552 - Cloroformo: La poción de amor.

Llegó muy feliz a su casa, oliendo precavidamente el fuerte aroma que emitía la pequeña botellita de poción de amor que había conseguido comprar y que haría que su amada aceptara todas sus caricias, sus besos y su amor sin quejarse y sin decir ni una sola palabra sobre cuanto asco él le daba, ni sobre cuanto lo detestaba y ni mucho menos sobre cuanto deseaba que él estuviera muerto o encerrado en la cárcel.

Fin.

551 - Las manchas del techo.

Llevaba varios minutos callado e inmóvil acostado en el sillón, mirando el techo con una expresión pensativa en su cara.

Su compañero de cuarto lo había estado observando y para tratar de animarlo lo invitó a tomarse un par de cervezas, a lo que él se negó porque no tenía ánimos de salir esa noche; pero su compañero de cuarto alegando que no lo dejaría caer en una terrible depresión o que se volviera una persona amargada con la vida por no encontrarle un significado alguno, lo obligó a salir esa noche y a tomarse un par de cervezas.

Y mientras se tomaba sus cervezas y hablaba con la camarera del bar, su mente todavía estaba en su cuarto, preguntándose cuantas manchas habrían en aquel techo tan sucio.

Fin.

550 - Omne ignotum pro magnifico.

Cuando presenció por primera vez el show de magia quedó anonadado con todos los trucos fascinantes que había visto y pensó que el mago era toda una deidad, un ser superior a los demás humanos; y sumamente interesado con el tema de la magia, empezó a investigar y a descubrir cada uno de los secretos que se escondían detrás de cada truco.

Cuando presenció por segunda vez el show de magia, todos los trucos le parecieron estúpidos y aburridos, y pensó que el mago no era más que un farsante estafador.

Fin.

549 - El sillón masajeador y el temblor.

- ¡¿QUÉ HACES AHÍ SENTADO?! ¡CORRE! ¿ NO SIENTES QUE ESTÁ TEMBLANDO?
- ¡Sii-i-i-i! Lo sé, ¿No es genial? Yo nunca he tenido dinero suficiente para comprarme un sillón masajeador; pero me imagino que se debe sentir como algo parecido a esto - le respondió, aferrandose a los apoyabrazos de su dura silla de madera para no caerse.

Fin.

548 - El rinoceronte negro.

Cuando notó que la caza furtiva estaba acabando con su raza, empezó a disfrazarse todas las mañanas de rinoceronte blanco usando mucho talco por todo su cuerpo; y así es como ha logrado mantenerse con vida a pesar de que todos sus parientes se hayan extinguido, confundiendo a los cazadores que todos los días le preguntan si ha visto algún rinoceronte negro por los alrededores.

Fin.

547 - El suéter negro.

Cuando Jimmy cumplió doce años le regalaron un suéter negro para que lo protegiera del frio en el invierno; pero Jimmy se encariñó tanto con él que más nunca se lo quitó sin importarle en que temporada estaban porque lo hacía sentir seguro y calentito; así que podían verlo usando su suéter negro hasta en los más soleados y calurosos días de verano.

Jimmy estaba usando su suéter negro cuando dió su primer beso a la chica de sus sueños cuando tenía catorce años y también lo estaba usando cuando chocó su primer carro a los diecisiete; pero un día, cuando Jimmy tenía veintiun años y estaba en una cita con la chica de sus sueños en una noche fria, él notó lo desprotegida que ella estaba, y por primera vez Jimmy se quitó su suéter negro y se lo ofreció a su chica, quien lo aceptó agradecida.

FIN.

546 - La historia de amor sin fin...

- ¡Te quiero mucho!
- ¡Y yo te quiero mucho más!
- ¡No! ¡Yo te quiero más!
- ¡De ninguna manera! ¡Yo te quiero más!
- ¡En tus sueños! ¡Yo te quiero más!
-  ...
- ...

Fin.

545 - El guardaespaldas.

Se concentró tanto en hacer bien su trabajó y guardar la espalda del presidente, qué ni siquiera se dio cuenta cuando apuñalaron a su protegido por el frente.

Fin.

544 - El gran error del pasante.

En su primer día como pasante cometío un gran error, un terrible error, que si le hubiera dicho a sus superiores al respecto hubiera podido ser arreglado sin ningún problema; pero por miedo a ser regañado o despedido decidió guardar silencio y no comentar con nadie el gran error que había cometido, creyendó que con el tiempo y la práctica él mismo podría solventarlo.

