viernes, junio 17, 2011

168 - La siesta más larga.

A mitad de la tarde, se acostó a dormir a la misma hora de siempre, pero esta vez, no despertó a las dos horas como de costumbre, ni a las cuatro, ni a las seis, ni a las ocho, ni a las dieciséis horas después,  porque había muerto, y a pesar de todo, seguía soñando como si algún día fuera a despertar.

FIN.

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