511 - El gigante y el enano.

- ¿Qué se siente... Ser tan bajito? - le preguntó el gigante al enano.

- Algo solitario, vas por el mundo esperando que alguien baje la mirada y se de cuenta de que estas allí, y ya nadie se molesta en mirar hacía abajo; pero con el tiempo te acostumbras al sentimiento, ya a mi no me molesta sentirme solo y que nadie se de cuenta que existo... ¿Y tú? ¿Qué se siente ser tan alto?

- Yo me siento de la misma manera, o quizás un poco peor, a diferencia de ti, los demás solo se dan cuenta de mi existencia cuando miran hacía arriba y en estos tiempos ya nadie se detiene por un momento para mirar hacía arriba, y cuando lo hacen, salen corriendo gritando "¡Aaaahhhhhhhh gigante!"

Fin.

510 - Esperando a que se enfríe la comida.

En la rama de un árbol seco, estaban dos cóndores viendo como su próxima cena se moría deshidratada, y cuando finalmente estiró la pata, el primer condor despegó las alas para volar hacía su cena; pero el segundo condor lo detuvo diciéndole:

-¡Espera!
- ¿Por qué? ¡Tengo hambre!
- Acaba de morir, todavía está muy caliente, si te lo cómes así te dará dolor de barriga.

Fin.

509 - Visiones.

- ¡Ven, ven rápido!
- ¿Qué pasa?
- ¡Está allí, está allí de nuevo!
- ¡¿Quien?! ¿Quien está?
- ¡El niño! El niño de la capa roja.
- ¿Donde?
- ¡Allí, en la habitación!
- ¡¿Donde?! Yo no veo nada.
- ¡Allí!.. Allí... Estaba ahí, parado en el centro de la habitación con su gran capa roja.
- ¡Pero allí no hay nadie!
- ¡Te lo juro, estaba allí!
- Allí no hay nadie, debes de estar teniendo visiones.
- Pero... Pero...
- Pero nada, no me hagas perder mi tiempo con esas estupideces, tengo muchas cosas que hacer.

Y cuando volví a ver, allí estaba, parado en el centro de la habitación con su gran capa roja, y esta vez tenía un letrero en sus manos que decía "Yo no soy una visión"

Fin.

508 - El ladrón de moda.

En un día soleado salí a caminar usando mi nueva camisa de última moda, y muchas personas que pasaban por mi lado me halagaron por lo bonita que era mi camisa, hasta que llegó un hombre muy raro que se paró delante de mi y me dijo:

- Me gusta tu camisa.
- ¡Gracias! Es nueva - le respondí.
- Me gusta tu camisa.
- ¡Gracias! A mi también me gusta.
- Me gusta tu camisa.
- ¡Gracias! La compré en...
- No, no entiendes, me gusta tu camisa - me dijo levantandose su camisa y mostrandome una pistola.
- ¡A-a-ahhh! - respondí yo asustado - bueno, si tanto te gusta, tomá es tuya.

Y me quedé allí parado, semidesnudo, viendo como el ladron se alejaba con mi nueva camisa y pensando que quizás en un par de días la usaría para robar un par de pantalones que hicieran juego con ella.

Fin.

507 - El regreso.

Estiré mi mano, ya casi alcanzaba la cálida luz que cegaba mis ojos y me llenaba de felicidad; pero cuando me faltaban un par de centímetros para llegar a ella, sentí como una fuerza invisible me jalaba por los píes de regreso a la oscuridad y mi mente empezó a recordar súbitamente todos mis problemas, mis tristezas, mis intentos fallidos... Abrí los ojos.

- ¡LO TENEMOS! - gritó el doctor.

Fin.

506 - Instinto animal.

No podía creer que hace dos años era un empresario exitoso que pasaba la mayor parte de su tiempo encerrado en una oficina, negándose a salir de su casa sin usar protector solar en los días soleados o sin su paraguas en los días lluviosos, manteniendo una dieta vegetariana porque pensaba que comer carne era malo para el cuerpo; y que ahora, que llevaba dos semanas perdido en la selva, estaba esperando, escondido entre el follaje, que su presa se acercara lo suficiente para matarla con sus propias manos.