El tiempo pasó y el pasante aprendió muchas cosas nuevas en su trabajo y pronto supo como solventar aquel gran error que había cometido; pero cuando terminó su pasantías, sus superiores lo llamaron para decirle que su labor en la empresa había sido excepcional y que si no hubiera sido por un gran error que él había cometido, lo hubieran contratado con los ojos cerrados; pero que por culpa de ese error tenían que despedirlo.

El pasante, tratando de conseguir el trabajo, se disculpó mil veces por haber cometido aquel gran error y se excusó diciendo que ya él lo había solucionado; sin embargo, cuando los superiores oyeron esto, le explicaron que desde un principio ellos sabían de aquel  gran error que él había cometido; pero que esa no era la causa de su despido, si no haberse quedado callado cuando cometió aquel gran error en su primer día como pasante.


Fin.

543 - El mejor escritor vivo.

El mejor escritor vivo escribe los mejores versos y textos que hayan existido; pero nadie los lee ni los aprecia, porque a pesar de su magnificencia, mientras que el mejor escritor vivo siga viviendo y escribiendo, sus mejores versos y textos no llegarán muy lejos.

Fin.

542 - Equipaje ligero.

Después de todo lo que había vivido y sufrido en aquella horrorosa ciudad, decidió escaparse y nunca volver, empacando solamente lo necesario en su pequeña maleta: la poca ropa que tenía, sus esmaltes de uñas y sus zapatos de moda;  dejando por fuera todos los malos recuerdos que aquella ciudad le traía.

FIN.

541 - La recompensa de Peter.

A primera hora de la mañana, cuando la Mamá de Peter entró en la cocina para preparar el desayuno, dió un grito que despertó a toda la familia, porque en la ratonera había caido el villano que les había estado robando la comida y pronto todos bajaron para ver que era lo que había pasado:

- ¿Qué pasó querida? - Preguntó el Papá de Peter.
- ¡Mirá, un ratón calló en la ratonera! - respondió la Mamá de Peter.
- ¡Mátalo papá! ¡Mátalo! - Gritó la Hermana de Peter, asustada y asqueada por la pequeña criaturita.
- Ya voy hija, dame un segundo mientras busco mi martillo.
- ¡NO! ¡No, papá, no lo mates! - Gritó peter y empezó a llorar - el ratóncito es solo un animalito, él no sabía lo que hacía,  por favor papá, no lo mates, él no nos ha hecho nada malo.
- Está bien Peter, no lo mataré.
- ¡Pero papá, es un animal asqueroso! - replicó la Hermana de Peter.
- ¡NO, PAPÁ! No lo mates... - repitió Peter.
- Okay, esto es lo que haremos, tomaré al ratoncito y lo llevaré al parque y allí lo liberaré, así no nos molestará más y no tendré que matarlo, ¿les parece niños?
-¡SÍ PAPÁ, GRACIAS! - Gritó Peter.
- Está bien; pero la próxima vez que caiga un ratón en la ratonera lo matas, papá - replicó la Hermana de Peter no muy contenta con el acuerdo al que habían llegado.

******

Esa noche durante la cena a Peter se le cayó su sexto diente de leche, y muy emocionado lo colocó debajo de su almohada antes de irse a dormir, para que el Ratoncito Pérez se lo cambiara por una moneda; pero para sorpresa de Peter, cuando despertó no encontró una moneda debajo de su almohada como siempre lo hacía cuando perdía un diente, si no que encontró dos.

Fin.

540 - Escuela para Príncipes Azules.

- Hola, ¿Podrías decirme donde queda el salon 207?
- 207, Uhm... Si no me equivoco es el salon que está al subir las escaleras a la izquierda, ¿qué vas a ver?
- ¡Gracias! Voy a ver Tipos de Princesas, creo...
- ¡Uy! ¿Con la Profesora D.?
- No lo sé, soy nuevo.
- Oh bueno, mi nombre es Príncipe Azul.
- ¿En serio? Yo también me llamo así.
- No te sorprendas mucho, todos aquí nos llamamos así.
- Bueno, sí, es un requisito para poder ingresar a la escuela, creo..
- Si... y tener un Reino... y sangre azul...
- Sangre Azul... Yo  pensaba que eso de la sangre era una metáfora.
- Yo también; pero oye ya me tengo que ir si no quiero llegar tarde a "Como degollar un Dragon"
- Si, yo tampoco quiero llegar tarde a mi primera clase. Eh, ¿hablamos después?
- ¡Vale! Nos vemos.

Fin.