de todo desde que llegamos, ¿no te cae mal en el estómago? 
- Ja, ja, ja, no, mi estomago es de acero. 

Sin embargo, un par de minutos más tarde, él se le acerca a su amiga y le susurra. 

- ¿Puedes ver si me manché? 
- Ja, ja, ja, muy gracioso -empezó a replicarle ella con sarcasmo, pero al ver el rostro pálido de su amigo se detuvo de inmediato.
- Es en serio -sentenció él.
- ¿No me digas... ? -le empezó a preguntar, incrédula, mientras le echaba un ojo-. ¡Te manchaste!
- ¡VÁMONOS! 

Fin.

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jueves, mayo 14, 2020

1377 - El Narciso y el Proletariado.

Sir Helder Amos | jueves, mayo 14, 2020 |
Se dice que el Narciso es una flor que solo crece cerca de orillas de ríos, lagunas o de cuerpos de agua, porque es tan vanidosa que le gusta pasar sus días viendo su hermoso reflejo en el agua. Y así floreció el Narciso de esta historia, al lado de un suave río que le permitía siempre admirar su extrema belleza. 

Nuestro Narciso que floreció en primavera, no se aburría de ver su reflejo en el agua y se veía tan hermoso que empezó a pensar que, al ser tan bello, debía merecer siempre lo mejor de lo mejor. 

Así que cuando la época de polinizar llegó, esto fue lo que pasó:

- Hola, hermoso Narciso, ¿me das permiso para tomar un poco de tu polen? -le preguntó una abeja que solía polinizar cerca del Rio-. Estoy seguro de que al ser tan bello, tú polen debe ser el más dulce de todas las flores de la pradera.
- Gracias por el halago, pero ¿tú quien eres? -le preguntó el Narciso con un tono petulante. 
- Mi nombre es Buzzzrzzzrr (milésimo tercero),  y soy una simple abeja obrera de la colmena que está en aquel árbol de allá. 
- ¡¿Obrera?! -exclamó el Narciso con asco.
- Sí, ¿Puedo tomar un poco de tu polen pare llevárselo a nuestra Reina para que...?
- ¿Estas loca, abeja? ¿Quien te has creído tú para tomar mi polen? -lo interrumpió el Narciso-. ¿No ves mi belleza? ¿No ves mi esplendor? El polen de esta hermosa flor es mucho para una simple abeja obrera. Si hay una abeja que puede tomar mi polen, esa sería solamente la Abeja Reina de tu colmena. Nadie más.
 - Pero hermoso Narciso, somos nosotras, las abejas obreras, las que nos encargamos de polinizar la flores. La Abeja Reina no puede dejar la colmena.
- Entonces nunca tendrán mi polen, porque no pienso dárselo a unas simples obreras.
- Pero bello Narciso, si no nos dejas tomar un poco de tu polen nunca podrás reproducirte y dejar un legado de hermosos narcisos como tú. 
- No me interesa, fuera abeja obrera, ¡fuera!

De esta forma el Narciso espantó a la pobre obrera, y pasó el resto de la primavera espantando a las centenas de abejas que se le acercaban pidiendo tomar un poco de su polen, porque el Narciso era tan hermoso que las atraía desde los lugares más lejanos. 

Así, que una tras otra, las abejas obreras eran rechazadas y el Narciso siempre se sentía muy feliz cada vez que corría a una abeja, porque eso lo hacía sentir más bello e intocable. 

De igual forma pasó el verano, corriendo a las abejas obreras que se le acercaban, pero cuando llegó el otoño y el Narciso empezó a notar en su reflejo que su belleza se estaba comenzando a opacar, se preocupó mucho, porque ni una sola Abeja Reina se había acercado a tomar un poco de su polen, así que no había podido reproducirse. 

- ¡Oh, no! ¡Si no me reproduzco pronto, mi belleza morirá durante el invierno y el próximo año no abran flores tan bellas como yo en el mundo! -se decía, cada vez que una hoja de su tallo se tornaba amarilla. 

De tal forma, a medida que pasaba el otoño y su belleza se esfumaba, el Narciso se empezó a desesperar y se arrepintió de lo mal que había tratado a las pobres abejas obreras. Así que la próxima vez que una abeja pasó cerca de él, este la llamo y le dijo: 

- ¡Abejita, ven! ¿No te gustaría un poco de mi polen? 
- No gracias -respondió la abeja cortante. 
- ¿Pero por qué? ¿No ves que soy hermoso? ¡Nadie nunca ha tomado un poco de mi polen, tú serías las primera, estoy seguro que te encantará!
- ¿Hermoso? -repitió la abeja en tono burlón-. ¿Acaso no has visto tu reflejo? ¡Te estás secando! ¡Ya ni polen debes tener! Hasta luego.
- ¡Espera, abejita, espera!

