martes, abril 16, 2019

1312 - Tecnología de Punta.

Sir Helder Amos | martes, abril 16, 2019 |
- Hijo, ¿puedes pasarme la linterna? -le preguntó, sacando la mano de debajo de la alacena.
- ¡Aquí está! -respondió el muchacho enseguida, pasándole su teléfono.
- ¡¿Qué es esto?! ¡Te dije la linterna! -gritó el padre, enfurecido-. ¡No tu teléfono!
- Papá, mira, mi teléfono tiene una aplicación de linterna, solo enciéndela y… ¡listo! Ahí tienes.

Entre gruñidos, el hombre usó el teléfono como linterna y se lo devolvió al muchacho, pero un minuto más tarde:

- Hijo, pásame el metro, por favor -pidió, sacando la mano de debajo de la alacena.
- ¡Aquí está! -anunció el joven, pasándole de nuevo su teléfono.
- ¿De nuevo tu teléfono? -bramó el padre-. ¡El metro, necesito el metro!
- Papá, no te pongas así, con la nueva tecnología de punta puedes usar la cámara del teléfono para medir, es muy útil y más fácil de usar que el metro, solo tienes que abrir esta aplicación y… ¡listo! Ahí tienes el metro.

Entre más gruñidos, el hombre usó el teléfono para medir y se lo devolvió a su hijo, pero de nuevo, un minuto más tarde:

- Hijo, pásame... -empezó a decir pero se quedó callado de pronto.
- ¿Qué necesitas papá?
- Tu teléfono, -dijo el hombre, sacando la mano de debajo de la alacena-. Pásame tu teléfono.
- Aquí está, papá, ¡qué bueno que estás aprendido a usarlo! -exclamó el muchacho, pasándole el teléfono con una gran sonrisa.

Pero unos segundos más tardes, la sonrisa del joven se desvaneció cuando escuchó un fuerte PUM, PUM, CLINK, CRACK.

- ¡Papá! ¡¿Qué estás haciendo?! -gritó el muchacho, tan pálido como un fantasma.
- Lo siento, hijo, pero tu tecnología de punta y esa aplicación de martillo que tiene no sirve, se rompió tu teléfono -anunció el hombre, lanzándole el teléfono destrozado desde debajo de la alacena.

Fin.

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viernes, abril 12, 2019

1311 - La Calma Durante la Tormenta.

Sir Helder Amos | viernes, abril 12, 2019 |
La despiadada tormenta se acercaba, con vientos huracanados, granizo, ensordecedores truenos y brillantes relámpagos que caían en la tierra. Se llevaba todo a su paso, hasta los árboles más viejos y fuertes eran arrancados de raíz y los cimientos de las casas temblaban.

De pronto entre todo el caos, se escuchó una voz:
- ¡Entren! ¡Es peligroso! ¡Esta tormenta es apocalíptica!

Pero los novios que estaban sentados fuera del refugio mirando la tormenta, no la escucharon.
- Esta calma... esta calma que siento cuando estoy contigo es indescriptible.
- ¡Lo sé! Nunca me había sentido tan en paz.

Fin.

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jueves, abril 11, 2019

1310 - La Oveja Dálmata.

Sir Helder Amos | jueves, abril 11, 2019 |
Cada vez que hacía una travesura o cometía un error, una mancha negra le salía en su brillante lana blanca. Pero, a pesar de los comentarios que escuchaba del resto del rebaño sobre su pelaje manchado y sobre si era una buena o mala oveja, le enorgullecía tener sus manchas porque cada una de ellas representaba una gran historia que contar, mientras que el resto de las ovejas blancas solo podían limitarse a escuchar.

Fin.

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sábado, abril 06, 2019

1309 - El Psicópata Infeliz.

