lunes, agosto 14, 2017

1130 - La Isla de Manzanos.

Sir Helder Amos | lunes, agosto 14, 2017 |
Sobre la cima de la colina central de una pequeña isla desierta del océano atlántico, había un gran árbol cargado con decenas de suculentas y provocativas manzanas rojas que relucían ante los imponentes rayos del sol y que marcaba la diferencia al ser el único manzano sobre la isla.

Un día, durante una fresca tarde de verano, una fuerte brisa tumbó una de las apetitosas manzanas del árbol y la fruta rodó sobre el verde pasto, hasta que se detuvo al borde de un pequeño riachuelo que corría incansablemente colina abajo.

Minutos más tarde, una gran tortuga que había divisado la apetitosa fruta intentó morderla con sus lentos movimientos, pero solo logró empujarla dentro del río.

La manzana floto sobre las agitadas aguas durante un largo rato hasta que se estrelló a toda velocidad contra una roca que sobresalía del río y salió volando hacía la orilla, donde aterrizó y rodó hasta adentrarse entre los otros árboles de la pequeña isla.

Cuando finalmente se detuvo, un par de pajarillos hambrientos se dirigieron a ella y empezaron a picotearla ruidosamente, lo que llamó la atención de un gato salvaje que por allí pasaba y que intentó cazarlos dando grandes zarpazos.

Como se podrán imaginar, la magullada manzana recibió uno de estos zarpazos del felino y salió rodando de nuevo entre los árboles, sin detenerse hasta que se tropezó con una serpiente dormida que, al despertarse enfurecida, la golpeó tan fuerte con su cuerpo que la mandó a rodar de nuevo.

La manzana siguió rodando hasta que cayó por un pequeño precipicio y aterrizó entre una enredadera llena de espinas que no dejaron que ningún animal se acercase a ella. Allí, la fruta pasó días hasta que se pudrió y se llenó de gusanos, los cuales la devoraron sin dejar más que sus semillas.

Las semillas, gracias a los calurosos días de verano, pronto se secaron y permanecieron inertes por meses hasta que la temporada de lluvia llegó y, debido a las terribles tormentas que azotaron la isla, quedaron sepultadas bajo el lodo y la tierra mojada.

Sin embargo, un día, después de todo lo que había pasado, las semillas de la manzana germinaron y un pequeño tallo brotó entre la enredadera de espinas, que con el pasar de los años, a pesar de todas las adversidades, creció y creció hasta convertirse en el segundo gran manzano de la isla.

De tal forma, con el pasar del tiempo y el repetir de esta historia, de uno en uno, cientos de manzanos crecieron sobre toda la isla hasta convertirla en lo que es hoy en día.

Fin.

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viernes, agosto 11, 2017

1129 - Las Galletas Saladas.

Sir Helder Amos | viernes, agosto 11, 2017 |
Cuando regresó al campamento, después de largas horas en el campo de batalla, tomó unas galletas y, desesperadamente, se las llevó a la boca. Notando mientras las masticaba que, ahora que estaba solo, su agradable sabor había cambiado desde esa mañana que las había compartido con sus excompañeros de pelotón.

Fin.

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domingo, agosto 06, 2017

1128 - El Gen Recesivo.

Sir Helder Amos | domingo, agosto 06, 2017 |
A pesar de que amaba a su esposa y llevaban varios años de casados, no había querido tener hijos por miedo a que heredaran los genes de sus antepasados; pero su mujer, desesperada por ser madre, lo convenció y, sorpresivamente, quedó embarazada en cuestión de días.

Nueve meses más tarde, mientras filmaba con emoción el nacimiento de su primogénito, sintió que una horrible bestia despertaba en su interior al ver que el color de la piel del bebé que salía de su mujer era tan negra como la noche, aunque tanto la suya como la de su esposa era tan blanca como la nieve.

Perdiendo los estribos, dejó que la bestia en su interior tomará el control y, soltando la cámara, golpeó bruscamente al médico para arrebatarle el bisturí y utilizarlo para apuñalar salvajemente al bebé, a su esposa, a las enfermeras que intentaron detenerlo y, por último, al mismo médico que yacía inconsciente en el suelo.

Sin embargo, al notar que era la única persona viviente en la sala parto, recobró sus sentidos y, llevándose sus ensangrentadas manos a la cara, comenzó a llorar desconsoladamente porque su más grande temor se había vuelto realidad, el gen asesino que residía en su familia lo había dominado.

Fin.

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