Pero la abeja no regresó, y lo mismo pasó durante el resto del otoño con las cientos de abejas que pasaron cerca del Narciso, todas lo rechazaron porque se estaba secando. Hasta que finalmente el invierno llegó y el Narciso murió de frío. 

Fin.

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domingo, mayo 10, 2020

1376 - El Último Bombón.

Sir Helder Amos | domingo, mayo 10, 2020 |
Ese domingo, se paró más temprano de lo usual porque al fin había llegado su día. Así que tan pronto abrió los ojos corrió a su tocador y tras rebuscar por unos minutos en sus gavetas lo encontró.

El último bombón, de la caja de chocolates que había comprado hace años, antes de que la pandemia empezará, lucía tan delicado y apetitoso como siempre.

Con nerviosismo lo tomó en sus manos y miró el calendario, la última vez que se había comido uno de esos había sido en su cumpleaños, meses atrás, y de tan solo pensar que ese era el último de la caja le ponía los pelos de punta. Porque debido a la pandemia y el ataque alienígena, habían quedado confinados en sus casas viviendo de las provisiones básicas que el gobierno les daba, las cuáles nunca incluían bombones.

A pesar de que sus manos temblaban de la emoción, logró quitarle el envoltorio y apreció la belleza del chocolate por un momento, su color marrón oscuro le parecía inigualable. Luego se lo llevo a la nariz y lo olió, haciendo que su dulce y fuerte olor despertara aún más sus sentidos.

Sin embargo, se tomó un momento antes de llevárselo a la boca, porque quería estar segura de que estaba preparada para disfrutarlo y degustarlo al máximo, al no saber cuándo podría tener otro de esos.

Al sentirse lista, cerró los ojos y abrió la boca lentamente, pero mientras se llevaba el bombón a la boca...

- ¿Qué es eso, mami?

Su pequeño estaba parado en la puerta de la habitación mirándola lleno de curiosidad.

- ¡Ay! -gritó la mujer, pegando un brinco y casi soltando el bombón-. ¡Me asustaste, bebé! Esto es un chocolate, un dulce que comíamos y disfrutábamos hace mucho tiempo, incluso antes de que tú nacieras, -le explicó, mirando el bombón, luego a su hijo, luego al bombón de nuevo-. ¿Quieres probarlo? Es el último...

El pequeño asintió con la cabeza y corrió a donde estaba su madre, y arrancándole el bombón de la mano, muy egoístamente, se lo metió completo en su pequeña boquita en menos de un segundo.

Tan pronto lo saboreó, el rostro del niño se iluminó y con una gran sonrisa anunció:

- ¡Está delicioso! ¡Nunca había probado algo tan rico!
- Sí que lo es esta, -estuvo de acuerdo la madre, quien sintió el dulce sabor del chocolate en su boca a pesar de no haberlo probado.

Fin.

¡Feliz día de las madres 2020!

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domingo, abril 26, 2020

1375 - El Deseo (In)Mortal.

Sir Helder Amos | domingo, abril 26, 2020 |
Después de más de cuarenta años perdido en la cueva, el débil anciano se asomó por un pequeño agujero en una pared de barro y por fin la vio. La lámpara mágica reposaba en un pequeño pedestal a tan solo un metro dentro de la pared.

Con ayuda de su bastón, logró abrir un poco más el agujero, lo suficiente para poder meter su brazo y sacarla. Pero cuando lo hizo y agarró fuertemente con sus dedos el frío metal de la lámpara, sintió que la jalaban del otro lado, así que se aferró a ella y forcejeó con la fuerza enemiga.

Entre este jaleo la lámpara fue frotada y una espesa nube de humo negro salió de ella. Sin embargo, a pesar de que la nube lo cegó, lo ahogó y el anciano sintió que la cueva se le venía encima, no soltó la lámpara.

- ¿Quien osa a interrumpir mi sueño? -se escuchó una poderosa voz por toda la cueva.

Y mientras el eco retumbaba la pregunta, la nube se fue disipando, mostrando la escena.

- ¡Vaya, vaya! ¡Primera vez qué pasa esto! -exclamó la voz del genio, que tomó la forma de un hombre oscuro.

La pared que escondía la lámpara se había derrumbado, y en medio de la cueva estaba parado el anciano con su brazo estirado sosteniendo la lámpara por un lado, mientras que por el otro la sostenía un jovencito en la misma posición.

- Tendrán que dividirse los deseos, -dedujo el genio, ojeando a súper velocidad un pequeño libro que había hecho aparecer en sus manos-, no puedo conceder más de tres deseos a la vez, y como ambos frotaron la lámpara al mismo tiempo.

