viernes, diciembre 25, 2015

930 - El regalo de navidad. (Navidad)

La mañana de navidad, se despertó por culpa de un pestilente hedor proveniente de la sala de estar, y cuando salió de su habitación, para ver qué lo causaba, se encontró que debajo de su árbol de navidad había un gran paquete envuelto en papel de regalo con decenas de moscas volando a su alrededor.

Asqueada y aterrada, se acercó al paquete, rompió el papel y se encontró, horrorizada, el cadáver del hombre más bello que hubiera visto en su vida.

Soltando un grito y llevándose las manos a la boca, se alejó del paquete y, tras pasar un par de minutos en shock, se percató de la carta que estaba encima del cadáver. 

Tomándola con manos temblorosas, rasgó el sobre y leyó espantada:

Querida Claudia,
Cómo este año te portaste muy bien y nunca dejaste de creer en mí, a pesar de que eres adulta, te traje el novio "bello"que tanto me pediste.
Abrazos.
Santa Claus.

PD: Disculpa si está un poco frío, pero lo compré en la rebaja de corazones rotos del 15 de febrero y lo guarde en el Polo Norte desde entonces.

Fin.

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6 comentarios:

  1. me parece una... CONTINUARA

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  2. HOLA SOY VEGETTA77777777

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  3. …un telescopio
    Tal vez la inocencia sea lo que más fácilmente se abre paso a través del fárrago de este mundo.
    Franz Kafka
    Once hijos


    Mientras le lanzaba piedras y palos al mango que estaba en el centro del oscuro solar, en medio de la noche fría y llena de punticos de luz como los del techo de su cuarto, se quedó contemplando las estrellas, y decidió qué le pediría al Niño Jesús ese año.
    Llegó el 24. Y como todos los años, se dijo y se prometió, firmemente, que este año sí lo esperaría despierto para descubrir quién era realmente el Niño Jesús. Sin embargo, siempre se quedaba dormido en la salita y amanecía en su cuarto. E inmediatamente, se asomaba debajo de la cama y encontraba lo que le había pedido, que, invariablemente, era un carrito de madera con las ruedas de chapas.
    Pero este diciembre, la pequeña radio que un día su papá le había traído a su mamá, único objeto de lujo en el miserable rancho, lo distrajo y le hizo cumplir su promesa.
    La madre, que se había quedado dormida, rendida por el cansancio, se despertó sobresaltada por el llanto de su hijo. Se incorporó, se dirigió hasta el rincón donde estaba el niño chorreando lágrimas que se confundían con el jugo amarillo del mango, y le preguntó: “¿Qué te pasa? ¿Por qué lloras?” Y el muchacho, que con una mano se estrujaba un ojo, le señaló con la otra, donde tenía una fruta a medio comer, la radio. Y le dijo, llorando: “¡Que mataron al Niño Jesús!” En el momento en que el rostro de la mujer se iluminó, como la superficie de un pozo cuando la toca cualquier partícula, con una sonrisa que desapareció apenas esbozada, como las ondas del pozo al llegar a la orilla, el locutor dijo: “¡La hora en su emisora feliz: la una y treinta de la madrigada! Repetimos la información anterior: ¡Hace pocos momentos fue muerto a balazos un hombre en el interior de una tienda! El desconocido no portaba documentación alguna. Solamente se encontró, en uno de sus bolsillos, una carta donde se le pide al Niño Jesús un telescopio… ¡La hora en su emisora feliz: la una y…!”
    Del pecho de la mujer brotó un quejido corto y frágil, como si fuera el último que le quedara dentro, y cayó. Produciendo ese ruido opaco y odioso, como el de las frutas maduras al estrellarse contra la tierra húmeda del solar.

    Autor: Pedro Querales. Del libro “Fábulas urbanas”

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