840 - El super-villano.

Sir Helder Amos | lunes, mayo 11, 2015 |
Un milisegundo antes de caer de bruses contra el fango, descubrió que podía volar y que tenía superpoderes. Dando una pirueta en el aire, logró colocarse detrás de aquellos que lo estaban molestando, y los calcificó con su mirada laser.

Ahora que era invencible, el mundo entero iba a pagar por aquellos pocos que lo habían molestado y se habían burlado de él.

Fin. 

839 - El aroma de las flores.

Sir Helder Amos | viernes, mayo 08, 2015 |
Cuando el gran amor que sentía por su novio empezó a extinguirse, el dulce y delicioso aroma de las flores, que él regalaba cada vez que la veía, le empezó a oler a muerto y a cementerio.  

Fin. 

838 - Pasta de cocaína.

Sir Helder Amos | jueves, mayo 07, 2015 |
Cuando llegó a su casa y vió a su pequeño durmiendo sobre unas hojas de papel periódico, supo de inmediato que era el momento de arriesgarse, de dejar su moral y valores de un lado, y de hacer la llamada que debío de haber hecho hace mucho tiempo.

- ¿Aló? ¿Paco? Cambie de opinión, si estoy interesado en vender tu mercancia. 

Fin. 

837 - El secreto mejor guardado.

Sir Helder Amos | lunes, mayo 04, 2015 |
- ¿Y ese vestido? ¿Nuevo? 
- Si - respondió ella altivamente. 
- Te viene de maravilla, te ves tan elegante, fina y delicada. 
- Muchas gracias, me halagas - dijo ella con un tono pretencioso y una sonrisita en los labios;  sin ni siquiera inmutarse, un poco, al recordar que para obtener ese vestido, que era el último que quedaba en rebaja, tuvo que jalarse por los pelos y caerse a golpes con otra mujer. 

Fin. 

836 - Los dos Príncipes.

Sir Helder Amos | domingo, mayo 03, 2015 |
Había una vez un Príncipe, que se llamaba Ru, que, una noche, cuando echó de su recámara privada a un cuervo horrible, éste, que no era más que un malvado hechicero convertido en cuervo, le lanzó una maldición que hacía que el Príncipe Ru se convirtiera en mujer tan pronto se ocultara el sol.

Manteniendo su maldición en secreto, el Príncipe Ru, sólo salía de su recámara de día y regresaba a ella antes de que se ocultara el sol. 

Un día, después de varios años de haber sido maldito, el Príncipe Ru, cansado de pasar todas sus noches encerrado en su recámara, decidió ir, cómo Princesa, al gran baile de cumpleaños del Príncipe del reino vecino. 

El Príncipe del reino vecino, que se llamaba Eric,  se enamoró a primera vista de la Princesa Ru, tan pronto la vio entrar en sala de baile, e ignorando a todas las demás princesas y duquesas que habían asistido a su cumpleaños, el Príncipe Eric bailó todo la noche con la Princesa Ru, y antes de que saliera el sol y ésta se marchara, le regaló una pequeña cadena de oro como símbolo de su amor.

Al amanecer, cuando el Príncipe Ru llegó a su habitación, se lanzó a su cama a llorar, confundido, porqué a pesar de ser hombre, también se había enamorado del Príncipe Eric, y entre sollozos se quedó dormido apretando fuertemente en su mano derecha la cadena que le había regalado.

Un poco después del mediodía, el Príncipe Eric, llegó al castillo del Príncipe Ru preguntando por la Princesa; pero cuando el Rey, padre de Ru, le dijo que él no tenía ninguna hija, y que solo tenía un hijo, el Príncipe Eric se negó a creerle. 

El Rey, para demostrarle al Príncipe Eric que decía la verdad, mandó a llamar a su hijo, quien seguía dormido en su recámara privada. 

Pero cuando el Príncipe Ru se presentó ante ellos, medio dormido; a pesar de lo despeinado y lo hinchado que tenía los ojos de tanto llorar, el Príncipe Eric, que reconoció en él la cadena de oro que guindaba de su cuello y los ojos de la Princesa con la que había bailado la noche anterior, corrió hacía él y le dio un gran abrazo y un tierno beso en los labios. 

El Rey, a ver a su hijo besándose con otro hombre, ordenó, furioso, a los guardias reales, que los separaran, que encarcelaran al Príncipe Eric en las mazmorras de su castillo y que encerraran a su hijo en su recámara privada. 

De regreso en sus aposentos, el Príncipe Ru, se lanzó de nuevo sobre su cama a llorar, aún más confundido que antes, porque aparte de su amor prohibido, también lo confundía la reacción violenta de su padre. 

De pronto, entre sollozos, el Príncipe Ru, escuchó un toqueteó en su ventana, y cuando la abrió para ver qué pasaba, un cuervo horrible entró volando en su habitación, soltó sobre la cama una daga que llevaba en sus patas y salió volando tan rápido cómo había entrado. 

