jueves, agosto 15, 2019

1342 - El Alcohólico NO Anónimo.

Sir Helder Amos | jueves, agosto 15, 2019 |
- ¡¡¡QUIERO BEBER!!! ¡¡¡NECESITO ALCOHOL!!! -gritó, en frente de todos, sin importar lo que pensaran ni lo que dijeran.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


lunes, agosto 12, 2019

1341 - La Silla del Jefe

Sir Helder Amos | lunes, agosto 12, 2019 |
La oficina estaba sola y bajo un haz de luz que entraba por la ventana estaba la silla del jefe, que parecía brillar con todo su esplendor. Todos los hombres que se han sentado en ella han liderado la oficina con inteligencia. Por eso sale a brote la pregunta: ¿la silla hace al jefe o el jefe a la silla?

Si bien es cierto, la silla del jefe es solo un objeto, así que probablemente solo sea un instrumento afortunado en el cual solo los hombres más sabios se han sentado. Aunque, también es posible que esta silla posea inteligencia y que use a los hombres que se sientan en ella para transmitir sus conocimientos y tomar buenas decisiones. Quizás es por eso que sea tan deseada en la oficina y muchos sueñen con sentarse en ella. Porque, a pesar de que todas las sillas de la oficina son iguales: misma marca y mismo modelo, la silla del jefe tiene un no sé qué que la hace diferente.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


viernes, agosto 09, 2019

1340 - El Paso del Hombre.

Sir Helder Amos | viernes, agosto 09, 2019 |
Un día cualquiera un hombre salió a pasear, en su camino se encontró con un hermoso rosal lleno de brillantes rosas rojas y enamorado de su aroma, las cortó, hizo un bouquet y siguió su camino.

Más adelante se encontró con un vid, del cual guindaban varios racimos de suculentas uvas. Al verlas sintió hambre, así que se detuvo y comió y comió, hasta que no dejó ninguna.

Luego, el hombre siguió andando, hasta que tropezó con una gallina que estaba empollando tres huevos y, pensando en el desayuno del día siguiente, los agarró y los guardó cuidadosamente entre las rosas. Sin embargo, antes de seguir su camino, el hombre se quedó pensando un momento y, tras asentir, también agarró la gallina y se la metió abajo del brazo.

El hombre siguió marchando, recolectando todo lo que podía a su paso, hasta que se cansó y cuando volteó la cabeza para mirar el camino de regreso, descubrió que se había convertido en un desierto.

Ese es el paso del hombre por la tierra.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


miércoles, agosto 07, 2019

1339 - La Carriola Azul.

Sir Helder Amos | miércoles, agosto 07, 2019 |
Cuando la mujer vio a llegar a su esposo con una hermosa y extravagante carriola azul, se enojó y le preguntó enfurecida:

- ¿Por qué la compraste azul? ¡Si te dije que va a ser niña! ¡NI-ÑA! ¡Tenias que haberla comprado rosada, o ¿acaso no me escuchaste cuando te dije que sería niña?
- Shh, shh, cálmate querida, yo te escuché cuando me dijiste que nuestra bebé será niña.
- ¡¿Entonces por qué compraste la carriola azul?!
- Mi Amor, porque yo soy el que la va a sacar a pasear en la carriola y yo soy hombre, ¡no voy a andar por el parque con una carriola rosada!

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


lunes, agosto 05, 2019

1338 - La Vida Extra.

Sir Helder Amos | lunes, agosto 05, 2019 |
De pronto, mientras madre e hijo esperaban que la luz del semáforo cambiara, el niño empezó a gritar y patalear en la parte trasera del vehículo.

- ¡¿Qué te pasa?! ¡¿Estás bien?! -Lo cuestionó su madre, preocupada, mirándolo por el espejo retrovisor.
- ¡Se me acabaron las vidas! -chilló el pequeño-. ¡Necesito una vida extra!
- ¡¿Una vida extra?! -le preguntó su madre irónicamente-. ¡Lo que necesitas es UNA VIDA! -sentenció-. ¡A ver, dame esa tablet! ¡No jugarás más con ella por una semana!
- ¡Pero mamá! ¿Por qué? -protestó el pequeño-. ¡No es justo! ¿Y ahora con qué voy a jugar?
- Si quieres jugar, tendrás que hacerlo con los niños de la cuadra. A ver si así consigues la vida extra que tanto necesitas.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


viernes, agosto 02, 2019

1337 - La Fuente de la Felicidad.

