lunes, febrero 10, 2020

1365 - La Mejor Terapeuta.

Cuando llegó a casa, después de su primer día de trabajo, volvió a sonreír al ver a su esposo parado en medio de la sala con una botella y copa de vino en una mano, y un paquete de sus cigarrillos favoritos en la otra.

- ¡Sorpresa! - le dijo, señalando con sus manos llenas el título que  había guindado en la pared-. Lo enmarqué; para que puedas verlo a diario y recordar que todo tu esfuerzo valió la pena. ¿Cómo estuvo tu primer día?
- ¡Terrible! -se quejó la mujer, arrebatándole el paquete de cigarrillos y encendiendo uno-. Hoy tuve cinco clientes, una más loca que la otra.
- ¿Mujeres, todas? -le preguntó su esposo, sonriendo, mientras le servía una copiosa copa de vino.
- ¡Gracias! Sí, mujeres todas. La primera, fue una mujer histérica: gritaba, reía estruendosamente y de pronto se quedaba callada, pero repentinamente comenzaba a gritar de nuevo, fue una locura y lo peor es que era tan escandalosa que no entendía ni una palabra de lo que me decía.
- ¿Y las demás? -le preguntó su esposo, viéndola con una gran sonrisa en su rostro-. Me dijiste que una fue más loca que la otra.
- Sí, -afirmó, tras aspirar su cigarrillo y tomar un poco de vino-. La segunda fue una mujer depresiva, suicida, se quería matar porque la dejó el esposo. Durante el tiempo que la atendí, sentía que me robaba mi felicidad.
- ¿Pero estás bien?
- Sí, sí, ya lo estoy. La tercera cliente me hizo olvidar todo el sufrimiento de la anterior, -continuó la mujer, fumando y bebiendo mientras relataba su día-. Fue una mujer obsesiva compulsiva, interrumpía la sesión cada 5 minutos para aplicarse antibacterial en las manos, porque le daban miedo los gérmenes.
- ¡Ja, ja! Un poco parecida a ti, ¿no?
- A mi me gusta la limpieza, pero no al extremo... Pero bueno, la cuarta fue una esquizofrénica, desde que esa mujer llegó, empezó a hablar de hadas, energía y las cosas que ella veía y que nadie más podía ver.
- Bueno, una mujer sensitiva...
- Sensitiva no, una loca, una bruja -sentenció la mujer, aspirando su cigarrillo.
- ¡Ja, ja, ja! ¿Y la última? ¿Tu quinta cliente?
- ¡Oh! Mi última cliente me dio mucha pena, una mujer con muchos problemas de autoestima a pesar de ser ridículamente hermosa, casi ni hablaba, solo balbuceaba murmullos y se escondía detrás de su brillante, lacio y largo cabello negro.
- Ah, pero esa no estuvo tan mal, ¿o sí?
- Me sentí apenada por ella, la verdad -confesó la mujer, mirando fijamente el título que su marido había colgado en la pared.
- ¿Todo bien? -le preguntó el hombre, al verla ensimismada.
- Oh, sí, disculpa querido, solo pensaba... ... ...  si hubiera sabido que esto iba a ser así, hubiera estudiado psicología en vez de estética y manicura. Esas mujeres se desahogan conmigo como si yo fuera su terapeuta.
- ¡Ahhh! -exclamó su esposo-. Pero te apuesto que si hiciste tu trabajo bien eres mejor que cualquier psicólogo en el mundo, porque te aseguro que cuando esas mujeres salieron del spa, lo hicieron sintiéndose más bellas, seguras y confiadas en sí mismas que tras visitar a cualquier psicóloco que usualmente solo las dejaría confundidas y llenas de dudas e interrogantes sin contestar, y eso, mi amada manicurista, te convierte en la mejor terapeuta.

Fin.

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