lunes, agosto 22, 2011

234 - La mancha.

Desde mi trono, observaba como mi querida sirvienta Anita limpiaba el piso de mi habitación,ya tenía más de veinte minutos enfocada en una sola loza de cerámica cuando le pregunte:

- Anita, querida,  ¿Por qué sigues enfrascada en una sola loza de cerámica cuando todavía te falta media habitación por limpiar?

- Es que esta loza, su majestad, tiene una mancha - respondió Anita con voz calmada pero con un leve tic en su ojo izquierdo y volviéndose para retomar su faena murmuró para sí misma - una mancha, una mancha...

Sin decir más, abandoné mis aposentos para ir a tomar el té y cuando regresé, ni la mancha ni Anita estaban en la habitación.

FIN.

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