- Yo deseo -empezó a decir el anciano, con su arrugada y lenta voz- que me vuelvas...
- No te preocupes, anciano, -lo interrumpió el muchacho-, Yo solo tengo un deseo. ¡Genio, deseo ser inmortal!
- ¿Qué? -se preguntó el anciano, incrédulo.
- ¡Vaya, vaya! ¡Qué interesante! -exclamó el genio, tronando los dedos dramáticamente-. ¡Concedido!
- ¡Espera, no! -empezó a decir el anciano...
- Muchas gracias genio, y no se preocupe, anciano -lo interrumpió de nuevo el muchacho-, puede quedarse con los dos deseos que restan, mi inmortalidad es más que suficiente, así que hasta luego, bye, bye -añadió el muchacho, antes de darse media vuelta y perderse de vista en un santiamén.
- Espera... no, no sabes -lo intentó detener el anciano, demasiado tarde.
- Eso lo deja a usted con dos deseos -señaló el genio-, ¿que va a desear amo? ¿Juventud? ¿Dinero? ¿Virilidad?
- ¡Bah! Nada de eso, -espetó el anciano, con tono fastidiado-. Yo lo que deseo es ser mortal.
- ¿Cómo? ¿Qué? ¿Usted es inmortal? -apresuró las preguntas el genio, incrédulo.
- Sí, desde hace más de seiscientos años, -confesó el anciano-, ese pobre muchacho no sabe en lo que se ha metido. ¡Esto es una maldición!
- Sí que lo es, -estuvo de acuerdo el genio, soltando un suspiro-, pero al menos usted ha estado libre todos esos años.
- No te preocupes, yo te liberaré, solo deseo ser mortal, nada más, está larga vida me ha enseñado que cualquier placer o sufrimiento es momentáneo, tenerlo todo no lo hace a uno feliz y no tener nada no lo hace a uno sufrir menos, así que usare mi tercer deseo para liberarte.
- ¡Vaya! ¿En serio? -chilló el genio, emocionado-. Entonces ¿qué estamos esperando? Formalicemos sus deseos.
- Esta bien, -dijo el anciano, parándose firmemente ayudado de su bastón-. Genio, deseo volver a ser mortal.
- ¡Claro que sí! -exclamo, tronando los dedos-. ¡Concedí... ¿Qué?! ¡No! ¡Espere!

Desafortunadamente para el genio, tan pronto le concedió el deseo al anciano, este se convirtió en polvo y se desvaneció en el aire.

Fin.

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domingo, abril 19, 2020

1374 - Los Malos Consejos de una Prostituta

Sir Helder Amos | domingo, abril 19, 2020 |
Cuando la prostituta entró al baño para arreglarse el seno que se salía por el escote y retocarse el maquillaje que se le había chorreado de tanto sudar mientras bailaba en el tubo, se sorprendió al encontrar en el piso a una mujer llorando desconsoladamente.

- ¡Querida, ¿qué te pasa?! -le preguntó, tirando su maquillaje a un lado y lanzándose al piso junto a la extraña para abrazarla, - ¡¿Qué tienes?! ¿Qué te pasó?
- Nada, es solo que odio mi vida y no lo soporto más -confesó la extraña, sollozando-. Mi marido me es infiel, odio mi trabajo, siempre estoy sola en mi casa y no puedo mas, odio mi vida.
- ¡Ay, querida, lo siento mucho! -trató de consolarla la prostituta, sobándole la cabeza y desbaratándole el copete que tenía-. Mira, yo sé que no te conozco, pero por lo que me cuentas estás siendo infeliz por elección propia.
- ¿Qué dices?... ¡No entiendes!
- Sí entiendo, y entiendo perfectamente, tú tienes en tus manos la opción de ser feliz, si tu esposo te es infiel y eso te hace infeliz, pues divórciate y búscate un hombre que te respete. Si tu trabajo te hace infeliz, pues renuncia y búscate un trabajo que te guste así no sea tan oneroso, y con eso, a medida que empieces a ser más feliz con tu vida, empezarás a disfrutar incluso de la soledad.
- No es tan fácil...
- Sí, sí lo es, solo tienes que ajustarte bien la falda y hacer lo que sea mejor para ti -continuó la prostituta, pero mientras hablaba las puertas del baño se abrieron y tres mujeres bien copetudas entraron sin ser vistas ni oídas.
- ¿Sabes qué?... Tienes razón -acordó la extraña, secándose las lagrimas-. Si todo eso me hace infeliz... Tienes razón, dejaré a mi esposo y renunciaré a mi trabajo.
- ¡¡¡¿¿¿Qué???!!! -chillaron al unísono las tres mujeres que habían entrado.
- ¡Ay, amigas, están aquí! -exclamó la extraña al ver a las mujeres.
- ¿Cómo vas a dejar a tu marido? -le preguntó una.
- ¿Qué vas a hacer si renuncias a tu trabajo? -le preguntó otra.
- ¿Estás loca? ¿Qué va a decir la gente? -le preguntó la tercera.
- No sé... no había pensado en eso... yo solo quiero ser feliz y los consejos que esta mujer me está dando me parecen los más adecuados...
- ¡¡¡¿¿¿Y vas a seguir los consejos de una prostituta???!!! -exclamaron las tres al unísono.
- Yo... pues.. -balbuceó la extraña.
- Bueno... -empezó a decir la prostituta, soltando a la extraña y poniéndose de pie al escuchar todo esto-, yo solo te digo, querida... -continuó, mirándose en el espejo y arreglándose el seno que tenía fuera del escote-, que yo disfruto lo que hago y soy feliz en la vida.

