miércoles, febrero 20, 2019

1299 - La Princesa Gato.

Sir Helder Amos | miércoles, febrero 20, 2019 |
Había una vez una Princesa que creía ser un lindo gatito, porque cada vez que decía “Miau” sus sirvientes corrían para darle su comida favorita, o cuando quería que la acariciaban hacía “purr, purr” y todos le daban cariño, también todos aprendieron que cuando la Princesa mostraba sus uñas, era que estaba enojada y que era mejor dejarla tranquila.

De esta forma, la Princesa vivió creyendo que era un gato por mucho tiempo, hasta que un día una nuevo miembro de la Familia Real se apoderó del castillo. El primogénito tan esperado y deseado que el Rey no había podido tener al fin había llegado al castillo, y tan pronto entró por la puerta le quitó su lugar a la Princesa, quien al ver que toda la atención de los sirvientes giraba en torno al nuevo bebé, descubrió que en realidad nunca había sido una princesa, si no un simple, hermoso y querido gatito.

Fin.

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jueves, febrero 14, 2019

1298 - El Rincón de los Desesperados.

Sir Helder Amos | jueves, febrero 14, 2019 |
En el fondo de aquel bar de mala muerte, había un rincón en el que siempre se podía encontrar a una parejita besándose y abrazándose apasionadamente. Ese rincón fue bautizado por la gente que concurría seguidamente el bar como: El Rincón de los Enamorados. Así que cada vez que iba a aquel bar, soñaba con encontrar a alguien con quien pasar un rato aquel rincón del amor.

Con su sueño en mente, buscó y buscó, hasta que finalmente encontró el amor. Y pensando en lo romántico que sería pasar una noche en el Rincón de los Enamorados, planeó su tercera cita en aquel lugar.

Esa noche fue larga, y pareja tras pareja pasaron por el Rincón de los Enamorados, así que no fue hasta bien tarde que pudo pasar un rato con su amor en aquel rincón tan especial.

Sin embargo, tan pronto se acercó al rincón descubrió que este tenia un peculiar hedor a cloro y que cuyas paredes estaban llenas de salpicones blancuzcos y manchas de pinta labios por todas partes. Así que al ver esto sintió náuseas y se alejó del rincón sin cumplir su sueño. Porque aquel rincón no era romántico ni mucho de los enamorados.

Fin.

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lunes, febrero 11, 2019

1297 - Temporada de Caza.

Sir Helder Amos | lunes, febrero 11, 2019 |
El 14 de Febrero se acercaba y ella no tenía ninguna presa que le dijera lo hermosa que era ni cuanto la amaba, así que desesperada tendió una trampa y preparó lo que parecía una suculenta galleta de chocolate que dejó sobre el alféizar de la ventana.

- ¡Puaj! -se quejó Cupido, quien no pudo resistirse al aroma de la galleta cuando pasó volando cerca- ¡Está galleta está salada!
- ¡Te tengo! -gritó la cazadora, lanzándose sobre el consternado ángel y, tras forcejear con él por un momento, logró arrancarle de la mano su arco y su flecha-. ¡Ya no dependeré de tí para encontrar al amor! -celebró, con una gran sonrisa, porque su plan había salido a la perfección.
- ¡No! ¡Espera!, ¡Espera! -trató de detenerla Cupido, mientras ella se alejaba corriendo, dando brincos de alegria-. ¡Ese no es!

La mujer, que había planeado ese día a la perfección, corrió al parque donde estaba el hombre que le gustaba y utilizando el arco y flecha de Cupido, apuntó y le disparó al corazón del hombre para enamorarlo. Pero si rostro palideció cuando, milisegundos después de haber disparado, sintió unas cálidas gotas chispear su rostro.

- ¡Noooo! -gritó la mujer, confundida y horrorizada, al ver como la flecha había atravesado el pecho del hombre y  se había clavado en un árbol cercano, con el corazón, que aún palpitaba lanzando chorros de sangre por todos lados, atascado en su punta.
- ¡¿Qué has hecho, mujer?! -la regañó Cupido, al llegar volando a donde ella estaba.
- ¿Por qué...? -balbuceó, dejándose caer de rodillas al piso-. ¿Por qué no funcionó?
- Porque yo solo estoy de caza -respondió Cupido, quitándole su arco y su flecha de un jalón a la devastada y desesperada dama.

Fin.

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miércoles, febrero 06, 2019

1296 - Violencia de Género.