Sir Helder Amos | sábado, abril 06, 2019 |
- ¡Ya no sé qué hacer para ser feliz! -se quejó el hombre, desde el diván.
- Para ser feliz solo tienes que aprender a escuchar esa vocecita dentro de tí -le dijo el psicólogo, en un tono monótono, sin quitar la mirada de su bloc de notas-. Sé que muchas veces es difícil escucharla, pero cuando aprendas a indentificarla, esa vocecita te dira que hacer, y cuando la obedezcas, descubrirás que eso te hará feliz.
- Yo escuchó esa voz -dijo el hombre, soltando un suspiro-. Pero no puedo hacer lo que me dice...
- ¿Por qué? ¿Por lo que pensará tu familia? ¿La sociedad? -le preguntó el psicólogo, en el mismo tono, sin mirarlo-. Lo único que importa es lo que nosotros pensamos, si hacemos lo que queremos y eso nos da felicidad, no importa lo que digan los demás.
- No, nada de eso -balbuceó el hombre, mirando por todos lados-. No sé si deba decirle esto… pero esa vocecita dentro de mí me dice que lo mate aquí y ahora, que los mate a todos, porque odio la humanidad y quiero destruirla.
- ¡Oh! -exclamó el psicólogo mirando por primera vez a su paciente, sorprendido y asustado-. En ese caso, -añadió nerviosamente-, no escuche esa vocecita molesta, y enfoquemos las consultas en aprender a vivir una vida infeliz. Que no es tan malo después de todo, porque es la forma de vivir predilecta de la humanidad.

Fin.

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miércoles, abril 03, 2019

1308 - El Tsunami de Amor.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 03, 2019 |
- ¿Por qué no me miras a los ojos?
- Disculpa, no puedo, me dan miedo.
- ¿Cómo dices?
- Tus ojos azules me recuerdan al océano. Y me da miedo el océano.
- ¿Por qué? El océano es hermoso, oculta grandes misterios...
- Igual que tus ojos...
- Pero solo por eso no tienes por qué temer al océano ni a mis ojos. Estoy seguro de que ambos seríamos incapaces de hacerte daño.

Pero, al final, la gran ola arrasó, se llevó todo a su paso y no dejó nada.

Fin.

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lunes, marzo 25, 2019

1307 - Fronteras Imaginarias.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 25, 2019 |
Acarició la pantalla de su teléfono con una delicada sonrisa en su rostro y se quedó viéndolo embelesada.

- ¿Alo, alo? ¿Me ves? ¿Me oyes?
- Sí, sí, sí, -respondió, volviendo en sí-. Te veo y te escucho claro -añadió, sintiéndolo cerca a pesar de la distancia.

Fin.

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miércoles, marzo 20, 2019

1306 - La Cita a Ciegas.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 20, 2019 |
Al caer contra el frío y duro piso desperté, intenté gritar pero tenía la boca tapada, además, no podía ver nada, mis ojos estaban vendados. Tampoco podía moverme, mis manos y pies también estaban atados.

- ¡Quédate quieta! -me gritó una voz masculina.

Le hice caso, tenía todas las de perder, así que lo más prudente fue obedecer. Pero a medida que el tiempo pasaba mis sentidos del oído y del osfalto se intensificaron. Por el aroma a tierra pude deducir que me encontraba en un tipo de montaña, y por el sonido de los pasos y las voces que escuchaba, calculé que habían unas 12 o 13 personas caminando a mi alrededor.

Sentía sus pasos cerca, y creo que estaban dibujando algo a mi alrededor, porque escuchaba una especie de tiza deslizarse por las piedras del piso.

De pronto se hizo silencio y, al parecer, por el sonido de sus pasos, todos tomaron sus posiciones alrededor de mí. Luego, escuché un cántico y la voz del hombre que me había gritado empezó a recitar una especie de oración en un lenguaje que nunca había escuchado.

Al finalizar su canto, ahogué otro grito de terror, porque sentí un calor abrazador y una intensa luz roja se coló por lo que tapaba mis ojos. Segundos después, sentí un olor a azufre tan fuerte que casi me ahogaba.

La luz que se colaba por el vendaje de mis ojos se desvaneció y con ella también se fue el calor. Pero lo que escuché después me aterró: un gruñido seguido por el sonido de dos pezuñas caminando alrededor de mí me dejó petrificada.

- ¿Es ella? -preguntó una voz gutural que no parecía de este mundo.

Nadie respondió y mi corazón empezó a latir muy aceleradamente a medida que escuchaba las pezuñas pararse junto a mí. Pero luego mi corazón se detuvo súbitamente, cuando sentí unas cálidas y suaves manos deslizarse por mi pierna.

- ¡TIENE MIEDO! -rugió enfurecida la bestia o lo que sea que fuese.

La escuché dar un par de vueltas a un paso muy rápido alrededor de mi, luego se volvió a parar a mi lado y el intenso olor azufre que emanaba casi me hizo perder el conocimiento.

Ahogué otro grito al sentir como una uña muy gruesa, quizás una garra, se deslizaba por mi mejilla hasta llegar a mi boca y, sin detenerse, cortó el pedazo de tela que me tenía amordazada.