Y sin decir más nada, la prostituta dio media vuelta y salió del baño, dejando a la extraña sola con sus tres amigas para que ellas le dieran mejores consejos que los que ella le había dado.

Fin.

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lunes, abril 13, 2020

1373 - La Primera y Última Cacería.

Sir Helder Amos | lunes, abril 13, 2020 |
- Así es, hijo... respira profundo... relájate... centra tu mirada... y ¡Dispara!

¡PUM!

- ¡Felicitaciones hijo! ¡Lo hiciste! ¡Cazaste tu primer pato! -celebró el padre, en medio del bosque, apuntando al animal que yacía muerto a unos metros de distancia.
- ¡¿Lo hice?! ¡¿En serio?! ¡No puedo creerlo! ¡Mi primera caza! ¡Estoy tan feliz! -celebró el joven.
- ¡Sí, lo hiciste hijo! Esta noche cenaremos bien gracias a ti. -lo felicito el padre, dándole un medio abrazo por los hombros-, ahora anda a recoger tu presa. Anda, ¡Ve por ella!

El muchacho se encaminó con una sonrisa, pero al llegar a donde estaba el pato, comenzó a llorar, porque a medida que caminaba, unos doce patitos salieron de alrededor de la víctima y la rodearon, graznando tan tristemente que apagaron el regocijo del muchacho.

- ¿Qué pasa, hijo? ¿Todo bien? -le preguntó su padre, acercándose al notar que tardaba mucho en regresar.
- Creo que maté a su mamá, -chilló el muchacho, señalando los patitos.
- Ay, hijo, como lo siento, pero no tienes porque llorar -trató de consolarlo su padre, tomándolo de nuevo por los hombros-. Los patitos van a estar bien, no tienes porque ponerte así, todo es parte de la naturaleza y la vida. Ellos crecerán y se convertirán en patos grandes y fuertes.
- Y luego, yo volveré a cazarlos cuando sean adultos-gimoteó el muchacho, sintiéndose atormentado por su conciencia.
- Bueno sí, pero ¿qué te puedo decir, hijo? Eso es parte de la naturaleza, nosotros no hicimos las reglas, ni somos los únicos que cazamos para comer, los leones también lo hacen, y los lobos, los zorros y un montón animales más. Así que no llores más, ¿sí?

El muchacho asintió con la cabeza y el padre, dedicándole una sonrisa se acercó al pato para recogerlo, pero cuando se puso de cuclillas para meterlo en la bolsa, uno de los patitos agarró una rama que había en el suelo con su pico y con una fuerza increíble apuñaló el pecho del hombre. Quien cayó boca arriba, escupiendo y ahogándose en su propia sangre por unos segundos antes de morir.

- ¡¡¡Papá!!! -gritó el muchacho horrorizado al ver lo que había pasado, e intento acercarse a él, pero el pato que lo había matado dio un saltito sobre el cuerpo del hombre con un pequeño aleteo y soltando la rama que sostenía con su pico, empezó a hablar imitando la voz de su padre.
- No te preocupes, vas a estar bien, todo esto es parte de la naturaleza, tu vida va a seguir y te convertirás en un hombre grande y fuerte, pero escucha mi advertencia, así como tú vas a crecer, yo también lo haré, así que si vuelves por este bosque a intentar cazarme o alguno de mis hermanitos...

Pero le muchacho salió corriendo antes de que el patito terminara su advertencia y desde entonces, más nunca volvió al bosque y prefiere trabajar duro para ganar dinero y comprar sus patos congelados en el supermercado.

Fin.

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miércoles, abril 08, 2020

1372 - Un Amor Fantástico.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 08, 2020 |
En medio de aquel restaurante lujoso, él se acercó a su oído y le susurró: “Te amo”. Sin embargo, ella, al escuchar esas palabras comenzó a llorar.

- ¡Tengo que decirte algo! -le dijo entre sollozos.
- ¿Si? Dímelo, pero no llores no me gusta verte así -le suplicó el hombre.
- No, aquí no puedo, además tengo que mostrarte o no me creerías, vayamos a un lugar más privado -sentenció ella, llorando-. Vamos a mi departamento.

Sin embargo, durante todo el camino ella no paró de llorar. Y cuando hubieron llegado ella lo invitó a pasar y que se pudiera cómodo.

