286 - El corazón salvaje.

Sir Helder Amos | jueves, octubre 13, 2011 |



Había una vez una princesa que, para protegerse del sufrimiento del amor, escondió su corazón en el más recóndito rincón de la selva, donde éste creció como un salvaje que asesinaba y devoraba a cualquier caballero que intentara, por las buenas o por las malas, domarlo.


Hasta que un día, una damisela descuidada, que se había perdido en el bosque de regreso a casa, se encontró con el corazón salvaje de la princesa y, con todo el cariño, amor y delicadeza que solo una mujer le podría brindar, logró domarlo y, al regresar al pueblo, con el corazón bajo su dominio, la princesa se enamoró perdidamente de ella y pronto el pueblo fue dirigido por dos bellas e inteligentes reinas; sin embargo, cuando los pueblerinos escucharon la noticia, tomaron el castillo y quemaron en la hoguera a sus soberanas por razones que ellos no podían entender ni aceptar.

Fin.

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285 - Un muerto en la ciudad.

Sir Helder Amos | miércoles, octubre 12, 2011 |
Tirado en medio de la calle,
veía como la gente se reunía a mi alrededor,




"¡Llamen una ambulancia!" Pensaba yo,
sin poder pronunciar una palabra debido al dolor,
"Debe ser un drogadicto" logré escuchar,
a la gente murmurar sin parar, 
en vez de ponerse a ayudar, 
y a una ambulancia llamar,
antes de que mi infarto me termine de matar.

FIN.

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284 - En el salón de clases.

Sir Helder Amos | martes, octubre 11, 2011 |


Hora 1: 05 Pm:

- La segunda guerra mundial ... 1939 ... Europa ... los Nazis ... Estados Unidos ... Hiroshima  ... 1945.

Hora: 1:10 Pm:

Los alumnos piensan: "Está clase si es aburrida y se ha hecho larguísima, siento que fue como hace media hora que vi el reloj y apenas han pasado cinco minutos".

La profesora piensa: "¡Dios mio! He hablado y hablado como una loca y apenas han pasado cinco minutos, ¿será qué no voy a acabar de dictar esta clase nunca?"

FIN.

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283 - Mientras el Pasado se Suicidaba.

Sir Helder Amos | lunes, octubre 10, 2011 |



Corría el futuro, incansable e imparable para que el presente no lo alcanzara.

FIN.

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282 - La raza civilizada.

Sir Helder Amos | domingo, octubre 09, 2011 |
     

 
 Se jactan de ser una raza civilizada, pero no dan agua al sediento si no obtienen algo a cambio, venden  su dignidad por drogas, sexo y alcohol, se desprecian, se engañan,  se degradan  y  se matan unos a otros.

      ¡Vaya eso si es civilizado!

FIN.

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281 - Gelatina.

Sir Helder Amos | sábado, octubre 08, 2011 |



Mientras comía gelatina, se daba ligeros golpes en su gran barrigota, haciendo una competencia para ver cual de las dos dejaba de tambalearse más rápidamente.

FIN.

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280 - El crimen del Padre avaro.

Sir Helder Amos | viernes, octubre 07, 2011 |



Al contar las pocas monedas con las que sus feligreses colaboraban en las colecta, el Padre se ingenió una manera un poco pecaminosa de solucionar aquel grave problema.

El domingo siguiente, mientras el Padre profesaba la palabra del Señor, un joven encapuchado y armado entró en el templo gritando: "¡ESTO ES UN ATRACO!" y el Padre sin sorprenderse ni alarmarse por la situación dijo muy calmadamente:

- Hermanos míos, por favor no entren en pánico y colaboren con este Joven que se ha desviado del camino del Señor y recuerden que nuestras vidas son más importantes que cualquier bien material, que Dios siempre sabe por qué hace las cosas y que quizás, en el futuro, repondrá y multiplicará todo lo que hayan perdido hoy.

FIN.


279 - La llegada del otoño.

Sir Helder Amos | jueves, octubre 06, 2011 |



No fue hasta el final del verano que el último capullo retoñó en una hermosa flor, así que todo el árbol lo celebró con una gran fiesta que duró toda la noche, y a la mañana siguiente, las flores y las hojas, cansadas, resacadas y casí marchitas por tanto celebrar, empezaron a caerse una a una.

FIN.

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278 - El juguete de baterías.

Sir Helder Amos | miércoles, octubre 05, 2011 |



El niño jugó y jugó con él hasta que sus luces se apagaron y sus baterías se agotaron. Ahora lleva meses, quizás años, reposando en el rincón de la habitación cubierto de polvo y telarañas.

FIN.

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277 - La piedra en el camino.

Sir Helder Amos | martes, octubre 04, 2011 |



Todos los días pasaba por el mismo camino donde yacía una piedra con la cual siempre tropezaba; pero debido a que siempre estaba ocupado y distraído, nunca se detuvo para quitarla del medio, ni mucho menos se tomaba la molestia de esquivarla, así que todos los días se tropezaba con la piedra.

Un día, al tropezar, perdió el equilibro y cayó de bruces contra el pavimento, fracturándose el cráneo y muriendo instantáneamente y la piedra que presenció todo lo acontecido, se destornilló de la risa y se movió un poco para ver si podía hacer caer a la mujer de tacones rosados que todos los días pasaba por su lado.

FIN.

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276 - El nuevo Rey.

Sir Helder Amos | martes, octubre 04, 2011 |



Tras la muerte del Rey, la Princesa anunció que se casaría con aquel Hombre que sobresaliera a una prueba que ella les impondría en los próximos días, convirtiéndose así en el nuevo Rey.

Todos los Caballeros, Campesinos y Criados tomaron sus espadas y armaduras, y empezaron a entrenar y a prepararse para optar para el cargo, entusiasmados por un posible combate que demostraría a los demás quien era el mejor y más fuerte hombre del Pueblo.

El día de la prueba, todos los hombres vestían armaduras relucientes y pulcras, cargando con espadas tan afiladas que podrían cortar el viento, pero tanto entrenamiento, armaduras y espadas de nada les sirvió, porque a lo que la Princesa anunció desde su balcón que la prueba mediría su inteligencia, solo el erudito del pueblo que solo vestía una túnica raída se emocionó.

FIN.

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275 - El conductor designado.

Sir Helder Amos | domingo, octubre 02, 2011 |



Solo se tomó un par de cervezas y disfrutó de la fiesta más que los demás, porque a la mañana siguiente, se burlaba de sus amigos, contándoles las payasadas que habían dicho, hecho y de las que ahora no se acordaban.

FIN.

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274 - Salvación.

Sir Helder Amos | sábado, octubre 01, 2011 |



Al escuchar que el fin del mundo estaba cerca, las filas de espera de en los confesionarios de las iglesias se hicieron infinitas, las buenas acciones llenaron las primeras páginas de los diarios, todos hacían el bien, todos querían salvarse pero cuando el día llegó, ni sus oraciones ni sus acciones los salvaron de la terrible catástrofe.

FIN.

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