- Puedo cumplirte todo lo que desees -me susurró la espectral voz en mi oído-. ¿Qué deseas?

No pude responder, estaba muy aterrada así que me limité a negar frenéticamente con la cabeza, a pesar de que me golpeaba con el piso cada vez que lo hacía.

- ¡INÚTILES! -rugió la voz y la misteriosa luz roja volvió a colarse por mi vendaje.

Lo qué pasó después me aterró, porque volví a sentir el calor abrazador y, esta vez, escuché a las personas gritar de dolor mientras pedían perdón y clemencia. No sé que les pasó, pero sus gritos desgarradores me pusieron a temblar ahí en el piso.

De pronto, como había comenzado, todo se calmó, el olor a azufre se esfumó y las voces desaparecieron, solo se escuchaba el sonido de la naturaleza. Pero no me atreví a moverme, por temor a que siguieran allí.

Después de unos minutos de silencio, me senté y con los dientes pude liberarme las manos, seguido los ojos y los pies. Al levantarme miré a mi alrededor, mi ofalto no me había mentido, estaba la cima de una montaña, pero a parte de mi no había más nadie en aquel lugar.

Di un par de vueltas por el lugar buscando algún rastro que me explicara que había pasado, pero no conseguí ninguno. No habían marcas en el piso, ni huellas, nada. Al parecer, estaba sola en aquella montaña.

De la nada se escuchó una bocina y pegué un brinco. Al darme la vuelta vi a un taxi acercarse.

- Su Uber está aquí, señorita -gritó el taxista.
- Yo... yo no pedí ningún Uber -balbuceé.
- Su cita lo hizo -explicó el hombre-. Y también le mandó flores -añadió, señalando con la cabeza un ramo de rosas blancas que tenía en el asiento trasero.

Confundida y al no tener más opción para salir de ese lugar me monté en el taxi. Tomé el ramo de rosas y las olí, olían a azufre. Y para mi sorpresa dentro de ellas había una nota que decía: “Lo siento si te asusté, si algún día cambias de opinión me gustaría hacer todos tus deseos realidad”.

Fin.

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lunes, marzo 18, 2019

1305 - El O.V.N.I.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 18, 2019 |
- ¿Qué es eso? -se escuchó un graznido de horror en el gran árbol.
- ¿Qué? ¿Dónde? -preguntaron varias voces, entre trinos y gorjeos.
- Arriba, en el cielo, ¡Miren!

Al alzar la mirada, todos vieron aquel misterioso objeto surcando el cielo.

- ¡Un O.V.N.I! -gorjeó la voz horrorizada.
- ¡Aliens! ¡Nos invaden! -gritaron las otras voces, aterradas, haciendo un gran escándalo.
- ¡SILENCIO! -ululó enojado el viejo búho, saliendo del hueco en el que dormía en el gran árbol-. ¡Cálmense! Eso no es un O.V.N.I. ni mucho menos una invasión alienígena -explicó, rascándose los ojos con sus plumas-. Eso es solo un avión -continuó, girando la cabeza, pero al ver el estado de confusión de todas las demás aves que vivían en el gran árbol añadió-, una invención de los humanos para poder volar como nosotros.
- ¡Ahhh! -exclamaron muchas aves al unísono.
- Ahora, por favor, hagan silencio, que me gustaría poder seguir durmiendo -ululó el viejo búho, metiéndose de nuevo en su hueco.

Fin.

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miércoles, marzo 06, 2019

1304 - El Bebecito de Mamá.

Sir Helder Amos | miércoles, marzo 06, 2019 |
- ¡Eso era de él!, ¿Puedo...? -preguntó la dama vestida de negro, señalando y acercándose al delicado osito de peluche que estaba enredado en el alambre de púas que resguardaba la celda isolada de alta seguridad.
- No, señora, eso forma parte de la evidencia -respondió el oficial con un gruñido.
- ¿Sabe cómo llegó ahí?
- El prisionero lo lanzó desde su celda.
- ¿Por qué? ¿Qué pasó?
- Después de que el prisionero leyó la sentencia del juez, se volvió loco y empezó llorar, patalear y a auto agredirse. Fue horrible, sus gritos, el sonido de los golpes de su cabeza contra la pared...
- ¿Y por qué no lo detuvieron? ¡Él solo era un niño! -lo interrumpió la mujer, secándose las lágrimas con un pañuelo blanco.
- El prisionero tenía 37 años, señora, no era un niño. ¿Está segura de que es su familiar?
- Sí, soy su madre -respondió la dama, soltando un gemido-. ¿Por qué no lo detuvieron? -repitió-. Si alguien hubiera entrado en su celda se hubiera calmado y no se hubiera...
- El prisionero esperaba la muerte de todas maneras, señora,  así que no se haga muchas ilusiones, ¿o cree que los 307 asesinatos que cometió le serían perdonados?
- No lo sé, quizás, el era un buen niño -balbuceó la dama, mirando el osito de peluche con melancolía.