- ¿Es verdad lo que me dijiste en el restaurante? -le preguntó ella, secándose las lágrimas.
- Sí, yo te amo -le aseguró.
- Entonces... tengo que mostrarte algo - dijo, desabrochándose el pantalón.
- ¿Qué haces, querida? ¡Yo no te dije que te amaba para esto! ¡Podemos seguir esperando hasta que estés lista!
- No, no es eso, si no que yo no he sido completamente honesta contigo -confesó ella, balbuceando.
- Pero, ¿qué es? ¿Dime? -suplicó el hombre, sufriendo tanto como ella al verla llorar.
- Es que yo no soy esto que ves.
- ¿Qué? ¿Cómo?
- Yo no soy esto -explicó ella, señalando todo su cuerpo-. Todo esto es una gran farsa. Una gran mentira.
- No entiendo, ¿a qué te refieres? -preguntó el hombre, palideciendo.
- Pues yo... no siempre he sido mujer... -confesó ella, sin parar de llorar, mientras se bajaba el cierre del pantalón-, mira...
- ¿Qué..? -preguntó el hombre, muy confundido y aterrado-. ¿Entonces..? ¡No me digas! ¡Detente! ¡No quiero ver! ¡No quiero saber!
- Por favor, yo también te amo, y necesito que sepas la verdad -continuó ella-. Mira...
- ¡No! ¡No! ¡No! -gritó el hombre, tratando de taparse los ojos.
- ¡Mira! -gritó de nuevo ella, quitándose los pantalones de un jalón y a medida que estos bajaban por sus piernas, una brillante luz resplandeció y al apagarse dejaban ver una brillante y escamosa cola de pescado-. ¡Soy una sirena!
- Ja, ja, ja, ¡una sirena! -celebró nerviosamente el hombre al verla-. ¡Solo eres una sirena! Ja, ja, ja.
- ¿Estás bien? - le preguntó ella, confundida al ver su reacción-. ¿No te molesta? ¿No vas a correr? Te veías tan asustado hace tan solo unos segundos.
- Ja, ja, ja, estoy bien querida, un poco impactado, je, je, y disculpa es que he pensado que eras algo peor que en verdad me ha aterrorizado pero, ¿una sirena? Eso no es tan malo, puedo vivir con eso, ademas, ahora puedo decir que mi amor por ti es fantástico.

Fin.

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miércoles, abril 01, 2020

1371 - La Vida Fácil de los Demás.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 01, 2020 |
Cuando regresaron al establo de dar un paseo con los amos, el caballo le dijo al poni.

- ¡Qué envidia! Tú si qué la tienes fácil, solo te montan niños. En cambio yo tengo que cargar con los adultos que son más grandes y más pesado.
- ¡Bah! Estas equivocado, - refutó el poni-. A pesar de que es cierto que los niños son más pequeños y menos pesado que los adultos, yo también lo soy. Así que lo tengo igual o aún más difícil que tú, porque a diferencia de los adultos, los niños no saben montar bien y casi todo el tiempo me patean y me jalan el pelo de la crin.
- Oh, cierto, discúlpame, yo pensé que los poni la tenían más fácil -se excusó el caballo-. Los que la tienen fácil son los caballos de carrera, porque sus jinetes siempre son pequeños y livianos.
- Ni tanto, -le aseguró el poni, un poco fastidiado-. Porque a pesar de que jinetes son livianos, ellos tienen que galopar a toda velocidad y eso es extenúante, si nosotros nos cansamos cuando salimos a marchar a paso ligero, imagínate ellos...
- Cierto, cierto, no había pensado eso... -acepto, el caballo, pensativo-, entonces ¿sabes quienes la tienen fácil?... ¡Los burros!
- ¡Ay ya cállate! -le espetó el poni, dejándolo solo y yéndose al otro lado del establo.

Fin.

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jueves, marzo 26, 2020

1370 - La Marioneta Libre.

Sir Helder Amos | jueves, marzo 26, 2020 |
Después de la presentación, el titiritero regresó a su habitación y colocó la caja con la marioneta en el alféizar de la ventana, mirando hacia la hermosa luna creciente que parecía sonreír, y luego salió a disfrutar la noche.

Pero mientras el titiritero estaba afuera, la marioneta empezó a llorar desconsoladamente mientras miraba el cielo estrellado, y un gato callejero que se paseaba por el tejado de las casas escuchó su llanto.