Sir Helder Amos | viernes, agosto 02, 2019 |
Había una vez un viajero que, en una de sus tantas travesías, encontró a un viejo moribundo en un camino desolado. Él viajero trató de ayudarlo, pero el viejo ya había aceptado que era su hora de morir. Sin embargo, ante la insistencia del viajero de brindarle ayuda, el viejo le dio un mapa y le reveló su más grande secreto.

- ¡Anda! ¡Ve y disfruta! Ya yo voy de salida en este mundo, pero tú eres un buen hombre, así que espero que tengas una vida muy feliz; pero no le reveles mi secreto a nadie, porque de lo contrario serás muy infeliz -le advirtió el viejo antes de morir.

El viajero esperó a que el viejo muriera y lo enterró al lado del camino. Luego, sacó el mapa y se dirigió al lugar marcado para ver si era verdad lo que le había dicho el viejo. Tras tres días de viaje, el viajero se encontró en un desierto, y tal como lo marcaba el mapa, allí, en el medio de la nada, había una pequeña fuente dorada ⛲️.

El viajero tomó del agua de la fuente e instantáneamente se sintió muy feliz. Así, que regresó a su pueblo natal y, olvidando la advertencia del viejo, le contó a todo el mundo que había encontrado la fuente de la felicidad.

Al principio nadie le creía, pero tras tanto insistir, un par de curiosos decidieron visitar la fuente y cuando regresaron al pueblo, confirmaron el descubrimiento del viajero. Por lo que toda la gente del pueblo viajó a la fuente y se corrió la voz de la existencia de aquella agua que brindaba felicidad.

Sin embargo, no habían bebido del agua de la fuente ni setenta personas cuando la fuente dejó de funcionar. El agua se había acabado. Y todos los pueblerinos, enfurecidos, empezaron a maldecir y a insultar al viajero, por haberlos sacado de su pueblo y de sus oficios en vano.

Desde entonces, tal como lo había predecido el viejo moribundo, el viajero fue muy infeliz, y por más de que año tras año visitaba la fuente para ver si volvía a dar agua, esta siempre estaba seca. Aunque tan pronto el viajero le daba la espalda, la fuente se encendía de nuevo y lanzaba sus chorros de agua hasta el cielo.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


martes, julio 30, 2019

1336 - El Antropófago.

Sir Helder Amos | martes, julio 30, 2019 |
Todos mis amigos me llamaron loco cuando acepté la invitación al nuevo y misterioso restaurante de la ciudad, por parte de su excéntrico dueño. Pero no podía perder esa oportunidad, porque una reseña a ese lugar haría que mi sitio web tuviera miles o quizás, millones de visitas.

Para llegar al restaurante te recibían en un fabuloso Hotel ⭐️⭐️⭐️⭐️⭐️, donde te vendaban los ojos y te montaban en un vehículo por aproximadamente 30 minutos. Nadie conocía la locación exacta del restaurante, porque todos los clientes llegaban con los ojos vendados.

El mismo dueño del restaurante, me quitó la venda cuando llegue al lugar y quedé un poco decepcionado. El lugar no era más grande que mi pequeño apartamento tipo estudio. Pero eso sí, todo el mobiliario era majestuoso: candelabros de oro guindaban del techo, manteles de la más fina y delicada seda, vajilla de plata y, cada butaca parecía un trono digno de la Reina de Inglaterra.

- Por aquí -me indicó el dueño, guiándome a una mesa para dos-. La verdad estoy muy emocionado por su visita, espero que su reseña pueda atraer más clientes.
- Todo dependerá del servicio y del sabor de la comida -le dije, examinando mi alrededor, habían pocas mesas y solo un par de ellas ocupadas, pero me pareció ver que en ellas estaba el Alcalde de la ciudad con su esposa y en otra el Arzobispo de la iglesia con un par de monaguillos.
- Espero todo sea de su agrado.

Tan pronto nos sentamos a la mesa, un mesonero, vestido como un mayordomo, se nos acercó y me dio la carta.

- Los precios son caros -me dijo el dueño, antes de que leyera el menú-. Si me permites, déjame invitarte el Especial de la Casa.
- Esta bien, -asentí, tras haber medio abierto el menú y verificar que todos los platos costaban más de 3 cifras-. ¿Usted me va a acompañar?
- Por los momentos no. No tengo hambre -respondió el dueño con una sonrisa y le ordenó al mesonero el especial de la casa por mí.