Fin.

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lunes, marzo 04, 2019

1303 - Abrazos Aleatorios.

Sir Helder Amos | lunes, marzo 04, 2019 |
Cuando nos conocimos, me sentía triste, así que me sorprendí cuando me abrazó fuertemente y me hizo sentir mejor. Al preguntarle por qué lo había hecho, me dijo que le gustaba dar Abrazos Aleatorios.

Desde entonces, como si supiera, cada vez que me sentía triste llegaba con un Abrazo Aleatorio que me robaba mi tristeza. Y a pesar de que cada vez que lo hacía le preguntaba por qué lo había hecho, siempre me respondía lo mismo, que era porque le gustaba dar abrazos aleatorios, pero yo nunca le creí, porque para mí cada uno de sus abrazos fueron oportunos.

Fin.

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jueves, febrero 28, 2019

1302 - La Pesadilla del Escritor.

Sir Helder Amos | jueves, febrero 28, 2019 |
- ¡No se me ocurre nada! -gritó, arrugando la hoja de papel en blanco y lanzándola a la papelera-. ¡Me rindo!

Sin embargo, un par de minutos más tarde, metió la mano en la papelera y sacó la hoja en blanco. Luego, hizo lo que pudo para estirarla y se quedó mirándola fijamente. Tamborileando el escritorio con el lápiz que tenía en la mano, estaba determinado a cumplir su sueño, pero después de un largo rato...

- ¡No se me ocurre nada! -gritó, arrugando la hoja de papel en blanco y lanzándola a la papelera-. ¡Me rindo!

Sin embargo, un par de minutos más tarde...

Fin.

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lunes, febrero 25, 2019

1301 - La Lección del Charlatan.

Sir Helder Amos | lunes, febrero 25, 2019 |
Mientras veía como cubrían con tierra el ataúd de su mejor amigo, pensó que esa era todo y, en su tristeza por haberlo perdido, empezó a hablar sobre él sin medir sus palabras, así que en el pequeño discurso que dio reveló sin querer todo los secretos del difunto.

Luego, cuando cayó en cuenta de lo que había dicho, se sintió culpable y lo único que pudo tranquilizarlo era que ambos habían prometido guardar sus secretos hasta la muerte, así que se dijo que, como su mejor amigo ya estaba muerto, había cumplido su palabra.

Sin embargo, esa noche, mientras dormía plácidamente, un ruido muy fuerte lo despertó a las 3 de la mañana. La puerta se había abierto de un plomazo. Asustado, se sentó en la cama y, sintiendo un escalofrío, la sabana con la que estaba arropado salió volando por la ventana como si le hubieran dado un jalón, justo como solía despertarlo su amigo cuando estaba en vida.

- ¡Aaaaaah! -gritó, palideciendo-. ¡Lo siento! -se disculpó, llorando de miedo y de culpa, convencido de que su amigo había vuelto para vengarse por haber roto su promesa-. ¡De verdad! ¡Fue un accidente! ¡Recuerda que mi mayor problema siempre ha sido hablar de más!

De pronto, la puerta se cerró fuertemente haciendo un gran estruendo y reinó la calma de la noche nuevamente.

Desde entonces, comprendió que era hasta su muerte que tenía que guardar los secretos de sus amigos y no la de ellos.

Fin.

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viernes, febrero 22, 2019

1300 - La Prueba de Fe.

Sir Helder Amos | viernes, febrero 22, 2019 |
Desde que el Padre de la iglesia vio por primera vez a aquel hermoso jovencito escuchando la palabra de Dios, fijó toda su atención en él, porque sintió que sería muy especial, en parte porque parecía un ángel con sus brillante ojos azules y cabello ondulado dorado.

De tal forma, un par de semanas más tarde, cuando el jovencito expresó sus deseos de volverse monaguillo de la iglesia, el Padre lo aceptó inmediatamente.