- ¿Estás bien? -le preguntó el gato, acercándose.
- No, no estoy bien, estoy cansado -se quejó la marioneta, que guindaba de las cuerdas atadas a la cruz de madera que reposaba sobre la caja-. Estoy cansado de que el maestro haga conmigo lo que se le venga en gana, todo lo que hago es porque es su voluntad y no lo mía. Él me hace bailar, me hace cantar, me hace llorar, me hace pelear, me hace reír, me hace amar, me hace sufrir, pero yo nunca pedí nada de eso, estoy cansado de que con solo mover sus manos tenga el poder de manipularme y me haga actuar  a su conveniencia solo para su entretenimiento y el de otros.
- ¡Vaya! No es fácil ser una marioneta -dijo el gato, sentándose a su lado.
- No lo sé, creo que el del problema soy yo -confesó la marioneta-. Mis demás hermanos están felices por que el maestro les da vida, sentimientos y acciones, pero yo... yo solo quiero ser libre.
- Lo siento mucho, ¿hay algo en que te pueda ayudar?  -se ofreció el gato, lamiéndose los bigotes.
- No, no lo creo... aunque... espera... Eres un gato, ¿no?
- Miau
- Entonces, quizás tú podrías liberarme, ¿crees que podrías usar tus filosas garras para cortar estas cuerdas que hacen que mi maestro me manipule?
- Sí podría, -respondió el gato-. Pero, ¿qué harás una vez que seas libre?
- ¡No lo sé! Nunca lo había pensado, pero seré libre, podré hacer lo que yo quiera cuando quiera -meditó la marioneta-. Entonces, ¿me ayudas?
- Claro, porque no...

El gato entonces levantó una de sus patitas y, al contraer los músculos de sus dedos, unas filosas garras florecieron, las cuales utilizó para cortar las cuerdas que ataban a la marioneta, primero cortó la que sostenía el pie derecho, luego siguió al brazo derecho, después saltó al otro lado y cortó la del pie izquierdo y brazo izquierdo, hasta que quedó solo una, desde la cual guindaba la marioneta por su cabeza.

- ¿Estás seguro de esto?  -le preguntó el gato, antes de cortar la última cuerda.
- Sí, por favor, libérame -aseguró la marioneta.

Acto seguido, el gato cortó la última cuerda y la marioneta se desplomó sobre el alféizar de la ventana y cayó sobre el techo de unas casas abajo de donde estaba con un gran estruendo que espantó al gato y lo hizo salir corriendo, dejándola olvidada.

Afortunadamente, la marioneta no sintió nada, pero cuando intento levantarse, descubrió que a pesar de ser libre, su cuerpo no tenía vida sin las cuerdas que le daban movimiento cuando su maestro las movía con sus manos. Así que permaneció allí, inerte y sin sentimientos, bajo el sol inclemente en los días de verano y cubierto de fría nieve durante el invierno, cuestionándose si esa era la libertad que tanto había soñado.

Fin.

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sábado, marzo 21, 2020

1369 - Entre Sapos Y Príncipes.

Sir Helder Amos | sábado, marzo 21, 2020 |
Cuando la Princesa regresó del estanque, llamó con urgencia a su criada para que la aseara, porque estaba despeinada y tenía el vestido y sus guantes llenos de barro.

- ¿Cómo le fue en su búsqueda? -le preguntó la criada mientras la desvestía.
- ¡Terrible! -se quejó la princesa-. Besé a todos los sapos del estanque y ninguno se convirtió en príncipe.
- Lo siento mucho -le dijo la criada-. Por cierto, su majestad, quizás hoy sea la última vez que la asista.
- ¡¿Qué?!
- Me voy del palacio.
- ¿Por qué? ¿No te sientes cómoda aquí? -le preguntó la princesa, tomándole la mano-. Pensé que éramos amigas.
- Sí, lo somos, su majestad, de hecho me duele mucho dejar el palacio, porque yo la quiero más que como una amiga, como una hermana. Pero... -empezó a balbucear la criada.
- ¿Qué pasa? -indagó la princesa, apretando más fuerte la mano de su criada.
- No sé si deba contarle esto, pero... me voy a casar.
- ¡Ay que maravilla! -se regocijo la princesa, agitando en sus manos la mano de la criada-. ¿Con quien? ¡Cuéntamelo todo!
- Con el príncipe del reino vecino -balbuceó la criada.
- ¿Qué...? Pero... ¿cómo?... -inquirió la princesa, soltando bruscamente la mano de su criada.
- Bueno, todo empezó cuando el príncipe vino a visitarla pero...
- Sin ofender, pero tú eres una plebeya, -la interrumpió la princesa, anonadada- ¿Por qué el príncipe te elegiría a ti y no a mi?
- Ay su majestad, discúlpeme, no pensé que la noticia le afectaría tanto.
- No entiendo, no entiendo -se repitió la princesa a sí misma.
- Sí me permite, su majestad, yo puedo explicarle.
- Por favor, ilumíname, -le suplicó la princesa-. Yo he pasado todos los días de mi vida visitando estanques y besando sapos para encontrar al príncipe de mi vida sin obtener resultados, mientras que tú, que te la pasas encerrada en el castillo limpiando y sirviendo, te has conseguido a un príncipe. ¡No lo entiendo!
Pero la criada guardó silencio.
- ¿No me ibas a explicar? -la apremió la princesa, con lágrimas los ojos,
- No es necesario, su majestad, usted acaba de hacerlo.