El plato llegó rápidamente y me dispuse a comerlo. La verdad era exquisito, el sabor era único, delicioso, y la carne era tan suave que se deshacía en mi boca, nunca había probado nada similar, era lo mejor que había comido en mi vida.

- ¡Esto está delicioso! ¿Qué es?
- Es la receta secreta de la casa -dijo el dueño, sonriendo.
- No es res, ni cerdo, ni conejo, -deduje, saboreando la suculenta carne-. Tampoco pollo, iguana, caballo, alce, ni llama.
- Nunca lo adivinará -dijo el dueño.
- ¿El especial es su plato favorito del menú? -le pregunté, rindiéndome ante el delicioso sabor, quería saber si habían otros platos tan sabrosos como el que me estaba comiendo.
- ¡Oh no! A pesar de haber fundado este restaurante, nunca he probado ninguno de los platillos que aquí servimos. Pero la mayoría de mis clientes dicen que el especial es el mejor.
- ¡Qué curioso que no coma la comida de su restaurante! -exclamé, con la boca llena-. ¿Es usted vegano? ¿Vegetariano?
- Ja, ja, no, no. Nada de eso. A mí me encanta la carne.
- ¿Y entonces? ¡Está es la mejor carne que he comida en mi vida!
- La cuestión es que yo no soy antropófago -dijo, expandiendo su sonrisa al maximo.
- Yo tampoco -respondí instantáneamente.
- ¿Estás seguro? -inquirió el dueño, intercambiando su pícara mirada entre mi plato y mi boca.

La idea me hizo sentir nauseas y corrí al baño, donde me forcé el vomito una y otra vez hasta que perdí el conocimiento.

Horas después desperté en uno de los muebles del hotel donde me habían recogido y regresé a casa confundido asqueado y, más que todo, avergonzado. Me sentía tan mal por lo que había comido que no pude escribir la reseña del lugar en mi sitio web.

Y lo peor de todo, es que a pesar de que esto sucedió hace un par de semanas, todavía no me he podido quitar el sabor de la carne de mi boca, porque muy interna y secretamente deseo volver a ese restaurante para repetir ese exquisito platillo.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


viernes, julio 26, 2019

1335 - El 26 Negro.

Sir Helder Amos | viernes, julio 26, 2019 |
Después de tanto girar, la esfera se detuvo en el número 3, rojo, y la ruleta se detuvo.

- ¡Casí! -gritó, enojado, dándole un golpe a la mesa, había apostado al número de al lado, el 26, negro-. Esta vez sí... -balbuceó, metiéndose la mano en el bolsillo, pero al sacarla y contar los billetes que le quedaban, volvió a golpear la mesa-. ¡Demonios!

Solo le quedaba el dinero de renta. No podía seguir jugando. Sin embargo, intentó sacar cuentas en su mente, pensando que gastos podía reducir para seguir jugando. Pero nada, los números no le daban.

- Apuesta el dinero de la renta -le dijo una vocecita al oído, y al ver sobre su hombro se encontró con que la voz provenía de un pequeño diablito rojo, aquel que siempre le susurraba que siguiera jugando.

Recontó el dinero.

- No, no, no, no puedo -se dijo.
- ¡Vamos apuéstalo! -insistió el diablito.

Se mordió los labios y vio el número 26, negro.

- ¡Apuéstalo todo! -le dijo una vocecita diferente al otro oído, y al girar la cabeza al otro lado vio al pequeño ángel vestido de blanco, que siempre le decía que dejara el juego y al que nunca le hacía caso.
- ¡¿Qué?! -preguntó confundido- ¡¿Tú también?!.

No lo podía creer. Su angelito le estaba diciendo que apostara, ¿sería una trampa? ¿O acaso, algún tipo de psicología inversa? Si perdía, quedaría en la calle.

- ¡Apuesta! -dijo el diablito.
- ¡Todo! -dijo el angelito.
- ¡Apuéstalo todo! -dijeron ambos al unísono

El eco de voces resonaban en sus oídos, mientras miraba fijamente el 26 negro, hasta que sus pensamientos fueron interrumpidos.

- ¿Va a apostar?  -le preguntó el croupier.

Contó el dinero de nuevo y sacudió la cabeza.

- No, me retiro -dijo, rindiéndose.