El jovencito hacía su trabajo de monaguillo de forma impecable, además estudiaba la biblia y cada vez que podía se inmiscuía en los asuntos de la iglesia para ayudar al Padre. Así que un domingo, después de misa, no fue una sorpresa cuando el jovencito se acercó al Padre y le dijo:

- Padre, me gustaría poder ayudarlo aún más, ¿hay alguna forma en la que pueda hacerlo?
- Hay una -respondió el Padre, pensativamente-. Pero no estoy seguro si estás listo para eso, porque es una gran prueba de fe.
- ¡Sí lo estoy, Padre! ¡Pruébeme!
- ¿Estás seguro?
- ¡Sí, Padre! ¿De qué se trata?
- No puedo decírtelo, -dijo, mirando el reloj-. Pero si quieres hacerlo, prepárate que se hará tarde.
- ¿Qué? ¿Ahora?
- Sí, ahora -respondió el Padre-. Si te animas, te veo en cinco minutos en la parte trasera de la iglesia.

El jovencito, ni siquiera dudó y, emocionado, se cambió su traje de monaguillo rápidamente para irse a encontrar con el Padre.

En la parte trasera, el Padre lo esperaba montado en su camioneta.

- ¿Iremos a algún lado? -preguntó el Jovencito.
- Sí, ¿estás preparado?
- Sí, -respondió el jovencito, montándose en la camioneta-, ¿esto forma parte de la prueba de fe?
- Sí, lo que me recuerda, -dijo el Padre-, esto tiene que queda en secreto, nadie puede saberlo, ¿entendido?
- Está bien... -balbuceó el jovencito, sintiéndose un poco extraño por toda la confidencialidad del Padre-. ¿A dónde vamos?
-  Ya lo verás.

Inmediatamente se pusieron en marcha, y tras varios minutos de viaje,  el jovencito empezó a ponerse más y más nervioso, porque notó que se estaban dirigiendo a la parte más peligrosa y fea de la ciudad, además, el Padre se mantuvo en silencio durante todo el trayecto, aprovechando cada luz roja que de los semáforos para mirarle y sonreírle.

- ¿Estás seguro de esto? -le preguntó el Padre, cuando finalmente estacionó la camioneta en una calle desierta abarrotada de montones de basura.
- Ya no estoy tan seguro -respondió, el Jovencito, tragando en seco.
- No tengas miedo, estás conmigo -trató de calmarlo el Padre, agarrándole la mano y apretándosela fuertemente.

Los dos se bajaron de la camioneta y, al ver lo nervioso que estaba el jovencito, el Padre le ofreció su mano, la cual este tomó inocentemente y caminaron por la calle abandonada.

- ¿De qué trata la prueba? -preguntó el jovencito, aterrado, mirando a toda su partes.
- Ya lo verás -respondió el Padre-. Pero antes tienes que volver a prometerme en nombre de Dios que no le dirás a nadie y que será un secreto entre tú y yo, porque si la gente se entera, podríamos tener problemas.
- ¿A dónde vamos? -preguntó el Jovencito que se había puesto muy pálido.
- Allí -respondió el Padre, señalando con su dedo el sucio y desaliñado edificio que estaba al final de la calle, el cual tenía un aviso medio caído que indicaba que era un Motel.

Al ver esto, el Jovencito, intentó soltarse de la mano del padre, pero este no lo dejó, al contrario, le apretó fuertemente la mano y lo jaló para detenerlo con su cuerpo y abrazarlo.

- No tengas miedo, todo va a estar bien -le susurró al oído.

Pero el Jovencito, aterrado, usó toda su fuerza y, zafándose del abrazo del Padre, huyó corriendo por la calle.

Segundos después, un hombre vestido de mujer salió del motel y viendo al jovencito desaparecer a la distancia se acercó al Padre y le dijo:

- Otro que huye, ¿eh?
- Sí, -respondió, decepcionado-. Ya no sé qué hacer para traer voluntarios a esta zona, Jesús no discriminaba a nadie, él era amigo de todos: pobres, prostitutas, pecadores, ¡de todos!
- ¡Vamos, Padre! No se culpé a usted, es la sociedad -dijo la mujer, dándole una palmaditas en el hombro-. ¿Vamos a dentro? -le preguntó, al ver que el Padre estaba sumido en su gran decepción- Todas estamos esperando la palabra de Dios y el sermón de esta semana.

Fin.

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