Fin.

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miércoles, marzo 18, 2020

1368 - La Mansión De Ensueño.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 18, 2020 |
-  Los pisos son de mármol -recalcó la vendedora de bienes raíces-. Las barandas de la escalera son de caoba con los pasamanos cubiertos en bronce. Mientras que todos los candelabros que guindan del techo son de oro puro. Los retratos de las paredes son de reconocidos artistas. ¡Ah! Y la piscina tiene calefacción.
- ¿En serio? Pero hay algo que no entiendo... si esta mansión es tan majestuosa, ¿por qué la están vendiendo tan barata?
- El dueño necesita el dinero y  quiere salir de ella lo más pronto posible -respondió la vendedora rascándose la nariz.

De pronto se escuchó una especie de sollozo por toda la casa.

- ¿Qué fue eso?
- Eh... a veces el viento, cuando pasa por las ventanas y puertas, hace ese ruido -explicó apresuradamente la vendedora.

Pero segundos después, todas las puertas y ventanas se cerraron de golpe.

- ¡¿Y eso?!
- Eh... este... el mismo viento cuando sopla muy fuerte cierra las puertas y ventanas -balbuceó la vendedora-. Por cierto, si firma el contrato hoy mismo le daremos un 10% de descuento -añadió.
- ¿En serio? No lo sé, esta muy linda la mansión, pero siento que hay algo más...
- ¡No hay nada! -bramó la vendedora-. Le daremos un 15% de descuento...

Pero mientras negociaba, se escuchó de nuevo el sollozo por toda la casa.

- ¿De nuevo? Pero... ¿cómo?... ¿Ese sonido no lo hacía el viento?
- ¡50% de descuento! -gimoteó la vendedora, al darse cuenta que habían descubierto su secreto.
- ¡La compro!
- ¿En serio? -le preguntó la vendedora, incrédula.
- ¡Sí!, dijiste 50% de descuento, ¿no?
- Sí, pero como puede ver, esta mansión está... -empezó a confesar la vendedora.
- Entonces la compro, no puedo perder esta oportunidad. ¡Siempre he querido una mansión embrujada!

Fin.

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miércoles, marzo 11, 2020

1367 - La Migración Invernal.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 11, 2020 |
- ¡Otro piña colada! -exclamó el gringo, mientras abanicaba su rostro colorado con un gigantesco ventilador de papel- ¡muy fría, por favor, muy fría! -añadió, secándose el sudor de la frente y poniéndose cómodo en su hamaca mientras pensaba, con una sonrisa, como decir “el mejor invierno de mi vida” en español.

Fin.

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martes, febrero 18, 2020

1366 - El Demonio Perdido

Sir Helder Amos | martes, febrero 18, 2020 |
Las puertas de la iglesia se abrieron de golpe y por ellas entró un pequeño demonio morado. Quien, asombrado por el esplendor de la casa de Dios, tomó un lugar en la banca más cercana y se sentó para admirar mejor la belleza del lugar.

La cabeza cornuda del pequeño demonio no paraba de subir, bajar  ni de girar a los lados mientras este dirigía su mirada del deslumbrante piso de mármol, a las hermosas pinturas colgadas en las paredes, al bello candelabro de oro que guindaba del techo, a las brillantes telas que cubrían al altar y a los olorosos ramos de rosas que habían por todo el lugar.

- ¡Fuera demonio! -gritó el cura, saliendo de detrás de unas cortinas del fondo de la iglesia-. ¡Parece que has perdido tu camino!
- ¿Perdido yo? -refutó el demonio, burlándose y  acostándose en la banca en la que estaba sentado-. Todo lo contrario, al fin siento que he encontrado mi lugar.
- ¡¿Cómo te atreves?! -bramó el cura, acercándose al demonio con paso fuerte.
- En las puertas de este hermoso lugar, hay hombres que no pueden entrar por andar descalzos, mujeres que les impiden el paso por estar semidesnudas y jóvenes que tienen prohibida la entrada por actuar extraño y oler a tabaco -explicó el demonio, estirando una mano al ramo de rosas que tenía más cerca para sacar una y llevársela a su nariz-. Este lugar me gusta -añadió, antes de pegarle un mordisco a la rosa-. Es exquisito... como yo.
- ¡Blasfemia! -exclamó el cura, corriendo hacia el demonio para reprenderlo. Pero cuando llegó hasta donde él estaba, lo encontró profundamente dormido. Y al verlo dormir tan plácidamente como un angelito, su corazón se enterneció y lo arropó con su sotana para que no sintiera frío.

Fin.