El croupier puso la esfera a girar. Mientras él se paraba y se retiraba, cabizbajo, de la mesa de la ruleta. Pero antes de salir de la sala de juego, lo invadió la curiosidad y volteó la cabeza para ver el resultado de la ruleta.

La esfera ya estaba deteniéndose y cayó con fuerza en el 0, verde, pero no se detuvo y rebotó al 3, rojo, antes de aterrizar en el 26, negro.

- Hubiera ganado -se dijo, bajando de nuevo la cabeza y saliendo del casino.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


miércoles, julio 24, 2019

1334 - Sin Suerte en el Juego ni en el Amor.

Sir Helder Amos | miércoles, julio 24, 2019 |
Miró las cartas que tenía. Malísimas. Estaba perdido, era imposible que su hermosa contrincante tuviera una mano peor que la suya.

- ¿Qué te parece si además del dinero apostamos un beso? -le propuso, pensando que si la suerte no estaba de su lado en el juego, quizás el amor le sonreiría-. Si yo gano te doy un beso, y si tú ganas me das un beso.

La hermosa mujer asintió levemente con la cabeza.

El repartidor dio la señal. Ambos mostraron sus manos.

- ¡Empate! -anunció el repartidor, al ver que, por muy improbable que era, los dos tenían las mismas cartas: un Jack y un 2.

Ambos se quedaron con las ganas.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


lunes, julio 22, 2019

1333 - La Leyenda del Jackpot.

Sir Helder Amos | lunes, julio 22, 2019 |
- ¿Ya nos podemos ir? -le pregunté a mi novio, ya estaba fastidiada, el sonido de las tragaperras y los gritos de las personas jugando me tenían con dolor de cabeza.
- Solo un ratito más, querida, estoy seguro que la máquina está a punto de pagarme el Jackpot -respondió, sobándome la pierna.

Crucé los brazos y me enfurruñé.

- ¡Vamos! Querida, no te pongas así, recuerda que tú eres mi amuleto, y cuando te pones así no gano.
- ¡Tú nunca ganas! -me quejé-. Nunca te has ganando un Jackpot, es más, nunca en mi vida he visto a alguien ganarse uno. Los Jackpot nunca salen, solo son una leyenda.

Pero mi novio no me estaba prestando atención, estaba dando brinquitos en su asiento, golpeando la pantalla de la máquina tragaperras... dos logos de Jackpot seguidos, tres en línea, cuatro y... se atravesó un nueve.

- ¡Ay! ¡Casi!
- ¡¿Ves?! ¡Te lo dije! Esos Jackpot nunca salen.
- Sí salen, querida.
- Entonces, ¿por qué nunca he visto uno?
- Porque tu nunca juegas -me respondió mi novio a la ligera.

Pero sus palabras, a pesar de que estaba segura de que no las había pensado mucho, me dejaron pensativa.

- Dame unas monedas -le dije, metiéndole la mano en su bote y agarrando algunas.
- ¡Oh! ¡Así es que me gusta, querida! Juega y apuesta alto.

Le metí las monedas a la máquina que tenía más cerca y noté que con el crédito que me había marcado podía jugar una vez todas las líneas en apuesta máxima o una sola línea diez veces la apuesta mínima. Así que, para no gastar todas mis monedas en una sola jugada, preferí jugar una línea diez veces  en apuesta mínima.

Le di al botón, los símbolos de la pantalla comenzó a girar y aparecio un logo de Jackpot, dos, seguidos, tres, cuatro y, por último el quinto logo apareció formando una línea perfecta en la parte superior de la pantalla.

-¡Jackpot! -grité emocionada, no lo podía creer, no eran solo una leyenda, me había ganado un Jackpot, quizás por mi suerte de principiante.
- ¡¿Enserio, querida?! ¡¿Somos ricos?!
- ¡¡¡Sí!!! ¡Ven a ver!

Mi novio miró mi pantalla emocionado, pero al ver de cerca el resultado, me dio unas palmaditas en la espalda y me dijo:

- Casi, somos ricos.
- ¿Por qué? -le pregunté, confundida-. ¿No saqué Jackpot? ¡Ahí están los cinco símbolos!
- Sí, querida, pero en la línea superior, y tú solo jugaste la línea del medio. Si hubieras jugado en apuesta máxima si hubieramos ganado.

Al escuchar las malas noticias, me quedé viendo la pantalla de la máquina, pérdida en mis pensamientos.

