lunes, agosto 12, 2013

696 - El hombre de las mil espadas.

Soltó, con asco, la espada  con la cual le había atravesado el pecho a su enemigo: y dejando al hombre, moribundo, tirado en el piso, se dio la vuelta para regresar a su carruaje.

- ¡Señor, su espada! - Le dijo su segundo.
- Esa espada ya no sirve - dijo con tono altivo - porque está llena de sangre de ese mongrel; mañana compraré una nueva.

Fin.

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