El Príncipe Ru, agradecido con el cuervo, por darle la solución a todo su sufrimiento y confusión, agarró la daga entre sus manos y la clavó sobre su corazón, muriendo instantáneamente. 

Mientras tanto, en las mazmorras del castillo, el Príncipe Eric también lloraba, pero no de confusión, porque a él no le importaba que Ru fuera hombre, si no de rabia y frustración al no poder estar con el amor de su vida porque el Rey no entendía que el amor no tenía límites. 

De pronto, entre los barrotes de la pequeña ventana que había en la mazmorra del Príncipe Eric, se coló en horrible cuervo, qué después de haber visto al Príncipe Ru quitarse la vida, le había sacado la daga de su corazón y llevándola entre sus patas, la dejó caer sobre el regazo del Príncipe Eric. 

El Príncipe Eric, al entender su significado, soltó un gran grito de dolor, y se lanzó al piso abrazando fuertemente la daga, que todavía tenía rastros de sangre de su amado, sobre su pecho.

El cuervo esperó a que el Príncipe Eric, se clavara, también, su daga en el corazón; pero al ver que éste no lo haría, se fue volando, graznando ruidosamente. 

A pesar de que el Príncipe Eric no le entregó su vida al cuervo, no pudo comer ni beber, el pan y agua que le daban en la mazmorra cada mañana, por el dolor y sufrimiento que sentía; y al cabo de una semana, murió con la esperanza de reencontrarse con su amor, el Príncipe Ru, en el más allá y ser felices en la eternidad. 

Fin. 

835 - Campanadas.

Sir Helder Amos | domingo, abril 26, 2015 |
Cuando atrapó, emocionada, el bouquet, en su cabeza empezaron a sonar campanas de boda; mientras que en la cabeza de su novio, al ver que ella había sido quien había atrapado el bouquet, empezarón a sonar campanas de alerta; ya era hora de terminar esa relación. 

Fin. 

834 - La Princesa con neumonía.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 22, 2015 |
Mientras que el doctor auscultaba a la Princesa con su estetoscopio, le preguntó: 

- Y digame, su majestad, ¿de qué color es la flema? 
- Eh... éste... - titubieó la Princesa por un momento mientras examinaba, rápidamente, con la mirada, toda la habitación en busca de ayuda - Esmeralda.
- ¿Cómo? - indago el doctor, confundido. 
- Verde esmeralda - respondió la Princesa ruborizándose un poco y bajando la mirada al suelo. 

Y al escuchar la respuesta, la reina, que estaba al otro lado de la habitación, sonrió levemente y se sintió muy orgullosa de su hija. 
 
Fin. 

833 - El profesor de meditación asalariado.

Sir Helder Amos | sábado, abril 18, 2015 |
Después de la clase de meditación, el profesor se encontró a sus dos mejores alumnos en la cafetería de la escuela, y al escuchar que estaban hablando sobre la meditación, se acercó a ellos y les preguntó: 

- ¿Qué piensan ustedes cuándo meditan?
- Yo me imagino que estoy bajo una cascada de agua cristalina, y allí me reúno con mi yo interior y hablamos de nuestra vida - dijo el primero.
- Yo, en cambio, me imagino que estoy en el claro de un bosque, rodeado de árboles y animales, y allí me cuestiono mi existencia - dijo el segundo.
- ¡Wow! - exclamó el profesor.
- ¿Y usted profesor? - preguntó el segundo - ¿Qué se imagina cuando medita?
- La verdad, no quieren saberlo - les dijo el profesor todo enrollado. 
- ¡Vamos, diganos! - lo presionó el primero - nosotros le dijimos lo que pensabamos. 
- Bueno, está bien, yo, cuando medito, imagino que tengo mucho, mucho dinero y que estoy en un gran centro comercial comprándome toda la ropa, zapatos y accesorios de las mejores marcas y diseñadores. 
- ¿En serio, profe? - preguntaron los dos alumnos al unisono. 
- Si - respondió el profesor, apenado.

Después de un silencio incomodo, los dos  alumnos se levantaron, se excusaron y se despidieron del profesor alegando que tenían que irse a hacer otra cosa; y desde ese día el profesor más nunca vio a sus dos mejores alumnos en sus clases. 

Fin. 

832 - El inolvidable.

Sir Helder Amos | jueves, abril 16, 2015 |
- ¿Por qué no te olvidas de él y ya?
- ¡Porque no puedo! 
- ¿Cómo qué no puedes? ¡Si puedes! ¡Si ni siquiera lo conoces! 
- No, no puedo, ya lo he intentado y no puedo, por ejemplo: hoy; hoy desperté decidido a olvidarlo. 
- Aja, ¿Y qué pasó? 
- Pues, se cortó el cabello, ¡¡¡Y se ve tan bello!!!

