Podía sentirlo venir a medida que mi corazón empezaba a palpitar más rapidamente de lo acostumbrado y en la forma como toda mi energía abandonaba mi cuerpo mientras mis ojos se llenaban de lagrimas preparandose para su llegada.
Y sin poder hacer nada, lo recibía con los brazos abiertos, porque siempre que intentaba esconderme o escaparme, me encontraba y enfandado hacía su visita más prolongada.
Fin.
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