Fin.

505 - A su imagen y semejanza.

Tarde en la noche, se podía escuchar a los Dioses llorando, arrepintiéndose de sus creaciones y preguntándose ¿qué habían hecho mal? y ¿por qué nada nunca les salia bien?

Fin.

504 - Los testigos.

Esta mañana en la selva había un gran alboroto, los animales iban y venían agitados, porque todos querían saber lo que estaba pasando en la Corte, donde el Rey de la Selva estaba juzgando a la Pantera Albina por haberle robado su desayuno.

El robo del desayuno del Rey de la Selva era un misterio, porque había sido un crimen perfectamente cometido, el ladrón no había dejado ni una huella ni evidencia que ayudara al Rey de la Selva a  encontrarlo; pero algunos testigos, decían haber visto a la Pantera Albina por los alrededores del desayuno del Rey minutos antes de que se cometiera el crimen.

En la Corte, el Rey de la Selva iba llamando uno a uno a los testigos, quienes narraban lo poco que sabían sobre el robo, que solamante había sido  presenciado, escuchado y comentado por tres monos que se encontraban en la copa del árbol donde usualmente el Rey toma su desayuno; pero cuando estos fueron llamados al estrado para testificar dijeron:

- Yo no ví nada - dijo el primer mono, tapándose los ojos con sus manos.
- Yo no escuché nada - dijo el segundo mono, tapándose los oidos con sus manos.
- Yo no dije nada - dijo el tercer mono, tapándose la boca con sus manos.

Y por no tener suficientes pruebas de su culpabilidad, la Pantera Albina fue liberada.

Fin.

503 - El hombre de la escalera.

A pesar de que solo media un metro y cincuenta centímetros, no le importaba su estatura, porque dondequiera que iba siempre llevaba su escalera con él, y con ella, no había objeto que estuviera fuera de su alcance.

Fin.

502 - Examen de sangre.

Según los resultados iba tener una vida exitosa y cumpliría todos sus sueños.

Fin.

501 - Soñador Américano.

Mientras esperaba la cuenta de la mesa número seis, cerró los ojos un momento y se imágino en la portada de las  revistas más prestigiosas, los flashes de las cámaras de los paparazzi acosándolo mientras caminaba por la calle, sus millones de fans gritando su nombre y pidiéndole autografos...

Sonó la campanilla, la cuenta estaba lista, abrió los ojos y suspiró desanimado.

- Algún día, algún día... - Se decía para si mismo mientras le llevaba la cuenta a la mesa número seis, quienes se quejaron de los altos precios y ni siquiera le dejaron propina.

Fin.

500 - Días de verano.

Salía todos los días al parque,
vistiendo lo mejor y súper arreglada,
estaba aburrida de su vida cotidiana,
un amor de verano era lo que le faltaba,
para montar bicicleta juntos y bañarse en la playa,
para amanecer hablando pistoladas,
para ir al cine con sus manos agarradas,
para escaparse un fin de semana,
¡Ay! ¿Por qué su amor no llegaba?
se preguntaba, desesperada,
ya el otoño se acercaba,
el tiempo de diversión se acababa,
y las cristalinas aguas de la playa se enfriaban,
mientras que ella permanecía sentada,
en el parque, esperando
a que su amor la saludara.

Fin.

499 - En su periodo.

Nunca voy a entender a las mujeres, el otro día salí con mi novia a comer helado, y cuando le pregunte si quería algo, me respondió que solo iba a tomar agua porque estaba a dieta; yo, en cambio, me compré un helado grande para dos.

Mientras me comía el helado ella me miraba sonriente, y más de una vez le pregunte si quería un poco, aunque sea para probarlo, a lo que ella se negó rotundamente; pero una vez que terminé de comer, la mujer empezó a llorar y con voz quebrada me dijo:

- ¿Como puede ser posible que te comieras ese helado para dos sin mi?

Y salió corriendo de la heladería sin decir nada más.

Fin.