miércoles, abril 22, 2015

834 - La Princesa con neumonía.

Sir Helder Amos | miércoles, abril 22, 2015 |
Mientras que el doctor auscultaba a la Princesa con su estetoscopio, le preguntó: 

- Y digame, su majestad, ¿de qué color es la flema? 
- Eh... éste... - titubieó la Princesa por un momento mientras examinaba, rápidamente, con la mirada, toda la habitación en busca de ayuda - Esmeralda.
- ¿Cómo? - indago el doctor, confundido. 
- Verde esmeralda - respondió la Princesa ruborizándose un poco y bajando la mirada al suelo. 

Y al escuchar la respuesta, la reina, que estaba al otro lado de la habitación, sonrió levemente y se sintió muy orgullosa de su hija. 
 
Fin. 

domingo, abril 12, 2015

830 - La pesadilla del proletariado.

Sir Helder Amos | domingo, abril 12, 2015 |
Cansado y acalorado, se sentó en una silla extensible en frente la piscina, cerró los ojos por un momento y se quedó dormido.

Cuando despertó, encontró a una hermosa chica en bikini a su lado, con una piña colada para él en su mano. 

Sin poder creer lo que pasaba, se pellizcó fuertemente el brazo; al sentir el dolor y ver que todo era real, que su sueño se había vuelto realidad, tomó la piña colada, le dio un sorbo y se quitó la camisa para broncearse; pero antes de que hubiera podido ponerse cómodo, de los altavoces de la piscina resonó la carcajada de su horrible jefe, quien no pudo aguantarse más la risa,  y le anunció, que estaba despedido por quedarse dormido mientras debía de estar limpiando la piscina.  

Fin. 

lunes, abril 06, 2015

829 - El regalo del hada madrina.

Sir Helder Amos | lunes, abril 06, 2015 |
Había una vez un hada madrina que le encataba hacer regalos a las princesas, para que fueran más lindas y felices. 

Un día, los rumores de que en un reino lejano vivía una princesa tan fea qué nadie, ni el más pobre de sus plebeyos, quería casarse con ella, llegaron a los oídos del hada madrina, y ésta, preocupada por el destino de la pobre  princesa, emprendió su viaje para darle el regalo de la belleza. 

Cuando el hada madrina llegó al castillo y entró volando por la ventana en la habitación de la princesa, ahogó un grito de terror y se llevó las manos a la boca al ver que la princesa era realmente fea; pero después de un par de minutos, el hada madrina recordó su misión y despertó a la princesa.

- Querida hija, despierta, toma - le dijo, dándole un pequeño espejo de plata que había llevado consigo.

La princesa, soñolienta, se alegró mucho al ver al hada madrina, y agarró el espejo con manos temblorosas sin atreverse a mirarse en él.

- Mirate en el espejo, hija mía - empezó a decir el hada.

- No quiero, yo soy muy fea.

- Mirate en el espejo, hija mía - repitió - para que pueda darte el regalo de la belleza. 

La princesa levantó lentamente el espejo y vio su horrible reflejo en él.

- Espejo mágico que ve más que el exterior, refleja el interior, y haz que el rostro de esta desgraciada princesa refleje la belleza de su alma - dijo el hada madrina haciendo garabatos en el aire con su varita y tocando la cabeza de la princesa al terminar. 

Pero, tan pronto terminó de decir el hechizo, el rostro de la princesa se empezó a deformar aún más de lo deforme que ya era, y le empezaron a salir pustulas llenas de pus y verrugas peludas por todo su rostro, porque la princesa, a pesar de ser fea, era muy pretenciosa, odiosa, déspota y malvada.

La princesa, al ver su rostro deformarse frente al espejo, pegó un grito, horrorizada, que despertó a todos en el castillo, haciendo que los guardias, que siempre cuidaban sus aposentos, entraran rapidamente en su habitación y capturaran al hada madrina sin dejarla decir ni una sola palabra. 

Al día siguiente, cuando la princesa le contó a su padre, el Rey, la maldición que le había echado el hada madrina, éste ordenó que le cortaran las alas, qué rompieran su varita y que la encarcelaran en una de sus mazmorras por toda la eternidad. 

Fin