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lunes, febrero 10, 2020

1365 - La Mejor Terapeuta.

Sir Helder Amos | lunes, febrero 10, 2020 |
Cuando llegó a casa, después de su primer día de trabajo, volvió a sonreír al ver a su esposo parado en medio de la sala con una botella y copa de vino en una mano, y un paquete de sus cigarrillos favoritos en la otra.

- ¡Sorpresa! - le dijo, señalando con sus manos llenas el título que  había guindado en la pared-. Lo enmarqué; para que puedas verlo a diario y recordar que todo tu esfuerzo valió la pena. ¿Cómo estuvo tu primer día?
- ¡Terrible! -se quejó la mujer, arrebatándole el paquete de cigarrillos y encendiendo uno-. Hoy tuve cinco clientes, una más loca que la otra.
- ¿Mujeres, todas? -le preguntó su esposo, sonriendo, mientras le servía una copiosa copa de vino.
- ¡Gracias! Sí, mujeres todas. La primera, fue una mujer histérica: gritaba, reía estruendosamente y de pronto se quedaba callada, pero repentinamente comenzaba a gritar de nuevo, fue una locura y lo peor es que era tan escandalosa que no entendía ni una palabra de lo que me decía.
- ¿Y las demás? -le preguntó su esposo, viéndola con una gran sonrisa en su rostro-. Me dijiste que una fue más loca que la otra.
- Sí, -afirmó, tras aspirar su cigarrillo y tomar un poco de vino-. La segunda fue una mujer depresiva, suicida, se quería matar porque la dejó el esposo. Durante el tiempo que la atendí, sentía que me robaba mi felicidad.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, sí, ya lo estoy. La tercera cliente me hizo olvidar todo el sufrimiento de la anterior, -continuó la mujer, fumando y bebiendo mientras relataba su día-. Fue una mujer obsesiva compulsiva, interrumpía la sesión cada 5 minutos para aplicarse antibacterial en las manos, porque le daban miedo los gérmenes.
- ¡Ja, ja! Un poco parecida a ti, ¿no?
- A mi me gusta la limpieza, pero no al extremo... Pero bueno, la cuarta fue una esquizofrénica, desde que esa mujer llegó, empezó a hablar de hadas, energía y las cosas que ella veía y que nadie más podía ver.
- Bueno, una mujer sensitiva...
- Sensitiva no, una loca, una bruja -sentenció la mujer, aspirando su cigarrillo.
- ¡Ja, ja, ja! ¿Y la última? ¿Tu quinta cliente?
- ¡Oh! Mi última cliente me dio mucha pena, una mujer con muchos problemas de autoestima a pesar de ser ridículamente hermosa, casi ni hablaba, solo balbuceaba murmullos y se escondía detrás de su brillante, lacio y largo cabello negro.
- Ah, pero esa no estuvo tan mal, ¿o sí?
- Me sentí apenada por ella, la verdad -confesó la mujer, mirando fijamente el título que su marido había colgado en la pared.
- ¿Todo bien? -le preguntó el hombre, al verla ensimismada.
- Oh, sí, disculpa querido, solo pensaba... ... ...  si hubiera sabido que esto iba a ser así, hubiera estudiado psicología en vez de estética y manicura. Esas mujeres se desahogan conmigo como si yo fuera su terapeuta.
- ¡Ahhh! -exclamó su esposo-. Pero te apuesto que si hiciste tu trabajo bien eres mejor que cualquier psicólogo en el mundo, porque te aseguro que cuando esas mujeres salieron del spa, lo hicieron sintiéndose más bellas, seguras y confiadas en sí mismas que tras visitar a cualquier psicóloco que usualmente solo las dejaría confundidas y llenas de dudas e interrogantes sin contestar, y eso, mi amada manicurista, te convierte en la mejor terapeuta.

Fin.

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sábado, febrero 08, 2020

1364 - El Aullido del Lobo Solitario.

Sir Helder Amos | sábado, febrero 08, 2020 |
A pesar de que siempre se había llamado a sí mismo un lobo solitario, esa noche en particular la soledad en su vida le estaba cobrando factura. Así que decidió tomar un paseo nocturno para apaciguar sus sentimientos.

Mientras caminaba por el parque, notó que la atractiva luna llena parecía más grande y brillante que siempre, y en un pequeño momento de locura, se puso las manos alrededor de la boca y aulló con todas sus fuerzas, tratando de expresar y exteriorizar la soledad que lo atacaba, como si fuera un lobo. Un lobo solitario.

“¡Estoy loco!” Pensó, sonriendo. “Loco y solo en este mundo...” Reflexionó, a medida que la sonrisa se borraba de su rostro. Pero de pronto, antes de que pudiera volver a al estado taciturno en el que se encontraba, escuchó a los lejos...

Auuuu

Y su sonrisa se re dibujó en su rostro.
Fin.

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