Sir Helder Amos | miércoles, febrero 06, 2019 |
Cuando entró en la estación policial, todos se le quedaron viendo y varios oficiales empezaron a murmurar y señalarla. Ella sabía que hablaban de ella y, estaba convencida, de que todos se burlaban de su ojo morado, pero ella ni un segundo bajó la cabeza para tratar de esconderlo.

- Buenas, vengo a poner una denuncia de violencia de género -dijo al llegar a la recepción, manteniendo su tono y postura altiva-. Mi marido me agredió físicamente.
- Por favor llene esta forma -respondió el oficial tras el mostrador.

La mujer sacó su pluma rosada, llenó la forma y se la devolvió al oficial. Este, le echó un ojo para verificar que todo estuviera bien.

- ¿Es este su nombre?
- Sí -respondió, dignamente, la mujer.
- Espere un segundo.

El oficial desapareció por la puerta que estaba detrás de él y, un par de minutos más tarde, reapareció con dos oficiales más que se pararon junto a la mujer y la apresaron al instante.

- ¡Está, usted, detenida! -anunció uno de los oficiales que la apreasaban.
- ¿Por qué? -gritó la mujer- ¡Esto es una injusticia! ¿Qué pasa?
- ¡Usted se encuentra detenida por violencia de género! -sentenció el otro oficial.
- ¿A qué se refiere? ¡Yo soy la que fue violentada! -vociferó la mujer.

En eso, por la misma puerta que habían aparecido los oficiales, salió su esposo, con la cara ensangrentada y llena de rasguños.

- ¡Tú! -gritó la mujer, tratando del soltarse de los oficiales.

Pero el hombre no dijo nada y, sacando una pequeña tablet del bolsillo, le mostró el video de la cámara de seguridad de su casa, en el que se veía como ella revisaba el teléfono de su marido y, luego, llena de ira, iba a atacarlo y a golpearlo.

Ella no pudo decir nada más y dejó caer todo su peso en los oficiales que la apresaban. Mientras que su esposo, no pudo evitar sonreír, a pesar de que se le notaba en la mirada que le dedicaba a su esposa una profunda decepción.

Fin.

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viernes, febrero 01, 2019

1295 - El Demonio Interno.

Sir Helder Amos | viernes, febrero 01, 2019 |
Se paró frente al espejo del baño, se dio unas palmaditas en la cara y, luego, sacó las pastillas del gabinete, pero se sorprendió al ver que solo que quedaba una, lo que significaba que llevaba tres meses de tratamiento y aún así...

Sacudió la cabeza, se tomó la pastilla, se lavó la cara y salió del baño con los ojos cerrados, todavía tenía la esperanza de que el medicamento funcionara. Sin embargo, cuando abrió los ojos, allí estaba, ahí seguía aquel ser cuernudo de piel roja y patas de cabra flotando sobre el sofá.

- Sabes que ni aunque te tomes mil de esas vas a hacer que desaparezca, ¿no? -le dijo en un tono amigable, mostrándole todos los colmillos que tenía por dientes en una pícara sonrisa.

Fin.

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Microrrelato de ficción sobre psicología, ocultismo y esquizofrenia

martes, enero 29, 2019

1294 - El Error de Nostradamus.

Sir Helder Amos | martes, enero 29, 2019 |
Se despertó confundido, el sol que entraba por la ventana le quemaba la cara, su gallo no había cantado esa mañana y yacía muerto a la puerta del gallinero. Así que consternado y medio dormido, tomó su pluma y, como era su costumbre, le escribió una carta a su mejor amigo con todos los sucesos que habían pasado el día anterior.

Pero cuando recibió su respuesta, un par de horas más tarde, se sintió confundido al leer:“Querido Nostradamus, creo que te has equivocado, la carta que me enviaste tenía fecha del 30 de enero, y hoy es apenas 29, así que todos los sucesos que me contaste debiste de haberlos soñado, porque nada de eso ha pasado.”

Nostradamus, se quedó mirando al vacío por un largo rato,  pensando en la carta que había escrito,  y verificando el calendario confirmó que su amigo tenía razón, era 29 de enero, así que se preguntó de dónde había sacado todo eso que le escribió a su amigo.

En ese estado de confusión el pobre hombre pasó el día y cuando llegó la noche, recibió otra carta de su amigo que decía: “Querido Nostradamus, ¿cómo lo hiciste?, durante el día de hoy pasó todo lo que me escribiste esta mañana, ¿cómo supiste que pasaría?”. A lo que él respondió, en un simple pedazo de papel, tres palabras que nadie nunca le creería: “¡No lo sabía!”.

Fin.

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