- No es solo jugar por jugar, querida, es apostar y arriesgarse para ganar -me dijo mi novio, como si estuviera leyendo mi mente.
- Solo salió el Jackpot porque no estaba apostando en esa línea -le dije-. De lo contrario, no hubiera salido. Los Jackpot son solo una leyenda.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


jueves, julio 18, 2019

1332 - Calidez Musical.

Sir Helder Amos | jueves, julio 18, 2019 |
La tormenta empeoraba con cada minuto que pasaba, y el pobre músico, muerto frío al no tener ni un pedazo de leña para encender su chimenea, decidió ponerse a tocar su violín para mantenerse caliente.

Entre suspiros, el músico, tocó las más tristes melodías, las cuales, aunadas a la tormenta, creaban un ambiente melancólico.

Mientras tocaba, sentía que no tenía elección entre las piezas que sonaban, porque era como si ellas solas llegaran y se conectaran con él y su violín. Haciendo arder su alma de placer.

De pronto, un toc, toc, toc, en su puerta lo interrumpió.

- Querido vecino, soy del apartamento de arriba -le dijo aquel hombre de traje con zapatos brillantes que estaba parado sobre su tapete que leía bienvenidos-. Quisiera invitarlo a la fiesta que estamos teniendo, porque nos alegraría mucho que nos deleite con su esplendorosa música, mis amigos y yo somos amantes del violín, y nos encantaría que pudiera tocarnos ciertas piezas, un poco más alegres, para animar nuestra velada.
- Eh.. no lo sé... -balbuceó el músico.
- Arriba tenemos un caluroso fuego encendido y bastante comida -añadió el hombre de traje, al echarle un vistazo al deplorable y lúgubre estado en el que estaba el apartamento del músico.
- Muchas gracias por su ofrecimiento, vecino, pero así como estoy me encuentro bien. Quizás en otra ocasión -sentenció el músico, cerrándole la puerta en la cara al hombre de traje.

Sacudiéndose el mal sabor del encuentro acababa de suceder, el músico retomó su violín y continuo tocando sus tristes melodías, sientiendo aquella misteriosa conexión musical de antes, que lo mantuvo cálido durante toda la noche tormentosa.

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


lunes, julio 15, 2019

1331 - La Redención.

Sir Helder Amos | lunes, julio 15, 2019 |
- Para redimirte, por haberlo dejado escapar -expresó calmadamente el jefe, botando el humo de su tabaco mientras hablaba-, tendrás que matar a su hija.
- Muy bien, jefe, así será.
- Usando esto -añadió, lanzándole una escopeta con la mano que tenía libre.
- Sí, jefe, como usted diga.
- Y tendrás que hacer que parezca un suicidio.
- ¿Qué? ¡Jefe, eso es imposible! ¿Cómo una niña de 3 años puede suicidarse con una escopeta?
- No lo sé, pero estoy seguro de que encontrarás la manera... A no ser que quieras fallarme de nuevo.
- No, no, jefe. Jamás. Lo haré. Lo haré, como usted desee.
- Así me gusta, -aprobó el jefe, inhalando de su tabaco-. Y espero que esto te sirva de lección, porque la próxima vez no seré tan condescendiente, y el más mínimo error podría costarte la vida -añadió, sonriendo macabramente.

Esa noche no pudo dormir, pensando un plan para llevar a cabo su redención, pero después de horas y horas de darle vuelta al asunto, entendió que todo era farsa. No tenía oportunidad de redimirse ante el jefe. Así que en un intento desesperado para redimirse, llamó a la policia y les contó todo lo que sabía.

Amaneció muerto, pero con una peculiar sonrisa en su pálido y frío rostro que no había sonreído en años.
Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos


viernes, julio 12, 2019

1330 - El Pasatiempo o la Vocación.

Sir Helder Amos | viernes, julio 12, 2019 |
No necesitaba nanotecnología para escribir microcuentos, porque llevaba la literatura en su sangre. Sin embargo, su filosofía de solo escribir para sí mismo hizo que, a pesar de sus dotes para ser un gran escritor, terminara dando charlas de neurología barata para subsistir aunque no le gustara. 

Fin.

Para mantenerte al día con todos los microrrelatos nuevos, tips de escritura, datos, contenido extra y mucho más, sígueme en:
Google Play Store: 365 Microcuentos
Twitter: @365Microcuentos
Facebook: @365Microcuentos
Instagram:@365Microcuentos