Fin.

831 - Asesinato en la 5ta avenida.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 15, 2015 |
Cuando iba caminando por la desolada 5ta avenida, a altas horas de la noche, y vio que dos hombres de mal aspecto venían en dirección a él, se llevó automaticamente las manos al pecho, como solía hacerlo cada vez que estaba en una situación peligrosa, para sentir, entre sus dedos, el crucifijo que siempre llevaba como un amuleto de protección; pero esa noche, descubrió, horrorizado, que lo había perdido.

Fin. 

830 - La pesadilla del proletariado.

Sir Helder Amos | domingo, abril 12, 2015 |
Cansado y acalorado, se sentó en una silla extensible en frente la piscina, cerró los ojos por un momento y se quedó dormido.

Cuando despertó, encontró a una hermosa chica en bikini a su lado, con una piña colada para él en su mano. 

Sin poder creer lo que pasaba, se pellizcó fuertemente el brazo; al sentir el dolor y ver que todo era real, que su sueño se había vuelto realidad, tomó la piña colada, le dio un sorbo y se quitó la camisa para broncearse; pero antes de que hubiera podido ponerse cómodo, de los altavoces de la piscina resonó la carcajada de su horrible jefe, quien no pudo aguantarse más la risa,  y le anunció, que estaba despedido por quedarse dormido mientras debía de estar limpiando la piscina.  

Fin. 

829 - El regalo del hada madrina.

Sir Helder Amos | lunes, abril 06, 2015 |
Había una vez un hada madrina que le encataba hacer regalos a las princesas, para que fueran más lindas y felices. 

Un día, los rumores de que en un reino lejano vivía una princesa tan fea qué nadie, ni el más pobre de sus plebeyos, quería casarse con ella, llegaron a los oídos del hada madrina, y ésta, preocupada por el destino de la pobre  princesa, emprendió su viaje para darle el regalo de la belleza. 

Cuando el hada madrina llegó al castillo y entró volando por la ventana en la habitación de la princesa, ahogó un grito de terror y se llevó las manos a la boca al ver que la princesa era realmente fea; pero después de un par de minutos, el hada madrina recordó su misión y despertó a la princesa.

- Querida hija, despierta, toma - le dijo, dándole un pequeño espejo de plata que había llevado consigo.

La princesa, soñolienta, se alegró mucho al ver al hada madrina, y agarró el espejo con manos temblorosas sin atreverse a mirarse en él.

- Mirate en el espejo, hija mía - empezó a decir el hada.

- No quiero, yo soy muy fea.

- Mirate en el espejo, hija mía - repitió - para que pueda darte el regalo de la belleza. 

La princesa levantó lentamente el espejo y vio su horrible reflejo en él.

- Espejo mágico que ve más que el exterior, refleja el interior, y haz que el rostro de esta desgraciada princesa refleje la belleza de su alma - dijo el hada madrina haciendo garabatos en el aire con su varita y tocando la cabeza de la princesa al terminar. 

Pero, tan pronto terminó de decir el hechizo, el rostro de la princesa se empezó a deformar aún más de lo deforme que ya era, y le empezaron a salir pustulas llenas de pus y verrugas peludas por todo su rostro, porque la princesa, a pesar de ser fea, era muy pretenciosa, odiosa, déspota y malvada.

La princesa, al ver su rostro deformarse frente al espejo, pegó un grito, horrorizada, que despertó a todos en el castillo, haciendo que los guardias, que siempre cuidaban sus aposentos, entraran rapidamente en su habitación y capturaran al hada madrina sin dejarla decir ni una sola palabra. 

Al día siguiente, cuando la princesa le contó a su padre, el Rey, la maldición que le había echado el hada madrina, éste ordenó que le cortaran las alas, qué rompieran su varita y que la encarcelaran en una de sus mazmorras por toda la eternidad. 

Fin 


828 - La trágica muerte de la bailarina solitaria.

Sir Helder Amos | jueves, abril 02, 2015 |
Había una vez una bailarina de ballet que desde pequeña había soñado con bailar un pas de deux junto al gran amor de su vida; pero a medida que pasaron los años, y su amor no aparecía, ella comenzó a practicar y a bailar el pas de deux sola, para estar preparada cuando su amor llegara. 

El tiempo pasó y la bailarina se hizo mucho daño practicando el pas de deux, porque no tenía quien la recibiera en sus brazos cada vez que daba un salto, ni quien la ayudara a mantener el equilibro al girar sobre la punta de sus dedos; pero a pesar de todo, ella siguió practicando y haciendo lo imposible, logró bailar un pas de deux ella sola. 

Finalmente, cuando el amor de su vida llegó, la bailarina, quien se había acostumbrado a bailar sola, no supo como bailar el pas de deux con alguien a su lado. 

Fin.