238 - Fiesta equina.




El explorador estaba preocupado, nunca antes se había adentrado tanto en la selva; pero siguió caminando hasta que llegó a un claro y lo que vio le hizo dudar de su cordura, eran unicornios, cientos de ellos, corriendo de aquí para allá relinchando y jugando.

El explorador sacó su cámara y tomó cientos de fotos, no podía creer lo que veía y emocionado volvió a casa para anunciarle al mundo su descubrimiento; pero tan pronto reveló las fotos, que servirían como prueba de su gran hallazgo, se dio cuenta de que su vista sí le había fallado y que su mente lo había engañado porque solo eran caballos, borrachos, usando gorros de fiesta y celebrando un cumpleaños.

FIN.

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237 - Círculo vicioso.




- Si quieres, nos podemos reunir más tarde para tomarnos un par de tragos - Le susurró al oído a la bella mujer que tenía sentada a su lado en la reunión de AA.

FIN.

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236 - Un par de copitas.




-¡Vamos, esto hay que celebrarlo!

Y como el tonto que soy le hice caso y nos fuimos al bar mas sucio y barato que encontramos, yo fiel a mi palabra solo  me tomé dos cervezas, mi amigo, en cambio, ya he perdido la cuenta, quiero irme de aquí, pero este hombre no deja de hablar, tiene más problemas que un libro de matemática y yo que pensaba que habíamos venido para celebrar mi triunfo.

FIN.

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235 - Después del apocalipsis.




La cucarachita iba y venía de aquí para allá, con sus patitas en el aire, bailando de felicidad, la guerra nuclear había terminado, así que ahora podía andar de aquí para allá sin miedo a que nadie la fuera a pisar.

FIN.

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234 - La mancha.




Desde mi trono, observaba como mi querida sirvienta Anita limpiaba el piso de mi habitación,ya tenía más de veinte minutos enfocada en una sola loza de cerámica cuando le pregunte:

- Anita, querida,  ¿Por qué sigues enfrascada en una sola loza de cerámica cuando todavía te falta media habitación por limpiar?


- Es que esta loza, su majestad, tiene una mancha - respondió Anita con voz calmada pero con un leve tic en su ojo izquierdo y volviéndose para retomar su faena murmuró para sí misma - una mancha, una mancha...

Sin decir más, abandoné mis aposentos para ir a tomar el té y cuando regresé, ni la mancha ni Anita estaban en la habitación.

FIN.

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233 - MarieAnn.




MarieAnn era una niña muy inteligente, ella fue la primera de la clase que aprendió a leer y a escribir y siempre se denotaba que poseía una inteligencia superior a la de los demás niños de su edad.

Pero pronto, la inteligencia de MarieAnn pasó de convertirse de un don a una maldición, porque al darse cuenta que estaba rodeada de seres inferiores a ella, MarieAnn empezó a odiar a la humanidad y al mundo en el que vivía.

Así que MarieAnn empezó a trabajar en una forma de aniquilar a todos los humanos estúpidos que la rodeaban y destruir el mundo, pero al ser tan inteligente, MarieAnn, se dio cuenta de que tal matanza y destrucción no eran necesarias, porque la solución a su odio era todo lo contrario.

Y con un último "Los odio a todos" MarieAnn se despidió de este mundo.

FIN.

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232 - Pena de muerte.




Pasaba todo el día haciendo sonar su jarrita de peltre contra los barrotes que lo aprisionaban, cantando canciones tristes  que narraban su historia, poniendo en orden sus pensamientos y disfrutando de la soledad  de los pocos días que le quedaban.

FIN.

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231 - Buscando brassieres.



Muy cuidadosamente se acercó a la orilla y salió a tierra, aquellas dos conchas preciosas tenían que ser de ella, ya se imaginaba la envidia que sentirían sus hermanas al verla.

FIN.

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230 - La sombrilla.



Cuando brillaba el sol, se quejaba porque tenía calor y cuando llovía, se quejaba por que se mojaba.

FIN.

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229 - Lo que el río se llevó.



Por el medio del río, una ramita flotaba siendo arrastrada por la fuerte corriente de agua y todos los animales de la selva  se posaron a sus orillas para intentar agarrarla; pero nadie logró alcanzarla, porque nadie quería mojarse ni arriesgarse para tomarla.
¿Realmente querían la rama?
FIN.

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228 - Vocablos.



Comiéndome una sopa de letras aprendí nuevas palabras, tan complejas e interesantes que nunca me las hubiera imaginado, y ahora, cuando hablo, nadie me entiende, porque no conocen el idioma del buen hablado.

FIN.

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227 - Autodestrucción.




- ¡Tú no quieres a esos humanos que creaste! - culpó el Diablo a Dios durante la cena.
- ¿Por qué dices eso? ¿Acaso se te olvida qué quien los creo fui yo? y te recuerdo, que todo lo que yo creo es perfecto.
- Yo lo dudo, porque cuando los creaste, se te olvido algo.
- ¿Y se puede saber qué se supone que es eso que se me olvido? - Respondió Dios un tanto consternado porque alguien había descubierto una falla en su creación.
- Un botón de autodestrucción - respondió el Diablo.


Dios se quedó en silencio un rato, pensando en lo que había dicho su gran amigo, hasta que descubrió su trampa y luego de lanzar una carcajada le dijo:

- ¡Jajaja! ¿En verdad creíste que te iba a poner las cosas tan fácil? ¿Tú nunca cambiaras? ¿No? ¡Picarón!

El diablo no respondió y solo se limitó a encogerse de hombros y a esbozar una malévola sonrisa.

FIN.

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226 - El zorro y la madriguera.



Caminando por la pradera, el zorro, hambriento, divisó una madriguera y su estómago se alegró de que por fin comería algo; pero en vez de esperar pacientemente a que algún conejo saliera por ella para cazarlo, el zorro, atacó la madriguera, tratando de derrumbarla y así poder llegar directamente a su presa.

El zorro, concentrado en su labor, no se percató de su alrededor, donde todos los conejos que en aquella pradera vivían, se habían reunido para verlo trabajar, e incluso, uno de ellos, consternado por la situación se acercó y le dijo:

- ¿Qué haces zorro?
- Estoy tratando de derrumbar esta madriguera para comerme a los conejos que viven ahí dentro, muero de hambre.
-Pero...
-Cállate, conejo, no me distraigas y déjame trabajar.

Así, el zorro gastó todas sus energías tratando de derrumbar aquella madriguera vacía y murió de hambre.

FIN.

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