sábado, septiembre 24, 2016

1027 - Síndrome de Estocolmo.

- ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué yo? ¡Déjame ir! ¡Por favor! -le supliqué a mi captor con lágrimas en los ojos, luego de que finalmente me hubiera sacado aquel trapo sucio y maloliente de la boca.

- ¿Por qué tú? ¿En verdad quieres saberlo? -me preguntó, con una chispa en sus grandes y oscuros ojos.

- ¡Sí! ¡No tengo dinero, ni soy famosa, ni nada, soy una cualquiera! ¿Por qué me haces esto? ¡Por favor! ¡Déjame ir!

- ¡Shhh! ¡Cállate! ¡O te vuelvo a amordazar! A ver... ¿Por qué tú?.. En verdad no puedo creer qué me preguntes eso, si tú sabes muy bien porque lo hago... ¡Shhh!.. Sí, no me mires con esos dulces ojos, porque tú sabes que te he escogido porque eres perfecta. Sí, PER-FEC-TA, en todos los sentidos, eres bella, inteligente, interesante, culta, siempre eres la primera en todo y nadie puede igualarte. Y si tenía que escoger a alguien, ¿por qué no escoger a la mejor de todas? ¿Por qué no escogerte a tí que resaltas entre las demás?

- ¡Porque yo no soy nada de eso! ¡Yo solo soy una más, cómo las demás!

- ¡Shhh! No, no, no, no digas eso -me dijo, colocando su largo y huesudo dedo índice sobre mis labios-. Tú eres bella, perfecta, la mejor de todas y nadie puede decir lo contrario.

- ¿En serio lo crees..? -le pregunté, titubeando.

-¿Qué cosa?

- Que soy bella... perfecta... -balbuceé, incapaz de creer que alguien tuviera una percepción tan buena de mí.

- ¡Claro que sí! ¡Si para mí eres como una Diosa!

Fin.

Comparte este Post:

No hay comentarios:

Publicar un comentario